Mi pequeño Salottino

A un joven y notable científico

Hace unos días tuve conocimiento del particular «affaire» del Sr. Martínez Santos con instancias ministeriales a cuenta de la convocatoria anual de contratos de investigación del Programa Ramón y Cajal. A pesar de su brillante y sobresaliente trayectoria, la cual le ha hecho acreedor de diferentes distinciones y también le ha permitido investigar en centros reconocidos internacionalmente, la comisión de evaluación del mencionado programa no estimó suficientes sus méritos para proponerle como adjudicatario de uno de los contratos «Ramón y Cajal» y de ahí su sorpresa y seguramente también desazón.

Para quienes no lo sepan, el Programa Ramón y Cajal, junto con el denominado Juan de la Cierva, se diseñó hace años con la intención de facilitar el regreso a nuestros centros universitarios y de investigación de los mejores estudiosos y científicos que, por diferentes razones, se encontraban y se encuentran desempeñando labores en el extranjero. Las condiciones económicas de ambos programas hay que decir que son ciertamente buenas - de lo contrario es verdad que nadie cuerdo se acogería a esta iniciativa -, y las Universidades se habían comprometido, además, a estabilizar en plantilla a todos aquellos investigadores que obtuvieran uno de estos contratos en riguroso concurso nacional de méritos. Así, los aspirantes y ganadores de estas dos convocatorias, podemos decir que en general son lacrème de la crème científica y del pensamiento joven de nuestro país. Obtener, repito, en concurso nacional de méritos, un contrato «Juan de la Cierva» o un contrato «Ramón y Cajal», representa no solamente un reconocimiento más o menos explícito de una brillante trayectoria curricular, sino también una vía interesante para regresar a nuestro país. Y ello a pesar de que el compromiso de estabilización de las Universidades mencionado haya quedado medio truncado por la ruina económica que se cierne sobre nosotros. Tal vez el verdadero problema de fondo, entre otros.

Según he podido comprobar, el Sr. Martínez Santos ha recibido estos días muchos apoyos y gestos de solidaridad por su "no elegibilidad" para uno de esos contratos Ramón y Cajal, también le habrán solicitado entrevistas, su nombre e imagen ha circulado frenéticamente en las redes sociales y muchos han aprovechado su particular percance para hacer politiqueo. Pero siento decirle que en un par de semanas nadie se acordará de él y que por esto mismo no debería depositar gran esperanza en esas muestras de apoyo, que seguramente son muy sinceras, yo no digo que no. Su figura y protagonismo desgraciadamente se irá diluyendo y en breve, como le decía, nadie le tendrá muy presente. Y si la comisión ministerial correspondiente opta por revisar la propuesta inicial y le propone finalmente para obtener uno de los contratos Ramón y Cajal, nuestro joven científico volverá de nuevo a ser noticia, pero la polémica quedará nuevamente servida. Algunos verán en la rectificación un acto de justicia, mientras que otros muchos pensarán que el ruido y la protesta resulta más efectivo que la razón, lo cual no es tampoco muy ortodoxo y propiciaría la consiguiente irritación de quienes se consideran igual o más preparados y tampoco han conseguido un contrato. Nuestro país es así y la situación no sólo no va a cambiar a este respecto sino que empeorará notablemente en lo sucesivo.

Sobre su sinceridad y honradez en el planteamiento

En cualquier caso, he leído con atención los comentarios del Sr. Martínez Santos a las preguntas que le han hecho estos días en diferentes medios y tengo que decirle que, a pesar de alguna crítica que también ha recibido, su prudencia y sinceridad le honra. El común de los mortales no sabe lo cotizados que están hoy día este tipo de contratos y el elevado nivel de muchos de los aspirantes. Y si bien es cierto que en su caso tal vez era fácil haber adoptado un papel, si me lo permite, "victimista", contrariamente a otras opiniones, yo creo que usted no lo ha hecho y ha tenido la grandeza de ser honesto en ese sentido, reconociendo tanto la cantidad como la calidad de solicitantes en este programa de reincorporación de doctores. Lo cual nos ayuda muy bien a centrar la cuestión: gente talentosa y brillante no tiene fácil camino de retorno a nuestros centros de investigación.

Más allá de las particulares circunstancias de su caso, el episodio sirve para recordar que en la actualidad impera una especie de «reparto de miseria» a todos los niveles y puede que su pecado en realidad no sea otro que encontrarse en el lugar y momento inadecuados, es decir, que simplemente ha tenido mala suerte. En otro momento estoy convencido de que usted habría sido acreedor de uno de esos contratos, pero en el actual se abren paso otros criterios y prioridades – muchas veces no escritas - que poco o nada tienen que ver con el mérito, sino más bien con la urgente necesidad. Con este comentario no pretendo ni acusar ni excusar a nadie, sino solamente describir las circunstancias en las que nos encontramos. Alguien dirá, con buen criterio y también cargado de razón, que ni siquiera esto último es una novedad, ya que incluso en época de abundancia siempre se han dado «corruptelas» en ese sentido. Téngase en cuenta que en nuestro país, hasta procrear pronto para dar pena y generar angustia, ha sido una tradicional estrategia del meritorio. Meritorio que normalmente acaba imponiéndose en muchas ocasiones al verdaderamente talentoso, que frecuentemente termina cogiendo las de villa diego. Repito que no quiero decir con esto que esa sea la situación en concreto, porque me temo que actualmente ya ni eso, porque las circunstancias son mucho peores, por la sencilla razón de que el talento científico joven en nuestro país a ciertos niveles excede, con mucho, de las oportunidades y/o condiciones de dignidad que éste puede ofrecerle. Esto constituye un problema de muy difícil gestión que deja los antiguos nepotismos en mera anécdota.

Su posición y estrategia de vida

Con independencia del devenir del procedimiento administrativo en el que se encuentra inmerso, creo que usted y todos los que en su posición se encuentran, no deberían tampoco descartar el cierre de estos episodios cuanto antes. Incluso no deberían descartar el cierre de su periplo científico con nuestro país y centrarse en Holanda, Suiza o dondequiera que se encuentren en este momento. No olvide que en la vida uno suele ser dueño de su destino, y si bien es cierto que cualquier opción, sea de libertad o servidumbre, es perfectamente legítima, no se puede ni debe elegir conscientemente servidumbre y pretender libertad. Creo que a su edad y con su trayectoria ya sabe perfectamente lo que le quiero decir con esto último. Pero si no fuera así, tampoco tengo empacho en decirle que debe ser consciente de que en función de las decisiones que uno adopta en este ámbito, a la precariedad laboral debe añadirle la precariedad salarial, la incertidumbre sobre su carrera académica y científica, así como el inevitable paso por otros circuitos de toma de decisiones similares donde su auténtica valía puede no contar mucho. Puede incluso no contar nada. Porque en nuestro sistema, como ya debería saber a estas alturas, pesan normalmente más otros factores que ni siquiera son siempre confesables, pero ahí están.

Así las cosas, salvo que circunstancias estrictamente personales le sugieran y recomienden lo contrario, no descarte tampoco seguir en el extranjero. Sepa que cuando pase el tiempo puede que incluso ridiculice el episodio que ha protagonizado o le han hecho protagonizar. No se sienta especialmente frustrado, ni siquiera guarde rencor a los evaluadores, de quienes hay que presumir un honesto trabajo habida cuenta las circunstancias. Tenga en cuenta, además, que en caso de haber conseguido la reincorporación, más allá de la certeza de cobro por un tiempo más o menos determinado, tampoco tendría garantía de nada, podría incluso perder, como científico y hasta como persona. Y de ahí que me venga en mente un interesante libro editado por Suzanne McInteri y titulado «Great american speeches for young people» (Jossey-Bass, 2001). Entre sus páginas se encuentra una cita de Barry Goldwater, que venía a decir: "… in this World no person can guarantee anything, but what we can do and what we shall do is to deserve victory and victory will be ours". En ese mismo texto se incorpora otra cita en la que encuentro una gran enseñanza y que personalmente intento practicar a diario en la medida de lo posible: "extremism in the defense of liberty is no vice, and moderation in the pursuit of justice is no virtue". Si lo piensa detenidamente, verá que tiene todo su sentido. Mucha suerte.


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