Mi pequeño Salottino

La jugada maestra de Carlos Slim en YPF

A mediados de junio pasado supimos que el empresario mexicano Carlos Slim, en plenas hostilidades entre Repsol y el gobierno argentino de Cristina Fernández de Kirchner tras la expropiación del paquete accionarial de la compañía multinacional en YPF, había adquirido casi 33 millones de acciones de la clase "D" de la petrolera argentina, es decir, títulos provenientes de acciones clase "A", que eran titularidad del Estado y que incorporan derechos políticos, además de cotizar en Bolsa. Unos títulos que deben diferenciarse de las acciones clase "B", provenientes de tenedores de bonos y también de las clase "C", que son titularidad los ex-empleados.

Estas acciones hay que recordar además que eran titularidad de un grupo de entidades financieras que las habían ejecutado recientemente en garantía de unos créditos otorgados al Grupo Petersen para que éste adquiriese a su vez participaciones en YPF, pero ante el proceso de nacionalización que se veía venir desde hace tiempo y otras contingencias tal vez inconfesables, dejaron de atender sus obligaciones crediticias y de este modo se permitía que Carlos Slim irrumpiera en escena adquiriendo ese paquete accionarial, aumentando así su participación en YPF hasta 8,4% de las acciones clase "D".

Los portavoces del grupo inversor informaron entonces que este movimiento se debía al convencimiento de que YPF, a pesar del incendio corporativo en el que se encontraba, era una compañía sólida y con un buen potencial de crecimiento. Por su parte, los portavoces del gobierno argentino, ante, me imagino, la mirada atónita de los responsables de Repsol y me imagino que de toda la diplomacia española (o tal vez no), sacaban pecho en público porque, a su juicio, la incorporación de Slim en el accionariado de la empresa era una clara señal de confianza al mercado financiero internacional. Es decir, para ellos, aquella toma de participación representaba poco más o menos que un espaldarazo a las actuaciones del gobierno Kirchner, y de modo muy especial, respecto de la expropiación del 51% de las acciones a Repsol. Era su especial modo de implicar a Slim en el «nuevo proyecto» para YPF, que por motivos obvios, ya dejaba fuera a la multinacional de origen español y pasaba a tener ahora un socio de referencia especialmente cualificado, al menos en lo que a fortaleza financiera se refiere.

Nunca sabremos la parte oscura - que siempre la hay - de este movimiento corporativo, pero parece evidente que alguien ha jugado hábilmente y seguramente ha contado desde hace tiempo con una valiosísima información que no ha compartido con el resto de los mortales especuladores. El descalabro de la cotización de YPF a lo largo de 2012 ha sido antológico, uno de los más claros supuestos de manipulación de precios que se recuerden en los últimos tiempos, perjudicando de modo muy especial no solamente a los accionistas minoritarios, sino también a los titulares de acciones de YPF que no cotizaban en Bolsa y que no podían deshacerse de ellas fácilmente. Pero qué casualidad que la adquisición de esta nueva participación de Slim se produce en el momento exacto y oportuno, en sus mínimos históricos. Seguidamente se anunciaba el recorte del dividendo para, en teoría, reinventir parte de los beneficios en la capacidad de producción de YPF – una reserva de reinversión de más de 1.200 millones de dólares – e intentar justificar así la expropiación a Repsol, pero la cotización de los títulos quedaron ya más o menos estables tras el desplome de los últimos meses como puede verse en el siguiente gráfico.

Fuente: Yahoo Finance

Apenas cinco meses después de aquellos movimientos, parece que el dinero vuelve al capital de YPF, la cotización se recupera ante las perspectivas de estabilización de precios y una posible solución de los problemas corporativos por todos conocidos. En muy poco tiempo, la plusvalía latente de la última toma de participación en YPF del señor Slim debe superar ya los noventa millones de euros y todo apunta a que seguirá creciendo en lo sucesivo salvo nuevas y serias contingencias de última hora, que tampoco es descartable tratándose de Argentina y, de modo particular, de CFK y sus chicos, claro. No obstante, la cotización sigue encontrándose en niveles históricamente bajos y parece descartable una mayor y más pronunciada sangría de su precio.

En cualquier caso, cuando me detuve a pensar en este pasaje, del cual creo que se pueden extraer muchas enseñanzas - especulativas y no solamente especulativas -, no pude evitar recordar algunos otros episodios históricos parecidos; muchos de ellos precisamente localizados en tierras suramericanas, como cuando a principios de siglo XX las incipientes Bolsas de Santiago y Valparaíso florecían efervescentes con las emisiones de títulos vinculados a recursos mineros y naturales que, en muchas ocasiones, ante la ausencia de controles de ningún tipo y la inestabilidad política, no eran más que papeles fraudulentos, muy aptos para hacerlos subir y bajar las cotizaciones según la voluntad de unos pocos y, en el camino, socavar los ahorros de los ingenuos, que en muchas ocasiones se contaban por centenares.

Ha pasado mucho tiempo desde aquellos otros episodios, ahora los títulos incluso cotizan en Nueva York y otros índices alrededor del mundo, la regulación y los reguladores son abundantes, pero como podemos ver, en realidad no ha cambiado gran cosa. En esta ocasión, en el episodio protagonizado por YPF, el señor Slim me parece que ha demostrado saber jugar sus cartas para apuntalar su posición en una empresa que más allá del tormento político que la azota en este momento, puede tener unas perspectivas muy prometedoras en caso de que el panorama político suramericano comience a despejarse en los próximos años.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba