BIOLOGÍA

Vigilantes de cachalotes en el Estrecho

Cada año, entre abril y julio, el Estrecho de Gibraltar se convierte en un punto de encuentro de decenas de cachalotes. En mitad del intenso tráfico marítimo muchos de ellos son golpeados por los grandes cargueros con consecuencias fatales. Los voluntarios de CIRCE llevan más de 15 años saliendo al mar y documentando la actividad de estos y otros cetáceos para mejorar su protección. Next les acompaña en una de sus expediciones. 

La primera vez que Philippe Verborgh vio un cachalote en aguas del Estrecho de Gibraltar la experiencia le dejó marcado de por vida. "Fue en septiembre de 2002", recuerda, "y el animal murió atropellado por un ferry. Nos dirigíamos hacia él y pasó el barco. No vimos la colisión, pero un instante antes el cachalote estaba perfectamente y cuando llegamos a su lado vimos que el soplo era un soplo de sangre, tenía un corte en la cola y una costilla rota. No había duda de que el ferry le había pasado por encima y le provocó la muerte. Agonizó durante 25 minutos". Doce años después, Phillipe está de pie sobre la cubierta del Elsa, mientras sostiene una cámara de fotos y sus ojos escudriñan el océano. El soplo de estos cetáceos, nos cuenta, se distingue porque sale en un ángulo de 45 grados, debido a la posición de su espiráculo en la parte delantera izquierda, justo sobre el morro del animal. Después de tantas salidas en busca de cetáceos, confiesa, ni siquiera tiene que buscar, le basta con mirar al mar el tiempo suficiente.

- ¡Cachalote!

A la señal de Phillipe, la embarcación pone marcha a toda máquina hacia el punto que señala en el horizonte, una nubecilla de vapor a más de un kilómetro de distancia. La operación tiene que ser rápida porque estos grandes animales permanecen entre diez y doce minutos en la superficie, tomando aire y descansando antes de volver a hacer una inmersión para cazar calamares a entre 800 y 1.000 metros de profundidad. Una vez sumergido, este animal que ahora parece un insulso trozo de carne flotando y resoplando, perseguirá a sus presas durante 40 minutos como uno de los más ágiles depredadores del océano. "¿Ves esa mancha marrón en el agua?", indica Phillipe. "Es caca de cachalote. Eso nos indica que se está alimentando en esta zona".

Los cachalotes descansan durante 10 minutos y luego se sumergen a 1.000 metros para cazar

Estamos frente a Tánger, son las 10 de la mañana y es el primer ejemplar de una larga jornada de observación. Mide unos 14 metros y es un individuo al que el equipo de CIRCE ha marcado hace unos días, para seguir sus movimientos por satélite. "Pero lo que nos sirve para identificarlos de forma definitiva es la aleta caudal", matiza Phillipe. Es justo en el momento en que el animal comienza la inmersión cuando muestra su aleta durante unos segundos y los biólogos disparan para obtener las imágenes que luego les permitirán identificarlo. "A veces tienen una forma o una pigmentación blanca característica", añade el investigador. "Algunos vuelven cada año y les ponemos nombre. A Amanita, por ejemplo, se le fotografió por primera vez en el 98 y le llamamos así porque su cola recuerda a la famosa seta. Su foto es la primera de nuestro registro de cachalotes y volvía cada temporada, pero desde hace dos años no lo hemos visto".

CIRCE quiere decir "Conservación, Información y Estudio sobre Cetáceos", nos cuenta Phillipe, que comenzó como voluntario y ahora es el presidente de la organización. "Trabajamos en el mar para conseguir datos que luego vamos a usar en educación ambiental, para traer información local a la gente de aquí y que sepan lo que hay alrededor, y para que las administraciones puedan tomar medidas para la conservación", afirma. En el barco, de apenas diez metros de eslora, viajan dos estudiantes franceses y un británico, y al timón está Aixa Morata, bióloga jienense que trabaja como voluntaria de CIRCE desde hace casi tres años. "Lo que hacemos", asegura, "sirve para conocer la población de cetáceos que hay en el Estrecho, saber cuántos hay, cuántos nacen, cuántos mueren o qué tasa de natalidad tienen. La única manera de saber qué les pasa es tenerlos controlados todo el tiempo".

Los voluntarios de CIRCE fotografían y censan la población de cetáceos

Durante el año su labor no se limita a los cachalotes, sino que fotografían y documentan los movimientos de las otras seis especies de cetáceos del Estrecho: delfín listado, mular y común, los calderones, el rorcual común y las orcas. Estas últimas cazan atunes más al oeste, aprovechando los bancales donde se colocan los pescadores, mientras que los rorcuales, la segunda ballena de mayor tamaño, están de paso por el Estrecho, de camino hacia el Atlántico. "El otro día vimos pasar a tres cerca de Tarifa, dos adultos y un juvenil", dice Aixa. "El juvenil es tan grande como el barco, y un adulto es ¡el doble de este barco!", exclama. Hace un par de meses, Phillipe fue testigo y fotografió una escena única, de las que se presencia muy rara vez, la de un rorcual saliendo del mar como un proyectil. "Saltó al lado del barco", comenta. "En la imagen el animal está completamente fuera del agua. Y estamos hablando de 50 toneladas, la cabeza se eleva a unos 5 metros de la superficie. Durante muchos años se decía que estos animales no podían saltar, pero cada año hay más gente que los está viendo hacerlo"

Rorcual común saltando fuera del agua (Circe)- Ver vídeo

La persecución de cachalotes es una especie de juego del ratón y el gato por el Estrecho

La jornada continúa y hacia el mediodía hemos avistado ya siete cachalotes. CIRCE tiene catalogados 70 ejemplares en el Estrecho, pero no se suelen ver más de doce a la vez en la zona. A veces volvemos a ver a un ejemplar que ya hemos visto, o a dos cachalotes nadando juntos. Estamos en una especie de juego del ratón y el gato por el Estrecho, una persecución loca en la que vemos un cachalote y avanzamos a toda pastilla para darle alcance y en la que a veces llegamos tarde y el animal se sumerge antes de que dé tiempo a fotografiar su cola. "¡Se fue!" Cuando conseguimos acercarnos, observamos al cachalote mientras permanece inmóvil y respirando hasta que hace un movimiento que indica que se va a sumergir. "Ahora se va a ir...", comenta Phillipe preparando la cámara. Y, en el momento de la inmersión del cuarto ejemplar que avistamos, exclama entusiasmado: "¡Es Amanita! ¿Has visto que tiene una marca blanca por un lado y tres por el otro?". Los miembros del equipo se muestran emocionados. "Es un placer volver a ver los mismo individuos", dice Phillipe, "saber que sobreviven, que siguen por aquí..."

Amanita en 1998 y 2014 (Circe)

El Estrecho se convierte por momentos en un lugar atestado de vida y de barcos gigantescos. Los delfines y calderones se acoplan al barco, surfean divertidos y nos mojan con su respiración. Un inmenso petrolero pasa cerca de un cachalote, a punto de chocar contra él, y al rato es el ferry de Tánger el que se desliza junto a otro de los cetáceos. "Si ese cachalote estuviera 50 metros más al sur estaría en línea directa del carguero", comenta Phillipe. Un poquito más y le pasa por encima. "El problema no es que el animal sea tonto sino que no lo escucha llegar", insiste, "hay una sombra acústica delante de los cargueros que hace que no se escuche el ruido de la hélice porque está detrás del barco y el casco está delante. Y como aquí pasan cargueros que tienen 400 metros de longitud,  se acercan hasta ellos sin que el cachalote reaccione".

Uno de los ejemplares tiene una herida reciente provocada por un buque

A las 15h hemos divisado doscientos delfines mulares, un centenar de calderones y nueve ejemplares de cachalote, algunos de los cuales han mostrado un comportamiento extraño. Se sumergen antes de que lleguemos y nos dan esquinazo, sin mostrar la cola. "Estamos ante los cachalotes-ninja", bromea Phillipe. Uno de los cetáceos que más tiempo lleva en la superficie resulta tener una herida en el morro. Es muy reciente y provocada seguramente por el choque con un barco. "Parece un choque contra un buque porque se nota ahí como que está raspado", dice Phillipe. "Se ve que es reciente, porque a ese individuo lo hemos visto en días anteriores y no tenía esa herida en el morro. Lleva ya muchísimo tiempo en superficie". Por si fuera poco, la herida está justo en el órgano que el animal utiliza para producir los clics que le permiten pescar en la oscuridad y sin el cual no podría encontrar comida.

Imagen del cachalote herido (Circe)

Como si hubieran detectado los signos de debilidad, un grupo de ballenas piloto se aproxima al cachalote herido y están empezando a incordiarle. "Es un grupo de calderones que le están molestando un poco", indica Phillipe. "Le pueden mordisquear la cola y hacer que se vaya un poco más lejos de su territorio habitual". Las ballenas piloto son muy territoriales y pueden poner en fuga a las propias orcas, nos dice Aixa. Se suben por encima del cachalote, le pasan por debajo... y de repente, como en una de esas escenas de los documentales, vemos aparecer por nuestra izquierda una sombra que avanza a toda velocidad hacia la escena. "¡Mira, viene  otro cachalote por aquí!", exclama Phillipe. "¡Va derechito a por el otro compañero!". El animal acude en ayuda del cachalote herido y a los pocos minutos los calderones se pierden de vista. Es muy posible que haya acudido a la llamada del otro, indica el presidente de CIRCE, todavía asombrado. "Bastante interesante, ¿eh? Ha venido flechado, además."

Presenciamos cómo un cachalote auxilia a un compañero

A pesar de la fama de vengativos que les dio la novela de Melville, los cachalotes son animales bastante sociales y pacíficos y nada parecidos al viejo Moby Dick, en ocasiones la viva imagen de la mansedumbre. Hace solo dos días, el equipo de CIRCE presenció por primera vez a cinco cachalotes colocándose en la famosa formación de margarita. "Estaban rodeados de calderones y delfines mulares y se colocaron en una formación típica contra depredadores", relata Phillipe. "Se ponen cabeza contra cabeza para protegerse el morro, que es la parte más importante para ellos". Esta formación, que describían los balleneros tras sus cacerías, y la predisposición del cachalote a permanecer inmóvil y flotando en la superficie, facilitó las matanzas de estos animales durante años en todos los mares. "Aquí se cazaron en total más de 5.000 rorcuales comunes, 800 cachalotes y unos cientos de otras especies de ballenas menos comunes", comenta Phillipe. "Lo peor fue entre 1921 y 1926", asegura. "Ahí acabaron con todo. Los balleneros del Estrecho dejaron de salir porque ya no quedaban ballenas para pescar".

Formación de cachalotes en margarita (Circe)

La amenaza de los balleneros ha sido sustituida por la del tráfico incesante de grandes barcos

En la guerra para sobrevivir en estas aguas, el papel de los balleneros parecen haberlo ocupado ahora los grandes barcos y la contaminación provocada por los humanos. "Por aquí cruzan cada año unos 120.000 cargueros y ferris, sin contar los otros buques como los yates o embarcaciones pequeñas", recalca Phillipe. "Y el tráfico va creciendo continuamente porque es la manera más barata de mandar mercancía por todo el mundo". Durante sus 17 años de actividad, CIRCE ha registrado la muerte de al menos tres cachalotes y tres rorcuales por impactos con barcos. "Y eso a partir de varamientos", dice el biólogo, "de animales que llegan a costa con heridas muy claras de colisión, que han pasado debajo de la hélice y le han hecho cortes muy importantes". Puede haber otros muchos casos en los que el animal muere y la corriente se los lleve Mediterráneo adentro.

Otras veces son las redes o la contaminación los que provocan los daños. "Lo más raro que se ve flotando son globos de la feria, que se les escapan a los niños y acaban en el mar", explica Aixa.  Por un momento nos parece una idea bonita decirles a los niños que sus globos acaban aquí, junto a las ballenas, pero la científica nos recuerda que suelen acabar en el estómago del animal. "El año pasado se encontró en Almería un cachalote que varó y tenía el estómago lleno de plástico", asegura. "Y en Rota un delfín mular que tenía una red de muchos metros dentro del estómago. No sabemos cómo se la pudo comer, pero tenía dentro la red completa y era enorme". A veces aparecen animales muertos solo por un golpe de mala suerte. "El año pasado varó un calderón al que se le había metido por el espiráculo una anguila y se había ahogado", relata la bióloga. "Era una hembra joven y cuando le estaban haciendo la necropsia y miraron ahí, en el tubo había una anguila. No sé cómo se pudo meter ahí".

El año pasado se encontró en Almería un cachalote que varó y tenía el estómago lleno de plástico

Otra fuente de riesgo para los cetáceos es la pesca deportiva, porque se colocan justo en la zona en que están delfines y cachalotes. "Tres de los cuatro cachalotes que hemos visto tenían líneas de curricán en la aleta caudal", dice Phillipe. "Hemos visto marcas en calderones y tenemos ya a dos individuos que han muerto por un anzuelo que le ha cogido por el lado y le ha rajado todo el lateral". Y los autores de estos daños son personas que aman a los delfines y no quieren hacerles daño, pero desconocen las consecuencias de sus actos. ¿Qué se puede hacer para proteger a los cetáceos del Estrecho? Hace dos años se presentó ante la UE una propuesta de Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) del Estrecho Occidental, pero sigue pendiente de resolución. "Y en realidad ya existe, desde 2007, un Real Decreto de protección de cetáceos", añade Phillipe, "el problema es que la mayoría de la gente que sale al mar aquí no lo conoce y no sabe cómo actuar cuando hay cetáceos a su alrededor. Es falta de conocimiento más que por no querer cumplir una ley". ¿Y las autoridades no están pendientes del asunto? "El problema aquí es que entre la inmigración y el tráfico de drogas como que la protección de cetáceos no está muy arriba en su lista de prioridades", comenta el presidente de CIRCE.

Un delfín delante de un buque (Circe)

Entre la inmigración y el tráfico de drogas, la protección de cetáceos no está muy arriba en la lista de prioridades

Reducir el tráfico marítimo en un lugar estratégico como el Estrecho es una opción poco realista. Pero existen algunas propuestas de mitigación para evitar las colisiones de los barcos con los cachalotes. "Hay toda una serie de cosas que se pueden hacer", sostiene Phillipe, "como poner observadores a bordo de los trasbordadores, informar a los capitanes de buque de la presencia de cetáceos, algo que muchos ya conocen porque lo están viendo a diario y, sin embargo, no todos saben que el cachalote no se va a mover cuando vas hacia él y tú tienes que hacer el esfuerzo de cambiar tu rumbo". "De manera general", concluye, todos podemos hacer algo tan sencillo como aplicar el sentido común y no contaminar. Si vas a la playa no dejar la basura ahí que luego acaba en el mar, y los plásticos acaban por ser comidos por las ballenas. Con eso, ya puedes pensar que estás  salvando realmente a una ballena, un delfín o una tortuga".

Son las 19h y regresamos a puerto después de un día de persecuciones y más de 100 km de navegación detrás de cachalotes, calderones y delfines. Los voluntarios salen al mar sin horarios y siempre que hace buen tiempo, sin descansar los fines de semana, durante todo el año. Phillipe y los chicos recogen los trastos, amarran el barco y descargan todo para descansar unas horas. “Ha sido un buen día de cachalotes”, asegura, y se citan para volver a avistar y perseguir cetáceos al día siguiente, como si no quisieran separarse nunca de este mar ni de estos animales.

--

Next es la nueva sección de Ciencia y Futuro de Vozpópuli. No te olvides de seguirnos en Twitter


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba