Mi pequeño Salottino

El error de la meretriz

Hace unos días me remitieron una interesante sentencia en la que se condenaba a una prostituta y su pareja a un año y seis meses de privación de libertad (aunque con suspensión de pena) por haber sustraído a un «cliente» la cantidad de cien euros bajo amenaza.

Los hechos tuvieron lugar en la ciudad italiana de Rimini. Un joven decidió negociar con la meretriz el precio de determinados servicios sexuales, pero al no alcanzarle el presupuesto a las tarifas exigidas, optó por desistir. Cuando se disponía a marcharse, ella le retuvo y le reclamó cien euros en concepto de pérdida de tiempo en la negociación, comenzando así una discusión que se extendió el tiempo suficiente para que llegara el fidanzato, que se unió a la disputa y al reclamo de su compañera. El joven aspirante a consumar sus deseos carnales, asustado, optó entonces por abonar la cantidad e irse, pero acto seguido informó a los carabinieri de lo sucedido; éstos se trasladaron al lugar de los hechos y detuvieron a la pareja por entender que habían cometido rapina aggravata.

Más allá de la impactante reacción de la señorita y del coste de unas meras negociaciones preliminares, lo realmente interesante del caso es que durante el proceso judicial, según se indica, la escort lady (que es como se conocen a las afortunadas que entran en este segmento del gremio), para intentar convencer al juez, alegó que el joven estaba enamorado de ella, que venía molestándola desde hacía tiempo y que en realidad no tenía ninguna necesidad de robarle, puesto que en cuenta corriente dispone de 800.000 euros, fruto de su trabajo y esfuerzo. Como era de esperar, el juzgado inmediatamente remitió el extracto bancario aportado a la Guardia di Finanza - que es la unidad encargada de aclarar y determinar en Italia las cantidades no declaradas al fisco - para que procediera a verificar si la meretriz había incurrido en alguna infracción administrativa e incluso penal. Téngase en cuenta que en Italia, el límite del delito de evasión fiscal actualmente se ha reducido hasta 30.000 euros, por lo que nuestra protagonista y su representación procesal tal vez debieron haber pensado antes las consecuencias de este arrebato defensivo.

Prostitución e impuestos

El caso aquí mencionado podría pensarse que es un ejemplo aislado e incluso una rareza, pero ni mucho menos es así. De hecho, al leer la sentencia recordé una consulta que me hicieron hace ya algunos años con ocasión de la preocupación que aquejaba a otra joven de doble nacionalidad, curiosa residencia fiscal y mismos desempeños. Era tal la cantidad de dinero que había amasado en pocos años, que se estaba planteando retirarse y volver a su país. Pero como operaba en multiplicidad de destinos, tanto en América como en Europa y Asia, es decir, en sí misma era una especie de multinacional de servicios sexuales, tenía ingentes cantidades de dinero repartido por medio mundo y no sabía qué hacer. Lo único que tenía claro era que no se veía como los clásicos spallonia los que nos hemos referido en otra ocasión y que necesitaba medio organizar aquella orgía de divisas.

Pues bien, en esta misma línea, estos últimos años parece que vienen multiplicándose los supuestos de escort ladies que, bien como consecuencia de episodios tan esperpénticos como el aquí descrito, bien por la adquisición de propiedades o bienes de lujo, bien por simples «accidentes», afloran ingentes cantidades de dinero que difícilmente pueden justificar. Y cuando se les pregunta, incluso reconocen abiertamente que esas cantidades les pertenecen y que nunca han declarado nada al fisco. Así ha sido en el caso de otra joven española de solo treinta años y que también prestaba servicios en el país transalpino. Hace unos meses se le acusó de evasión fiscal al no poder justificar los cientos de miles de euros que destinó, en parte, a comprar un vehículo de lujo y una propiedad inmobiliaria en una conocida localidad turística. Con ocasión de esas transacciones se le preguntó el origen de los fondos y no supo más que reconocer que se dedicaba a la prostitución de lujo, pasando desde ese instante a formar parte también del selecto club de clientes del fisco italiano.

La cuestión es evidente que despierta no pocos interrogantes y también mucha curiosidad. Y hay que recordar que en este terreno han tenido una gran trascendencia, primero la sentencia del Tribunal de la Unión Europea, de 20 noviembre 2001, que sostuvo que la prostitución se puede encuadrar dentro de las actividades económicas de libre prestación y que consecuentemente debe sujetarse a tasación, y particularmente a  impuestos directos e indirectos, como lo son el IRPF o el IVA; y en segundo lugar, la sentencia de la Corte Suprema di Cassazione, de 1 de octubre de 2010, que establecía que los rendimientos derivados del ejercicio de la prostitución deben tributar. Desde entonces, y como consecuencia también de la crisis económica y necesidad de ingresos fiscales, el seguimiento de las actividades de estas mujeres parece haberse intensificado muy notablemente y el fisco parece haber encontrado aquí un nicho de exploración nada desdeñable.

Enseñanzas y advertencias

En la prostitución normalmente se entra por curiosidad, después se sigue por diversión y finalmente se permanece en ella exclusivamente por dinero. Y en tiempos como los que corren, quienes disponen de dinero, de liquidez, son ciudadanos muy deseados y pretendidos. El relato de la meretriz de Rimini debe servir para alertar a sus compañeras de profesión de los riesgos y peligros administrativos, penales y fiscales a que se exponen si alcanzan unos ingresos que a todas luces son impensables para la mayoría de trabajadores.

En nuestro país, aunque existen algunas diferencias, la situación que pueden afrontar las meretrices de lujo es más o menos parecida a la descrita. Hay que prestar atención a la reforma operada en el Código Penal por la Ley Orgánica 7/2012, de 27 de diciembre, y tener en cuenta que una eventual acusación por evasión fiscal puede llevar a afrontar castigo de prisión de uno a cinco años y multa del tanto al séxtuplo de la cuantía defraudada. Una prostituta que mantenga residencia fiscal en España, que acumule ingentes cantidades de dinero y que no esté al corriente de sus obligaciones tributarias, podría verse de este modo en un lío. Hasta tal punto, que el procedimiento de recaudación de la Administración ya no se suspende por el procedimiento penal que pueda incoarse, si bien es cierto que la propia legislación establece que siempre se puede regularizarla situación mediante el ingreso de las cantidades procedentes antes de que Hacienda notifique la iniciación de actuaciones de comprobación tendentes a la determinación de las deudas tributarias.

Al margen de esto, debe tenerse en cuenta igualmente que los ingresos, cuentas, bienes, derechos, etc, que eventualmente puedan tener fuera del país, también deben declararse, puesto que no son pocas las obligaciones que ahora existen al respecto. Desde la obligación de declarar al Banco de España, hasta la obligación declarar en sede de Impuesto sobre el Patrimonio, en IRPF o informar sobre bienes y derechos situados en el extranjero. También, por último, cumplimentar la Declaración de Inversiones Exteriores al Ministerio de Economía. En definitiva, una particular manera de regular el ejercicio de la prostitución en lo que verdaderamente parece ser que interesa.


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