Mi pequeño Salottino

Son técnicas de corralito

Cuando se cita el término «corralito» siempre nos vienen en mente los sucesos acaecidos en Argentina a finales de 2001. Pocos recuerdan ya los detalles de aquellos sucesos y pocos son también los que creen que algo parecido podría suceder en Europa. De hecho, en cuanto a alguien se le ocurre insinuar que con los datos encima de la mesa no hay motivo concluyente para descartar un acontecimiento similar a este lado del Atlántico, lo que se gana es un exorcismo, el más firme rechazo y la etiqueta de agorero. Téngase en cuenta, no obstante, que Grecia ya ha protagonizado varios momentos críticos a este respecto como consecuencia de la ingente huída de depósitos de sus entidades en los momentos más delicados de las negociaciones con la UE.

En cualquier caso, lo interesante es que tal vez debamos hablar de «técnicas de corralito», porque lo determinante son las medidas que sobre los ahorros y las propiedades de la gente adoptan quienes nos gobiernan en un contexto como el actual. Motivo por el cual, el fenómeno «corralito» no se agota ni se explica exclusivamente en una medida final como la adoptada en el país austral en el año 2001, consumada con aquella obra de arte legislativa que fue la Ley de Intangibilidad de los Depósitos,  gracias a la cual los argentinos aprendieron de golpe la doctrina Bernhard le Bovier de Fontenelle - «todo llega en la vida, incluso aquello que no se desea» -, cuya autoridad está fuera de toda duda desde el momento en que dejó el Derecho para dedicarse a la Filosofía y la Ciencia, escribiendo además, cosas tan sugestivas como la obra «Sobre el origen de las fábulas».

Génesis y contexto de estas técnicas

Siempre surgen en un contexto muy determinado. Cuando se evidencian elevados déficits, sobreviene un estrangulamiento crediticio, el desempleo se estabiliza en niveles altísimos, comienza una progresiva huída de depósitos, nos instalamos en la recesión económica y las autoridades comienzan a adoptar medidas de ajuste para la devolución de los préstamos sujetos a ciertos programas. Unos programas cuyos términos difícilmente se acaban cumpliendo como consecuencia de esa diabólica espiral en la que entra un país al aflorar el reforzamiento mutuo de los problemas económicos no resueltos; que termina abocando a la sociedad a escenarios de profunda incertidumbre y, generalmente, a un impago final.

Hay que hacer notar que en la mayoría de los casos, entre los problemas económicos no resueltos que provocan la aparición de estas técnicas, siempre encontramos cuestiones que los gobiernos, prisioneros del dogmatismo y de las corruptelas propias del sistema representativo, no se atreven a acometer, prefiriendo llevar hasta la extenuación a los ciudadanos que aun mantienen una cierta posición de supervivencia económica, para seguidamente disfrazar el proceso de saqueo bajo un particular e irritante ropaje que suelen denominar «reformas» y que paralelamente se adorna con continuos llamamientos a la «solidaridad».

En este contexto aparecen esas «técnicas de corralito». Técnicas que, en primer lugar, se traducen en subidas generalizadas de todos y cada uno de los tributos, permitiéndose incluso a las Administraciones realizar auténticas barbaridades como ya hemos puesto de manifiesto en alguna ocasión. Se activan también ingentes esfuerzos de propaganda y, seguidamente, se justifican todas y cada una de las medidas calamitosas en una instancia ajena, preferiblemente supranacional. Ayer el FMI, como en Argentina, hoy la Unión Europea, como en diversos países de la eurozona.

La superchería legislativa e institucional

Consecuentemente, una vez que quienes controlan los diarios oficiales toman conciencia de las perspectivas y riesgos que corremos como sociedad, no se duda en impulsar, permitir e incluso justificar, diversos mecanismos y propuestas que de modo más o menos directo, impactan en los ahorros y propiedades de la gente, llegando incluso a suponer, de facto, un secuestro o inmovilización de los mismos. Y aunque los actores principales de estas actuaciones son instancias financieras privadas, la connivencia de las autoridades públicas resulta innegable. Decisiones, estratagemas y movimientos, encaminados todos a adulterar las reglas del juego en una economía abierta, a limitar la libre circulación de capitales y destinar los recursos de la gente a un fin previamente establecido sin una contraprestación clara y definida.

A la subida generalizada de todos y cada uno de los tributos mencionada, hay que añadir la comercialización de productos opacos como las preferentes, las masivas emisiones de bonos (re)convertibles de entidades con serias dificultades, la admisión a cotización de engendros como el Bankia, las limitaciones de pagos en efectivo, la no admisión de alternativas como la dación en pago, la permisividad de ciertas técnicas anticompetitivas con las entidades financieras ávidas de recapitalización y otras medidas que iremos conociendo.

Son medidas que, insistimos, no se explican sino por la complicidad de gobiernos, organismos reguladores y también el siempre enigmático sottogoverno, y a las cuales hemos de añadir otros movimientos que se esconden bajo una literatura más seductora: «medidas para luchar contra la economía sumergida y el fraude». Programas que encierran en realidad otros mecanismos de retorsión económica que aun quedando bajo ese paraguas de la lucha contra el fraude y la economía sumergida, llegado el caso, podrían ser igualmente contraproducentes. Tal vez los nuevos planificadores deberían entender que la economía regular, guste más o guste menos, necesita en cierto modo de su prima-hermana, la economía sumergida. Desplegar intensas medidas de retorsión respecto de la segunda, igual acaba teniendo un efecto no deseado sobre la primera. Y ni que decir tiene, que lo sucedido con la pretendida regularización de las empleadas de hogar o el más que esperable fracaso del proceso de amnistía fiscal entre otras cuestiones, debería hacer pensar a más de uno. Y una.

Así las cosas, todo indica que el horizonte que afrontamos es un horizonte de más limitaciones administrativas y medidas de disuasión respecto de la libre circulación de capitales, unido a exigencias tan rocambolescas como la obligación de comunicar si uno tiene cuentas o propiedades en Polonia, Nigeria o la comunidad de menonitas en Paraguay, so pena de sanción dineraria. Mientras, por Bruselas hay ejércitos debatiendo en un sinfín de comités sobre la unión fiscal, monetaria y bancaria, pero curiosamente, la huida de depósitos desde entidades de países con problemas a entidades de países más estables - dentro de la propia UE – alcanza niveles inquietantes y parece que no cesa.

Twitter: @JJGALonso


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba