Mi pequeño Salottino

Una sentencia a considerar

Mediante la Resolución nº 836, de 4 de junio de 1993, el Consejo de Seguridad de Nacionales Unidas solicitó el envío de tropas y ayuda logística para la misión UNPROFOR en Yugoslavia. Los Países Bajos contribuyeron entonces con un batallón de la Brigada «Airborne», que se desplegó fundamentalmente en el enclave de Srebrenica, aunque otras unidades militares del mismo batallón quedaron repartidas en las cercanías de la ciudad, como por ejemplo en Potočari.

El 6 de julio de 1995, bajo el mando de Ratko Mladić, el ejército serbobosnio atacó el enclave de Srebrenica, que cayó cinco días después y provocó una salida masiva de personas de la ciudad. Las tropas holandesas allí desplegadas permitieron la entrada en las instalaciones bajo su protección a más de 5.000 refugiados, entre los que se incluían unos 239 hombres en edad militar. En cambio, más de 27.000 personas tuvieron que permanecer a la intemperie en Potočari y alrededores.

Ante el caos que se generalizó como consecuencia de la caída de Srebrenica, el Ministro de Defensa neerlandés, Joris Voorhoeve, acordó con los mandatarios de UNPROFOR la evacuación de los refugiados. A las 18:45 horas del 11 de julio, el cuartel general de UNPROFOR en Sarajevo decidió que el destacamento negociara con el ejército serbobosnio la evacuación de los refugiados. El comandante Thomas J.P. Karremans, siguiendo directrices de UNPROFOR y de altos mandos del Ministerio de Defensa holandés enviados a Zagreb,comenzóentonces contactos y conversaciones con Mladić para negociar dicha evacuación. Consta que el propio Ministro de Defensa holandés instó telefónicamente al comandante Thomas Karremans: «save whatever can be saved». El resultado de aquellas actuaciones es conocido. El desplazamiento de los refugiados de Srebrenica se saldó con la muerte de miles de personas en un brevísimo espacio de tiempo a manos de los militares y paramilitares serbobosnios, en el que seguramente fue una de los episodios más terribles de toda la guerra de Yugoslavia.

El caso de Hasan Nuhanović

El señor Nuhanović trabajaba entonces como intérprete para «United Nations Military Observes», que dependía de UNPROFOR y formaba parte del «Dutchbat», el batallón holandés que había sido desplegado en la ciudad bosnia bajo mandato de la ONU. Tras la caída de Srebrenica, su padre, su madre y también su hermano pequeño, se refugiaron en el campamento custodiado por los cascos azules holandeses. Nuhanović, al tener «UN pass» gozaba de protección adicional y estaba en la lista de personal que podría ser evacuado con el contingente de Naciones Unidas. Su familia, en cambio, no estaba en la lista, y aunque a su padre sí se le ofreció por haber participado en el comité civil que negoció con Mladić, éste decidió permanecer con su esposa e hijo pequeño. A las 19:30 horas del 13 de julio de 1995, tras comprender definitivamente que los soldados holandeses no les permitirían permanecer en las instalaciones de la ONU ni ser evacuados con ellos, salieron del campamento. Como otros miles de ciudadanos, encontraron la muerte al poco tiempo a manos de las tropas serbobosnias u otros grupos de insurgentes.

Desde entonces, Nuhanović emprendió unalucha judicialpara conseguir que se declarase la responsabilidad del Estado holandés el comportamiento y conducta de sus autoridades y militares en aquellos acontecimientos. La primera resolución judicial no reconoció su petición por entenderse que los actos y decisiones de las tropas holandesas serían en todo caso atribuibles a la ONU y no al Estado en concreto; en cambio, la corte de apelación de La Haya sí determinó en 2011 que la conducta de los militares holandeses era directamente imputable al Estado y, por tanto, concurría su responsabilidad.

No podemos analizar aquí en detalle los mencionados pronunciamientos judiciales que hace sólo unos días se han cerrado finalmente con la Sentencia de la Corte Suprema de 6 de septiembre de 2013, pero sí debemos advertir y hacer notar que esas resoluciones se analizan detenidamente los hechos y también el marco jurídico que resulta de aplicación en estos casos, y de modo muy particular, el «Draft Articles on Responsibility of States for Internationally Wrongful Acts» (DARS) y el «Draft articles on the responsibility of international organizations» (DARIO), aprobados por la International Law Commision. Dos instrumentos legales que han servido para aclarar si «Dutchbat» puede llegar a considerarse como un órgano del Estado y si actuó de facto bajo instrucciones y control del Estado holandés, en cuyo caso podría entonces declararse la responsabilidad del mismo por el comportamiento de sus soldados y mandos.

Desde la semana pasada, a la pregunta de si puede atribuirse a un Estado la conducta de sus tropas y si la conducta de esas tropas puede declararse ilegal y así reconocerse por jurisdicción nacional y procederse a declararse la responsabilidad correspondiente, parece más claro que la respuesta es afirmativa. En el caso Nuhanović ha quedado acreditado que el gobierno holandés estuvo involucrado directamente en el proceso de evacuación de «Dutchbat» y de los refugiados, así como en los actos preparativos del mismo, por lo que pudo prever tanto las contingencias que podían sucederse como las conductas cuestionadas, sin que se hiciera nada al respecto. Es más, dice la sentencia confirmada por la Corte Suprema holandesa, que cuando el 13 de julio de 1995 se dejó a Muahmed (hermano pequeño de Hasan Nuhanović) sin protección y a merced de las tropas serbobosnias, se era consciente del riesgo al cual se exponía al menor y su familia a pesar de tener en todo caso el «control efectivo» de la operación.

Implicaciones de la sentencia

Las consecuencias de la resolución recientemente dictada son obviamente muy importantes. En palabras de Liesbeth Zegveld, la abogada que ha llevado esta causa, la conclusión más importante tal vez sea que a partir de ahora es más claro que la bandera de la ONU no ofrece inmunidad absoluta, ni al Estado que coopera con sus mandatos, ni tampoco a los soldados a título individual. Parece claro también que la sentencia tendrá sus efectos y consideración tanto en las actuales como en las futuras misiones de «peacekeeping». De hecho, nos consta que en muchas de ellas ya están analizando con interés la sentencia del tribunal holandés y que el comentario generalizado se centra en el potencial efecto de disuasión que puede provocar en muchos países.

En cualquier caso, la sentencia, que merece muchísimo la pena leerse en su integridad, viene a unirse a otra resolución también polémica que fue dictada hace justo dos años, y en la que por primera vez se reconocía la responsabilidad del Estado holandés por la masacre acaecida en Rawagedeh (Java) durante el proceso de independencia y en la que fallecieron entre cincuenta y cuatrocientas personas, según unos informes u otros.  En aquella ocasión, las autoridades holandesas soportaron la condena de Naciones Unidas en 1948, pero nunca actuaron contra sus soldados ni mandos. Sólo en 1968, un informe reconocía los excesos de las tropas holandesas, pero indicaba que se trataba de una «police action» que a menudo era incitada por las guerrillas y movimientos de insurrección. Holanda aceptó entonces indemnizar con 850.000 euros a la comunidad donde se produjeron los tristes acontecimientos justo antes de hacerse pública la sentencia y seguidamente tuvo que asumir otra compensación de 180.000 euros a los demandantes y sus familiares.


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