Mi pequeño Salottino

La Tragicomedia vence a La Comedia

Hace unos días, un buen amigo de la Universidad de Almería me remitió un par de ejemplares de una interesante obra escrita por el filólogo y literato José Antonio Bernaldo de Quirós, en la cual se retoma un apasionante debate sobre una de las mejores obras literarias jamás escrita: La Celestina.

El autor abulense recupera en su «Comedia de Calisto y Melibea: Hacia La Celestina anterior a Fernando de Rojas» (Ed. Manuscritos) la revolucionaria teoría de José Guillermo García-Valdecasas, según la cual, el original de La Celestina, además de anónimo, era una obra breve e incompleta que Fernando de Rojas aprovechó para desarrollar e introducir importantes cambios. De este modo, lo que en origen era una Comedia, acabaría transformándose en la conocida Tragicomedia de Calisto y Melibea, que sigue siendo el formato que se despacha en las librerías de todo el mundo.

Esta teoría, profundamente argumentada por García-Valdecasas y cuyos detalles se encuentran desarrollados originariamente en el trabajo «La Adulteración de La Celestina» (2000, Ed. Castalia), representa una de las aportaciones literarias más geniales e importantes de las últimas décadas. Una obra que, unida a la recuperación de la ópera de Calderón de la Barca «Celos, aun del aire matan» y al descubrimiento del manuscrito «El cántico espiritual» de San Juan de la Cruz, hacen de García-Valdecasas una referencia en lo que a recuperación de nuestro patrimonio histórico-artístico y literario se refiere.

El triunfo de la Tragicomedia

Es cierto que la Tragicomedia ha sido universalmente considerada como una obra maestra, pero como sostienen los autores aquí mencionados, ello se debe a que el original es de tal magnificencia que incluso los añadidos de Fernando de Rojas la dejan indemne. Efectivamente, la Tragicomedia venció a la Comedia, pero no se puede decir que dicho triunfo se base exactamente en los gustos de la gente, sino en las preferencias y decisiones de las oficinas editoriales, que son en definitiva quienes siempre deciden la versión que se debe vender. Esta es una práctica, un modus operandi, que por desgracia se encuentra muy presente en nuestras sociedades y que va más allá de la mera producción literaria, explicando otros muchos postizos o resultados apócrifos de mayor o menor intensidad repartidos por diferentes artes y ramas del saber, alcanzando incluso a las finanzas o la Ciencia.

En cualquier caso, en lo que a nosotros nos interesa aquí, creo muy sinceramente que los esfuerzos esclarecedores sobre La Celestina no pueden pasar inadvertidos y después de leer este nuevo trabajo, no me resisto a sugerir a todos aquellos que estén pensando en concretar  sus respectivas citas literarias para este inminente verano, que tengan en cuenta que La Celestina merece sobradamente un encuentro. Tanto «Comedia de Calisto y Melibea: Hacia La Celestina anterior a Fernando de Rojas» de hace unos meses, como el estudio «La Adulteración de La Celestina» de hace ya años, son opciones que no les dejarán indiferentes. Y no lo harán porque más allá del interés intelectual y literario que despiertan los postizos de La Celestina, hay que recordar que cualquier reencuentro con «los Pármenos y Sempronios», «las Elicias y Areusas», con esos personajes que no piensan ni ven más allá del beneficio inmediato, que tampoco se detienen a pensar seriamente sobre las consecuencias de sus actos u optan por ignorar la realidad para terminar pagando un sustancioso precio, además de extraordinariamente sugestivo, resulta de una rabiosa y diría que incluso escandalosa actualidad.

La Celestina es una obra magistral e intemporal, un texto que proyecta su huella por la literatura más culta, refinada y explicativa, procurándonos a sus lectores todo un reguero de claves interpretativas tremendamente útiles también para nuestras vidas. Y precisamente por esto espero que aquellos que se animen a tener nuevamente una cita con ella, la disfruten y se sientan también libres de encontrar paralelismos con pasajes cotidianos. No oculto que el título elegido para este artículo no es casualidad, por supuesto que tiene su parte de intencionalidad.

Twitter: @JJGAlonso


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