BIG DATA

"La privacidad será la siguiente gran lucha por los derechos civiles"

Tras pasar por Barcelona y Madrid, la exposición “Big Bang Data” viajará en los próximos meses por Europa, Asia y Latinoamérica. Charlamos con José Luis de Vicente, uno de los creadores sobre esta visión sobre el nuevo mundo plagado de datos en el que vivimos. 

José Luis de Vicente
José Luis de Vicente JLV

En la entrada de la exposición “Big Bang Data” hay una especie de artilugio fantasmagórico que flota rítmicamente sobre las cabezas de los visitantes. El dispositivo no se mueve de forma aleatoria, sino que traduce en tiempo real los datos registrados por la boya número 46075 de la NOAA ubicada en las islas Shumagin de Alaska. Lo que estamos viendo es un registro de los movimientos del mar en directo. La obra del artista David Bowen es una muestra de nuestra nueva capacidad para registrar datos de una parte a otra del globo y darles un nuevo significado, el argumento que guía esta exposición que ha estado en Madrid yBarcelona y acaba de comenzar en Buenos Aires. José Luis de Vicente, periodista y experto en cultura digital, arte y tecnología, es uno de sus autores. Para no romper la magia de los datos, charlamos con él por videoconferencia.

¿Por qué nos parece tan impactante ver en directo las olas del océano en Alaska?

Es muy potente esa pieza y además nos servía perfectamente para contar una de las ideas centrales de la exposición que es esta noción de la datificación del mundo como una revolución análoga a lo que fue la electrificación del mundo. Es decir, un cambio de paradigma, una transformación de la manera de construir la sociedad y de mirar el mundo. En ese sentido, la ola como imagen es la imagen perfecta para lo que queremos contar.

Quizá lo más destacable de toda esta revolución es esa capacidad de tener por primera vez una visión global de todo a la vez, ¿no?

Sí, sí. En la exposición queremos explicar cómo hemos acabado sentados en esas montañas inmensas de información. De repente hemos tenido la posibilidad de ver cómo operan sistemas en los que antes nunca habíamos podido agregar todos los efectos separados de múltiples acciones colectivas. Una de las imágenes que incluye la exposición como la más vieja de todas es la de Aaron Koblin, las 24 horas de vuelos por encima del espacio aéreo americano. Ahora es una imagen que ya estamos acostumbrados a ver y ya no es tan sorprendente, pero hace solo 8 años no la habíamos visto nunca. Es el equivalente a la primera imagen de la Tierra desde fuera de la Tierra que se vio en los años 60, ¿no? Estoy convenido de que dentro de tres décadas serán como una lata de sopa de Warhol, nos recordará cómo mirábamos y cómo veíamos a la sociedad y el mundo hoy, en esta primera década del siglo XXI.

También tiene un lado inquietante, como la aplicación que permite seguir los pasos de los turistas extranjeros por la ciudad de Madrid…

“Los datos han cambiado el mundo como lo hizo la electrificación”

Es un proyecto del departamento de Telefónica I+D. Primero lo ves y dices ¡guau, es increíble! Pero luego dices: hostia, ¡un momento! [risas]. El sistema permite identificar de forma anónima a los usuarios de telefonía móvil extranjeros por roaming y seguir sus movimientos por la ciudad desde que encienden el móvil en el aeropuerto. Puedes ver cómo se mueven los turistas por la ciudad y eso genera un valor, porque sabes dónde poner tiendas de lujo o restaurantes chinos… Porque los chinos – aunque parezca increíble – resulta que son mucho de ir a restaurantes chinos cuando viajan por el mundo.

Y esos chinos hambrientos son puntitos por el mapa…

Exacto. Para mí ese proyecto es interesante porque refleja que los datos son como el nuevo  petróleo, que en cualquier sitio puede haber una bolsa de valor que no hemos detectado por el simple hecho de minar los datos adecuados. Pero también te das cuenta de que vamos por ahí dejando un reguero de datos que puede revelarse de la manera más insospechada.

Volviendo a la visión del principio, podemos ver todo a la vez, incluso nuestros propios comportamientos.

Eso tiene explotaciones comerciales curiosas, como el ejemplo famoso de la mujer cuyo centro comercial descubre por sus hábitos que está embarazada antes de que personas de su entorno lo sepan. Ha habido intentos de explicar o buscar correlaciones entre niveles muy inimaginables.

Las correlaciones no necesariamente significan algo, es el error en el que más se cae, ¿no?

Sí, yo también soy un poco escéptico del ‘boom’ de la ciencia de los datos que vivimos hoy en día. Hay un ejemplo de libro, que es la idea de que podrías predecir las explosiones de gripe por las cadenas de búsquedas en Google. Cuando se ha mirado con más detalle se ha visto que el impacto mediático tiene también un efecto en la manera en la que se mide y acabas en un juego de espejos dónde no entiendes muy bien qué sucede.

Y los miedos a esta vigilancia por los datos, ¿están justificados o realmente hay cierto alarmismo?

El caso Snowden ha hecho que usuarios y países pierdan la ingenuidad

El problema es que siempre que hablamos de privacidad nos vamos a un alarmismo muy automático. Pero yo sí creo que estamos en una gran crisis de la privacidad y que los últimos tres o cuatro años - tras el caso Snowden - han demostrado que de la inocencia original de la primera etapa de la web 2.0, cuando producir, compartir y codificar y datificar tu experiencia cotidiana se veía como un acto casi de libertad, hemos pasado al otro extremo. Las tecnologías ‘vestibles’ o que toman tus datos mientras haces deporte, por ejemplo, generan unas repercusiones a largo plazo y no podemos asegurar que no van a tener una incidencia sobre nuestras vidas. Alguien dijo en el Parlamento Europeo una frase que me impresionó mucho, porque resume de manera perfecta la situación en la que estamos: tú no tienes ni idea si no tienes nada que esconder.

Especialmente inquietante por lo que se refiere a tu salud y los seguros, me imagino.

Respecto a la salud, respecto a un futuro empleo, respecto a asistencia sanitaria en un contexto de privatización donde se penaliza a unos usuarios frente a  otros por el posible coste… Podemos acabar en escenarios muy distópicos. Ahora mismo hay esta historia famosa de cómo determinadas compañías que conceden crédito a gente con alto en EEUU para comprarse un coche, introducen dispositivos en el vehículo por GPS que permiten, en el caso de que una letra de pago venga devuelta, desactivar remotamente el sistema de encendido del coche, con lo cual pasas automáticamente a tener un ladrillo como un iPhone que no se enciende. Es una lógica tecnocrática en la toma de decisiones que se puede producir a costa de nuestros derechos como ciudadanos.

Por tamaño y por políticas la amenaza mayor ahora mismo para la privacidad es Facebook, ¿verdad?

El problema de Facebook es que basa absolutamente todo su modelo de negocio en generar valor a partir de los datos de sus usuarios a los que necesita incentivar para compartir tantos datos como sea posible. Es un ejemplo claro de economía de los datos personales muy extremos. A veces pensaría que cualquier persona con un mínimo de preocupación por el uso que se hace de sus datos sencillamente no debería estar en Facebook. Ahora estamos viviendo el caso de Max Schrems, que descubrió  que no te hace falta hacer clic en el “Me gusta” de una página que visitas para que ese dato ya haya quedado para siempre. Y está en el centro de una batalla legal que pide una enorme indemnización para todos los usuarios europeos por lo que él considera que ha sido vulneración de la privacidad y uso no autorizado de los datos de los internautas. 

Al final la conclusión es que a los usuarios nos falta información, que vamos un poco a ciegas y las industrias van muy por delante. ¿Cómo se puede uno defender de esto?

"Lo que ahora llamamos privacidad antes se llamaba libertad"

Lo bueno es que hay una cantidad enorme de tecnologías que están surgiendo como alternativas para entornos de no privacidad, que van desde por supuesto sistemas de encriptación, desde programas que te sirven para cambiar tu IP en un momento o contexto determinado para no ser identificado como un usuario único… 

El problema últimamente es que si utilizas alguna de estas herramientas para protegerte tipo Tor, incluso las autoridades te consideran un delincuente en potencia.

Claro. Jacob Appelbaum, uno de los fundadores de Tor y uno de los activistas más importantes, lo dice, que lo que ahora llamamos privacidad antes se llamaba libertad. Es decir, que si se persigue tener tus comunicaciones protegidas y cubiertas efectivamente estamos hablando de un problema de prácticas democráticas. Ahora hay muchos países que se sienten tremendamente engañados por EEUU al darse cuenta de que estaban también siendo utilizados y eran víctimas de las tecnologías que ellos usaban y que no sabían que estaban siendo usadas contra ellos. Se ha ido de las manos cualquier sentido de para qué y cuándo y cómo quieres tener acceso a los datos de un ciudadano. Casi podría decir que la lucha por el derecho de la privacidad va a ser la siguiente gran lucha por los derechos civiles, a la altura de la igualdad racial o de la no discriminación por razones de sexo. 

Al final hemos terminado un poco apocalípticos.

Me da rabia, porque siempre pasa igual.


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