ARQUEOLOGÍA

Siguiendo el rastro de la leche en los dientes humanos

Un equipo de científicos presenta un nuevo método para identificar qué comunidades consumieron productos lácteos desde la Edad de Bronce, a partir de los restos de una proteína que queda en los dientes de los individuos. El análisis coincide con los mapas elaborados a partir de estudios genéticos.

Mandíbula humana recuperada en York (Reino Unido) data entre los siglos I y IV.
Mandíbula humana recuperada en York (Reino Unido) data entre los siglos I y IV. Malin Holst

El equipo de Christina Warinner es capaz de detectar qué poblaciones de la antigüedad consumían leche y de qué tipo solo con examinar los dientes encontrados en los enterramientos. Su sistema se basa en el análisis de una proteína, la beta-lactoglobulina (BLG), cuya presencia puede indicar si la leche que tomaban los individuos procedía de vaca, ovejas o cabras.

En un trabajo publicado esta semana en la revista Scientific Reports, los científicos presentan en análisis de 100 piezas dentales encontradas en Europa, Asia y África con una antigüedad desde los 5.000 años hasta el presente. El resultado indica que el consumo de leche se fue extendiendo sobre todo en el norte de Europa y algunas zonas de Asia, mientras que los restos procedentes de África no hay restos de la proteína, lo que coincide con el consumo históricamente bajo de leche en estas regiones.

El mapa muestra los lugares de procedencia de los dientes analizados y (e nlos gráficos de tarta) el porcentaje de proteína BLG encontrado.

El estudio también desvela algunos datos interesantes, como el bajo consumo de leche en zonas como Alemania en contraste con lo que sucede en zonas como el norte de Italia y Hungría en la Edad Media. Mirando los datos particulares del cementerio groenlandés de Tjodhildes Church, los científicos también han comprobado que el consumo de este recurso descendió drásticamente en la zona coincidiendo con una pequeña edad de hielo.

Los resultados coinciden parcialmente con los estudios genéticos sobre la aparición de mutaciones que hicieron a las poblaciones resistentes a la lactosa. Según publicaba la revista Nature, del mismo grupo, hace unos meses, solo el 35% de la humanidad puede beber leche en la edad adultasin que les provoque un dolor de estómago. El proyecto LeCHE (Lactase Persistence in the early Cultural History of Europe) ha encontrado que estas mutaciones para tolerar la leche se produjeron de manera independiente en Europa, África occidental, Oriente Medio y el sudeste asiático, y se asocian con la domesticación del ganado y las condiciones climatológicas.

La capacidad de consumir leche ofreció a estas primeras poblaciones una ventaja frente a las hambrunas y, como indica el presente estudio, es un indicador de épocas de escasez o problemas económicos en distintos lugares del planeta. En otras palabras, seguir la pista de la leche es seguir la pista de cómo hemos llegado a ser lo que somos.

Referencia: Direct evidence of milk consumption from ancient human dental calculus (Scientific Reports) DOI: 10.1038/srep07104

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