Mi pequeño Salottino

Las venas abiertas de Milovan Djilas

Hoy se cumplen veinte años del fallecimiento de Milovan Djilas. Estudiante de filosofía y derecho, revolucionario, activista, soldado en la II Guerra Mundial, líder político y escritor yugoslavo que nació y se forjó en la mítica región de Montenegro, en el seno de una familia destruida por la guerra y la revolución. Un hombre que tempranamente se incorporó al Partido Comunista Yugoslavo y alcanzó el cargo de ministro con Josip Broz «Tito», pero que sin embargo se desmarcó inmediatamente de la Unión Soviética y Stalin, ante quien se presentó para decirle que Yugoslavia construiría su propio camino al margen de las directrices del Kremlin. Militante y teórico comunista que con el paso del tiempo acabaría escribiendo la primera gran crítica al comunismo desde dentro del aparato comunista, en un país comunista. Su libro La nueva clase (Edit. EDHASA. 1958), del cual se vendieron más de 3 millones de copias en 60 lenguas diferentes y llegó a copiarse ilegalmente para transmitirse de mano en mano por los países de Europa del Este, le encumbraría como icono de la resistencia al comunismo. Fue tabú en todos los países comunistas hasta la caída del Muro de Berlín.

En un tiempo el que parte de Europa se hacía comunista y caía en el sueño de la igualdad, Milovan Djilas llegó al comunismo más bien por sus aspiraciones de justicia, no por la obsesión por la igualdad

En un tiempo el que parte de Europa se hacía comunista y caía en el sueño de la igualdad, Milovan Djilas llegó al comunismo más bien por sus aspiraciones de justicia, no por la obsesión por la igualdad. Así se deduce, entre otros textos, de su relato Tierra sin Justicia (Edit. Sudamericana 1959), donde demuestra dotes de intelectual abierto y despierto, dispuesto siempre a aprender, consciente de la importancia de los sueños para progresar, pero también de los riesgos de las ensoñaciones. Denigrado, acusado, procesado y sentenciado por denunciar los excesos del régimen comunista con el que había colaborado, sus vivencias y su espíritu rebelde le convertirán en una autoridad en el estudio de la ideología comunista y los procesos de conformación de burocracias dentro del sistema político. Hoy sigue siendo bastante desconocido, pero es una referencia inexcusable para conocer adecuadamente lo acontecido el siglo pasado en Europa. De hecho, fue Milovan Djilas quien advirtió antes que nadie dos acontecimientos fundamentales del siglo XX: el primero, que la URSS no resistiría laPerestroika de Mijail Gorbachov y el sistema acabaría desmoronándose; el segundo, que el nacionalismo sustituiría al comunismo como mantra ideológico en los Balcanes con fatal desenlace.

Conoció personalmente a algunos de los principales protagonistas del siglo XX, fue testigodirectode episodios importantísimos de la época, deambuló de herejía en herejía. Descendiente de rebeldes contra los príncipes de Montenegro, transita desde la militancia comunista hasta convertirse en el más destacado crítico de la propia ideología que él mismo había practicado aun no reconociéndose en alguna ocasión como anti-comunista. Fue un hereje del dogmatismo, un revelador de las miserias del comunismo y sus posibles  transformaciones, algunas de las cuales están hoy en práctica. En 1956, ya vigilado y bajo sospecha continua por el régimen, se atrevió a publicar "The Storm in Eastern Europe" en New York. Un escrito en el que se apoyaba la revuelta húngara contra el régimen comunista, aunque su vaticinio de liberación no llegaría hasta varias décadas después. Milovan Djilas fue - y es - un punto de referencia ineludible para conocer y comprender la gestación y desarrollo de los movimientos políticos de carácter colectivista que como bien intuyó, resisten a las generaciones que los ven aparecer y pueden llegar a florecer en cualquier otro momento. Falleció intelectualmente activo hasta sus últimos días, ya reinstalado en una Yugoslavia en vía de extincióndespués de su paso por Estados Unidos.

Sus obras, algunas de las cuales ya las hemos referido en este blog, donde también hemos denunciado que ninguna editorial se haya interesado en reeditarlas, nos permiten comprobar que, efectivamente, Djilas no fue un dogmático ni un teórico. Como los mejores pensadores, el suyo es producto de la experiencia, del conocimiento de las entrañas del sistema político, donde pudo intuir la deriva de las ideas que nutren el comunismo: la tiranía. En él descubrimos y aprendemos que estos procesos están condenados al conflicto, no aportan nada que no sea conflicto y servidumbre, porque su puesta en funcionamiento no está nunca exenta de reacción. De hecho, latiranía promueve inevitablemente la libertad, que decía Émile Zola, y es claro que MilovanDjilas personifica esta afirmación. Previó que no es posible mantener el sistema comunista por medios honestos, sino mediante la acción típica de malhechores, es decir, mediante la creación de otras injusticias o injusticias peores de las que teóricamente se trataba de evitar. Es justamente aquí donde entronca con otro personaje indispensable del siglo pasado, AlexanderWat, e incluso con Hemingway, que también fue consciente de que el fervor revolucionario sólo se puede mantener con la tiranía.

En un momento histórico en el que los sucesos se precipitaban con pasmosa rapidez y confusión, Milovan Djilas alcanza a ver que la ideología comunista se traduce desde sus inicios en «espesa maleza», en oscuridad

Del reino celestial al sectarismo y la burocracia

En un momento histórico en el que los sucesos se precipitaban con pasmosa rapidez y confusión, Milovan Djilas alcanza a ver que la ideología comunista se traduce desde sus inicios en «espesa maleza», en oscuridad. Una oscuridad de la que no es fácil salir porque su única gran aportación es el dogmatismo en relación al ejercicio y mantenimiento del poder. De hecho, Djilas solo encontró contestación entre los altos dirigentes comunistas ante sus denuncias y críticas, también censura y cárcel. Desde la que alumbra precisamente su crítica más aguda y feroz a la burocracia y a las tesis comunistas. 

No obstante esto, su legado intelectual no queda en el análisis de los defectos y la putrefacción del comunismo. También detecta e intuye algo formidable: que los partidos comunistas del futuro (se refiere a los de hoy) no tendrían más alternativa que ser, en el mejor de los casos, movimientos de tipo sociopolítico que se esforzarán, en colaboración con otros semejantes, por alcanzar ciertos y determinados modelos de sociedad y gobierno, bajo sus propias condiciones nacionales. Djilas acierta otra vez, y sabe que los nuevos sofistas del colectivismo, como los viejos, los creadores del reino celestial en la Tierra, en verdad no van a crear otra cosa que no sea burocracias políticas que les llevarán a reñir entre sí, bien sea por prestigio, por influencias o por simple poder. Es decir, Djilas desvela y centratodo el potencial transformador o creador de los (neo)comunistas, siendo especialmente fino cuando apuntilla que  este es el destino de todos los movimientos revolucionarios que la historia registra, advirtiéndonos que los creadores de la felicidad en la igualdad terminarán, siempre, salvando su propio pellejo en el mercado libre. Tras defender durante mucho tiempo la espesa maleza y que «mejor verse derrotado y destruido que traicionar el propio ideal, la propia conciencia», el fin no es otro que es el rescate del mercado libre. 

En definitiva, hoy Milovan Djilas está tristemente olvidado, rara vez se le cita y sus enseñanzas son extrañamente estudiadas. Pero él fue un héroe del siglo XX, uno de los primeros que se atrevió a denunciar el régimen de terror comunista aun consciente de su destino carcelario, el ostracismo, el desempleo, la penuria y el exilio. Su trayectoria y obra sigue siendo sugerente, de innegable vigencia, y estoy convencido de que estimulará a cualquier lector. Milovan Djilas es, en conclusión, un instrumento útil para interpretar y combatir las tentaciones de servidumbre, las antiguas y las contemporáneas. La sociedad imperfecta (Edit. Ariel, 1970) es en este sentido un auténtico manual. Una maravillosa explicación de cómo el camino hacia la sociedad sin clases y la obsesión por la igualdad no hace sino diseñar progresivamente sistemas que no tienden más que a la consolidación y/o creación de clases privilegiadas. 


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