Mi pequeño Salottino

¿Estuvo verdaderamente Francisco Pizarro en La Paz?

Siempre he pensado que uno de los personajes más interesantes de la Historia de España es Francisco Pizarro. Y hoy, justo después del Día de la Hispanidad, me gustaría recordarle, porque hace unos meses supe de un dato que hasta ahora parecía desconocido, un dato que seguramente será controvertido, y que está relacionado con un evento que siempre ha llamado mi atención y curiosidad: la posible presencia del conquistador español en la ciudad de La Paz antes de su fundación.

Un reciente estudio del boliviano Juan Francisco Bedregal (Tras el oro de Chuquiabo: en busca de un tiempo olvidado), sobre la base de las crónicas de viajes de PedroCieza de León, aporta una información que puede tener su trascendencia respecto de la biografía de Francisco Pizarro y que resulta obligatorio analizarla y tenerla en consideración, puesto que hasta ahora todos sabíamos que La Paz se fundó en 1548 por el capitán español Alonso de Mendoza, con la participación también de Pedro de la Gasca, en un momento histórico en el que se estaba poniendo fin a las guerras civiles andinas que se habían iniciado en los años treinta del siglo XVI, como consecuencia de las luchas y tensiones entre Francisco Pizarro y Diego de Almagro, que provocaron unos enfrentamientos que se extendieron prácticamente por todo el Perú. Ahora se nos desvela que, según una revisión de las crónicas de Cieza de León, parece claro que con anterioridad a la fundación de La Paz ya existía algún asentamiento incaico, el denominado Chuquiabo, y también el hispano Pueblo Nuevo, que en teoría lo regentó el propio Francisco Pizarro, llegando éste a ordenar incluso que se fundase una ciudad con el nombre de La Plata, por lo que todo indicaría que Pizarro debió visitar en algún momento las tierras que hoy se corresponden con la ciudad de La Paz.

Si nos remontamos al primer tercio del siglo XVI, el Perú estaba efectivamente dividido en dos. Una parte era Lima, que se encontraba bajo el dominio incuestionable de Francisco Pizarro, y la otra, el sur, más anárquico y más complejo en su dominio, también más ignorado, donde ejercía liderazgo Diego de Almagro y algunos de sus militares leales. Así, cuenta también Bernard Lavallé (Francisco Pizarro y la Conquista del Imperio Inca, Espasa, 2003) que la tensión llegó hasta tal punto, que Francisco Pizarro, en plenas disputas, indicaciones y contraindicaciones incluso de la Corona, llegó a pasar por encima del Gobernador Francisco de Bobadilla, y con la finalidad de apaciguar las luchas con Diego Almagro y evitar una confrontación de impredecibles consecuencias, le llegó a proponer a éste el sur del Perú, incluida Arequipa; abandonando así todo el altiplano del Collao o la actual Bolivia andina. Unas tierras donde entonces no había prácticamente nada y nadie le prestaba especial interés, pero donde más tarde se descubrirían los fabulosos yacimientos de plata del Potosí y donde hoy se esconden una de las mayores reservas mundiales de litio. La oferta fue no obstante rechazada por Almagro, que quería Cuzco, pero Pizarro era evidente que no iba a ceder. Y así es como empezó la primera guerra civil española en América, debiendo destacarse de modo especial la Batalla de las Salinas, que tuvo lugar el 6 de abril de 1538, y en la que Hernando y Gonzalo Pizarro vencieron y humillaron a Diego de Almagro, que sería ejecutado unos meses después, concretamente, el 8 de noviembre del mismo año.

La Batalla de las Salinas, Historia general de los hechos de los castellanos en las Islas y Tierra Firme del mar Océano que llaman Indias Occidentales, Antonio de Herrera, 1728

A juicio de Bedregal, las contiendas que se precipitaron en el Perú llegan obviamente a todos los territorios de control más o menos asegurado por las tropas españolas, y todo parece indicar que la fundación de la ciudad de La Paz por Alonso de Mendoza no supuso el inicio de su existencia, porque aquellas tierras ya tenían una historia previa con ocupaciones tiahuanacotas, incas y también los primeros españoles que habían llegado más de una década antes del acta de fundación en 1548 y entre los que se encontraban, obviamente, sacerdotes. Parece lógico entonces preguntarse si en algún momento estuvo Francisco Pizarro detrás de aquellos asentamientos. Y esta parece ser la tesis de Bedregal, que después de haber estudiado los documentos de Cieza de León, entiende que el conquistador se animó a visitar el altiplano boliviano atraído por las leyendas de su riqueza aurífera que habría escuchado necesariamente del mismísimo Atahualpa durante su cautiverio en 1532. Sería entonces en 1533, cuando Pizarro decidió enviar a su escribano Pedro Sancho a estas tierras para que comprobase personalmente la realidad de Chuquiabo, donde en teoría se estaba conformando el tesoro que Atahualpa ordenó para ofrecerlo a los españoles y quedar así libre.

Es posible, consecuentemente, que Francisco Pizarro se desplazara personalmente –se apunta que pudo ser en 1540– a Pueblo Nuevo, según sugieren los registros de Cieza de León, quien haría mención expresa del asentamiento Chuquiabo o Chuquiago Marka, al sur del Cuzco. El viaje pudo haber tenido lugar justo después de la derrota de Diego de Almagro en 1538, y Francisco Pizarro se desplazaría a Bolivia siguiendo el oro de Chuquiabo, para lo cual ya debería contar con alguna información previa, aunque también es posible que acufiera a aquellas tierras para guiar el conflicto entre tropas españolas y la necesaria pacificación en la zona. Una pacificación que se retrasaría en el tiempo y que correspondería, como se ha dicho, al capitán Alonso de Mendoza, que fue quien se dejó asesorar por los sacerdotes ya instalados en aquellas tierras desde hacía tiempo, tal y como aparece en la documentación existente en relación al Acta de fundación de La Paz.

En cualquier caso, el relato creo que tiene su interés y merece la pena prestarle atención porque sería conveniente aclarar si los registros de Cieza de León acreditan exactamente estos hechos y si se refieren a Francisco Pizarro, en ese tiempo y en esas coordenadas o, por el contrario, se refieren a Gonzalo Pizarro, que sí parece estar acreditado que deambulaba por el Lago Titicaca tras su sublevación contra la Corona española en 1544, encontrando la muerte en 1548, después de la Batalla de Jaquijaguana. No es casualidad que desde entonces, en el escudo de la ciudad de La Paz aparezca una inscripción que reza: «Los discordes en concordia, en paz y amor se juntaron y pueblo de paz fundaron para perpetua memoria». Una frase que explica muchas cosas, pero sobre todo, como dice el propio Bedregal en la exposición de su trabajo, puede que se encamine a reflejar «un intento de olvidar lo sucedido entre españoles».

Los acontecimientos acaecidos entonces, consecuentemente, son de un interés máximo. En primer lugar, porque llama poderosamente la atención que Pizarro, como consecuencia de una información obtenida del mismo Atahualpa, pudiera ordenar en 1540, justo antes de su asesinato a manos de los oficiales leales a Diego de Almagro que no quiso ejecutar, la fundación de una ciudad con el nombre de La Plata, precisamente en un lugar cercano a Potosí, donde se ubica el mítico Cerro Rico, que no sería descubierto hasta unos años después. Un descubrimiento que financiaría la Corona española durante décadas y que haría de Potosí una de las ciudades más importantes del mundo allá por la mitad del siglo XVII. Y en segundo lugar, porque este pasaje histórico, analizado en sus justos términos, seguramente representa también, de un modo u otro, un adelanto de lo acontecido en España en muchos otros periodos históricos posteriores.


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