NEUROCIENCIA

Por qué los daltónicos severos prefieren el amarillo

Las personas con un tipo de daltonismo muy común (el dicromatismo rojoverde) se inclinan por el color amarillo en la paleta de colores, frente al azul que eligen aquellas sin alteraciones en la visión del color. Un estudio de la Universidad Complutense de Madrid indica que la capacidad de nombrar un color influye en la preferencia.

Visión tricromática (izquierda) y visión dicromática (derecha)
Visión tricromática (izquierda) y visión dicromática (derecha) Julio Lillo

Aproximadamente el 2% de los varones padece dicromatismo rojo-verde, un trastorno en el que uno de los tres tipos de conos de la retina pierde su función por causas genéticas, lo que altera la percepción cromática. Es uno de los tipos de daltonismo más severo y, al igual que los leves, afecta en muy raras ocasiones a las mujeres. “Aunque se han estudiado diversos aspectos del daltonismo, como sus raíces genéticas, este es el primer trabajo que investiga la preferencia del color en dicrómatas rojo-verde”, afirma Leticia Álvaro, investigadora de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

Los daltónicos severos prefieren el amarillo y la mayoría de la población el azul 

En un artículo publicado en la revista PNAS, la autora, junto a otros científicos de la UCM y de la Universidad de Sussex (Reino Unido), ha descubierto que estas personas –en las que el mecanismo rojo-verde de la visión del color se encuentra más afectado– prefieren matices amarillos, al contrario que aquellas sin alteraciones en la visión del color, que se decantan por los azulados.

“Nuestra investigación muestra que las preferencias cromáticas de este tipo de daltonismo son distintas a las de los observadores comunes”, explica Álvaro. Ambas predilecciones, aunque sean diferentes, tienen su origen en un mismo mecanismo visual (el azul-amarillo), algo que se había estudiado en personas sin el trastorno pero que, hasta ahora, se desconocía en daltónicos dicrómatas.

El estudio también revela que la facilidad a la hora de denominar un color influye en su preferencia, aunque solo en varones. En la investigación participaron 32 hombres y mujeres sin alteraciones en la visión del color y 32 varones dicrómatas rojo-verde, a los que les mostraron diferentes estímulos cromáticos. Los colores, de un abanico de 35 tonalidades, aparecían de manera individual en una pantalla de ordenador y los participantes tenían que, por un lado, denominarlos en voz alta y, por otro, evaluar la preferencia por cada uno de ellos. "Hemos probado las teorías actuales sobre las preferencias del color y aportado nuevas pruebas sobre la relación entre la facilidad para nombrar un color y cuánto te gusta", escriben los autores. En las pruebas había una clara relación entre ambos factores excepto en el grupo de mujeres, algo que tendrá que ser investigado con más detalle en el futuro.

Dificultades en el día a día

El daltonismo afecta de forma muy diferente en el día a día de las personas que lo sufren, según sea su grado. “Para algunos daltónicos leves, su déficit en la visión del color afecta tan poco a su vida diaria que incluso desconocen padecerlo”, destaca la científica.

Las dificultades se hacen patentes sobre todo en el ámbito educativo.

En los casos más severos, las dificultades se hacen patentes sobre todo en el ámbito educativo, por lo que los expertos recomiendan mayor información hacia los menores daltónicos y hacia los profesores, para que sepan adaptar sus clases. Las restricciones legales a la hora de desempeñar algunas profesiones son otro escollo al que se enfrenta este colectivo. “En España no pueden pilotar aviones pero en Australia sí, y no se ha producido ningún problema de seguridad. Habría que evaluar si los colores de los dispositivos utilizados en nuestro país requieren alguna adaptación, pero si en otros países los han adaptado, aquí también es posible”, asegura Álvaro.

Referencia bibliográfica: Leticia Álvaro, Humberto Moreira, Julio Lillo, and Anna Franklinb. “Color preference in red–green dichromats”, Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), julio 2015. DOI: 10.1073/pnas.1502104112. | Fuente: UCM


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