AGRICULTURA

La mujer que quiere devolver la hierba a África

La investigadora africana Segenet Kelemu tiene un sueño: reintroducir en África la hierba Brachiaria y conseguir las mismas mejoras que ya se ha registrado en Sudamérica usándolo como forraje para el ganado. Sus trabajos para hacer esta hierba resistente a enfermedades y plagas le han valido la distinción como laureada de los premios L’Oreal-UNESCO 2014 a las mujeres más destacadas en la ciencia. 

Segenet Kelemu trabajando en su laboratorio en Kenia
Segenet Kelemu trabajando en su laboratorio en Kenia Julian Dufort

Segenet Kelemu nació en una pequeña aldea de Etiopía donde las mujeres deben encargarse de los trabajos del campo. Cuando tenía 15 años, una plaga de langostas arrasó las cosechas de su aldea y eso le dejó marcada de por vida. Gracias a las ayudas públicas y a su brillante carrera, Segenet viajó a EEUU, estudió en la Universidad de Cornell y dedicó su vida a las plantas. Su investigación le llevó a descubrir la relación simbiótica de un hongo con la hierba Brachiaria y a mejorar las variedades para el forraje del ganado: pastos más resistentes y más productivos. Tras varios años trabajando  en Brasil y Colombia, en 2007 decidió regresar a África y trabajar para la reintroducción de esta hierba en el continente del que esta especie salió hace muchos años. Su sueño es conseguir que los agricultores africanos tengan hierbas más productivas que resistan las sequías. Charlamos con ella en París, unas horas antes de que reciba el premio L’Oreal-Unesco “Women in Science”, como una de las mujeres científicas del año.

¿Cómo resumiría su sueño?

Estoy tratando de mejorar las variedades de hierba, de modo que produzcan más alimento para los animales y que estos den más leche y carne. Mi idea es crear una planta muy saludable que no se vea afectada por enfermedades o plagas y pueda crecer todo el año, producir mucho más para que los campesinos puedan alimentar a sus familia y tener un medioambiente saludable.

¿Cómo empezó su relación con la ciencia?

Crecí en una pequeña aldea de Etiopía, donde la agricultura era muy importante y yo estaba muy familiarizada con ella. Muchos de estos trabajos estaban reservados para mujeres y niños, tenemos que recoger las cosechas, llevarlas al mercado... Yo estudiaba y mis padres querían que fuera médica pero me daba miedo la sangre, así que no me podía dedicar a eso.

¿Hubo algún momento que le marcara?

La experiencia más impactante para mí sucedió cuando tenía entre 14 y 15 años. Llegó una plaga de langostas a la aldea y destruyó completamente las cosechas. Eso realmente me impactó, pensé '¡oh dios mío, esto es increíble!'. Aquello fue un ejemplo de lo que pueden hacer las plagas a las cosechas, así que empecé a estudiar sobre la ciencia de la agricultura.

“Mi padre me dijo: No necesitas un título universitario para ser agricultora”

¿Y tuvo dificultades para dedicarse a eso?

Mi padre no estaba muy contento y me dijo "Pero, ¿qué pasa contigo? No necesitas un título universitario para ser agricultora, ¿para qué quieres estudiar eso?" (Risas). Luego estudié las plantas y me fui a EEUU a hacer el doctorado y decidí estudiar sus  enfermedades, porque las plantas se ponen enfermas, como nosotros.

¿Ya estaba interesada ya en la hierba Brachiaria?

Por entonces no conocía esa hierba en particular, la conocí cuando me fui a Colombia y era parte de mi responsabilidad trabajar en ese tipo de hierba que se utiliza como forraje. La hierba procede de África y la trajeron hace muchas generaciones. En Latinoamérica hay ahora millones de hectáreas de esta planta, sobre todo en Brasil y Colombia, donde se cultiva porque es un alimento de muy alta calidad para los animales. Y no solo eso: tiene un sistema de raíces muy extensivo que enriquece el suelo, previene la erosión, puede crecer en zonas húmedas o secas, y ahora sabemos que también tiene la habilidad de reducir la emisión de gases de efecto invernadero. Tiene un montón de ventajas.

¿Cuál fue su descubrimiento?

El descubrimiento que hicimos es que algunos hongos viven de forma simbiótica con esta hierba y la ayudan a resistir enfermedades, plagas.... y eso es parte del secreto por el que esta planta puede vivir en una variedad tan grande de zonas ecológicas. Eso es un hallazgo fantástico para nosotros, conocer por qué esta planta es tan diferente de las otras. Puedes modificar las bacterias y hongos que viven con la planta, puedes conseguir que hagan cosas diferentes y también se puede introducir en otros cultivos, como el arroz. No lo hemos hecho aún, pero sería posible. O buscar organismos similares.

¿Pero se trata de una técnica de modificación de genes? Porque el tema de los transgénicos despierta muchos recelos...

No, no estamos modificando genes, estamos haciendo que la naturaleza haga el trabajo. No hay nada a lo que oponerse, porque estos microbios están asociados permanentemente con esta hierba, podemos quitarlos, multiplicarlos, reintroducirlos, pero son parte del sistema de la planta. Lo que hemos hecho con el hongo es transformarlo genéticamente solo para observar dónde reside en la planta, qué hace exactamente y cómo se transmite. Pero no para nada más, solo para conocer esta información que necesitamos.

¿Cuál es el papel de esta hierba a nivel global?

Es una hierba que  tiene un gran impacto en la producción de leche y carne en el mundo

Es un cultivo que se utiliza en grandes extensiones del mundo. Hay unos 65 millones de hectáreas de cultivo en Brasil para forraje de animales. También el sur de EEUU, en China y otras partes de Asia, en Kenia, en Uganda... Es una hierba que  tiene un gran impacto en la producción de leche y carne. Esto es importante porque el aumento de la población en Asia y Sudamérica hace que aumente la demanda de estos alimentos. Hay algunas compañías privadas que producen las semillas de esta hierba, en Brasil, por ejemplo, hay muchas porque crece la demanda. Pero es un modelo innovador en el que enseñan a los agricultores y luego recompran toda la producción en un mercado garantizado. Producir semillas es muy difícil y complicado y la cantidad producida es muy pequeña, pero no se obliga a recomprar las semillas. Es una tecnología muy neutral para los agricultores y un sistema muy práctico.

Y usted decidió llevarla de vuelta a casa...

Sí, después de ver cómo esta hierba transformaba la producción en Latinoamérica me puse a pensar en cómo llevar todas estas mejoras de vuelta a África. Y regresé después de 25 años. Hace dos años obtuve la ayuda de seis millones de euros de la Swedish International Development Cooperation Agency para traer estas hierbas de alta calidad de vuelta. Seleccionamos alrededor de 12 hierbas mejoradas y las cultivamos. Ahora hay cultivos en Kenia, Uganda y Ruanda con la ayuda también del Centro Internacional de Agricultura Tropical y un centro privado de Nueva Zelanda, las autoridades de Kenia... En Etiopía el gobierno quiere ahora esta hierba también y lo incluiremos en el programa los próximos meses.

¿Qué impacto puede tener en África?

Si conseguimos que se extienda su uso yo sería muy feliz, porque el problema de la alimentación es un problema muy grande, las sequías son muy grandes en África y el primer problema es el ganado. El ganado tiene una importancia extraordinaria en África, por su valor social para nómadas, especialmente en Etiopía. El problema es que la productividad es muy baja por el forraje que comen, es realmente difícil encontrar alimento para los animales y esta hierba traería la solución. Más hierba, más calidad, más productividad, más leche... Además, esto me da la oportunidad de devolver a la sociedad lo que me dio.

Si viviera, ¿qué le diría su padre sobre aquel título?

¡Jajaja! Estoy segura de que mi padre estaría muy orgulloso. Me diría: ¡al final no está mal ese título universitario tuyo para ser agricultora!

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