Mi pequeño Salottino

The Company Men

La industria cinematográfica estadounidense suele adelantarnos escenarios futuros con notable acierto y también suele reaccionar con rapidez ante eventuales fatalidades acaecidas en la vida real. Es evidente que allí se dispone, no solo de mayor capacidad para asumir cualquier desafío, sino de más y mejor información que en ningún otro sitio del mundo, siendo común y habitual, que productores, guionistas y otros partícipes del negocio, interaccionen con las principales empresas y cabezas del país - ésas que trabajan en diseñar nuestras vidas y comportamientos -, recopilando información y datos que acaban convirtiéndose en guiones cinematográficos. Ello explica que en muchas ocasiones veamos en la gran pantalla lo que está aconteciendo a nuestro alrededor, lo que acaba de acontecer, y también aquello que sucederá en el corto o medio plazo.

Las producciones sobre la crisis que vivimos, como era de esperar, no ha sido una excepción. Y en este sentido, hacía tiempo que quería dedicar una columna a esos trabajos, y de modo muy particular, a la película The Company Men (John Wells, 2010). La cinta de John Wells, que les sonará a muchos por su trabajo en la conocidísima serie El Ala Oeste de la Casa Blanca, a mi juicio es la mejor película que Hollywood nos ha procurado hasta ahora sobre el cataclismo financiero que provocó el hundimiento de Lehman Brothers. En ella veo un excelente tratamiento de la información, experiencia real y una gran honestidad en el guión, que se acompaña de gran maestría en el montaje.

Otras cintas y documentales le precedieron, como Wall Street: el dinero nunca duerme (Oliver Stone, 2010), de la que tal vez haya que destacar el esfuerzo por describir un tipo muy determinado de perfiles que abundan en este mundo de las finanzas, también Los últimos días de Lehman Brothers (Michael Samuels, 2010), de gran valor informativo, Inside Job (Charles Ferguson, 2010), que aparece en el momento perfecto para convertirse en todo un éxito por la demanda creciente de información en el mundo para comprender qué estaba sucediendo, así como  Margin Call (J.C. Chandor, 2011), de la cual habría que destacar muchas cosas interesantes, siendo memorable aquella escena en la que el protagonista, cuando busca a su superior recién despedido, exclama dentro del taxi: «Mira esa gente, haciendo su vida tranquilamente sin la menor idea de lo que va a pasar». Cualquiera que en algún momento de su vida haya trabajado para una gran empresa de servicios legales o financieros, encontrará muy familiar toda la trama en la que, dicho sea de paso, Kevin Spacey y Jeremy Irons están fantásticos en sus papales respectivos.

En The Company Men, en cambio,no encontramos un enfoque esencialmente financiero o al menos éste se suaviza bastante. La película nos ofrece un relato que complementa y seguramente mejora los anteriores. John Wells apuesta por una historia en la que la repentina reestructuración de una gran compañía naval lleva directamente al desempleo a miles de trabajadores. La súbita toma de decisiones por parte del responsable de la compañía ante las perspectivas derivadas por una enorme recesión y la «obsoleta» gran industria pesada norteamericana, impacta directamente en la vida de miles de empleados, escenificándose de modo muy concreto sus efectos en tres familias. En un matrimonio agotado e infeliz que sólo se mantiene por el nivel económico que les permite la empresa (el de Tommy Lee Jones); otro matrimonio venido a menos y que entra en barrena ante la desesperación de uno de los ejecutivos por la incertidumbre frente a la compañía (el de Chris Cooper); y un tercero, el más joven, que iba claramente a más por la expectativa triunfal que permití un puesto directivo en una gran empresa (el de Ben Affleck).

Ante el cataclismo financiero y la adopción de aquellas decisiones, en la empresa naval se desatan toda una serie de discrepancias internas sobre los puestos, entre quienes se ven puenteados en la toma de decisiones y quienes se resisten a abandonar sus cargos directivos para volver a planta de producción o deslocalizaciones, porque son conscientes de la rebaja salarial que ello conlleva. Quienes directamente son despedidos  no tienen nada que alegar ni defender y se limitan a la resignación. Aparecen entonces los hijos, las hipotecas y el tren de vida que hasta entonces habían llevado plácidamente al sentirse seguros y a resguardo bajo una gran marca. Los despidos entonces se cuentan a su alrededor por centenares, miles, y en la superposición de historias nadie está a salvo, ni siquiera aquellos que han dedicado sus vidas a la compañía. Quedan así a la luz, algunas de las peores miserias humanas en un contexto de autoprotección o salvación. Una frase del presidente del consejo de administración vendría a resumirlo todo: «No somos responsables, ahora trabajamos para los accionistas»

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Quienes se ven abocados a reiniciar sus vidas pasan entonces por una importante penitencia para encontrar trabajos equivalentes a los realizados hasta el momento - que es lo que esperan -, pero el cataclismo, que se torna devastador con estos perfiles, no tiene especial incidencia en las altas esferas de la compañía, que siguen contando su cartera de acciones por millones, asistiendo a lujosos eventos sociales y participando en fiestas y ceremonias de autobombo. Todo ello queda perfectamente reflejado en la cinta, donde también se ilustra cómo esas estructuras propician todo tipo de abusos y excesos, encaminados la mayoría de ellos a alcanzar la cúspide de la empresa cuanto antes y a costa de lo que sea y de quien sea, sabedores todos que desde allí arriba las posibilidades de desgracia total son menores. Un esquema que, no nos engañemos, se reproduce en otros ámbitos, porque lo importante no es el talento, las ideas o la capacidad de trabajo, sino ocupar el sitio lo suficientemente elevado para, desde allí, no sólo cubrirse de eventuales fatalidades, sino hacer y disponer como se considere oportuno. Incluso en los peores momentos.

En definitiva, habrá quienes piensen que el argumento de The Company Men ya está muy manido, que no representa especial novedad e incluso que el ritmo de la película no es el adecuado. A mi modo de ver, en cambio, estamos ante una producción extraordinaria. Y lo es por muchos motivos, siendo tal vez el más importante de todos la habilidad que han demostrado guionistas, director y protagonistas, para sintetizar en algo más de una hora y media, todos y cada uno de los elementos y episodios que acompañan y/o desencadenan un desastre financiero. En esta ocasión, huyendo del fácil y algo reduccionista argumento/escenario de Wall Street y centrándose en las relaciones personales dentro de la compañía que afronta el desastre y sus secuelas en las familias. Aquí es donde, muy discretamente, también Kevin Costner aparece con un papel interesante y conseguido. Como humilde albañil, padre de familia, crítico con el nuevo rico financiero y persona que nunca se prestó a excesos, pero que acaba cobijando y ofreciendo trabajo al principal damnificado tras un insufrible periplo en busca de un empleo acorde con su formación y experiencia que casi mina completamente su persona. Ben Affleck termina así rindiéndose ante la evidencia y tiene que aceptar que ante la imposibilidad de satisfacer su expectativa, debe contentarse con aprender a poner ladrillos en una pequeña empresa familiar y en la que curiosamente termina por comprender muchas cosas e invertir también su escala de valores.

The Company Men, en resumidas cuentas, por esa gran capacidad de síntesis, por su ajustado guión a la realidad y por su original enfoque en las familias y en las relaciones personales, como se ha apuntado más arriba, seguramente es una de las mejores películas que hasta la fecha se ha realizado sobre lo acontecido en el mundo a partir de aquel fatídico 15 de septiembre de 2008. Como sucede con otras grandes producciones, desde que comienza no hay una sola escena en la que uno no podría detenerse y escribir páginas y páginas sobre ella; y cuando uno tiene la sensación de que, efectivamente, cada escena daría para horas análisis, reflexión y debate, es claro que está ante un buen producto que encierra importantes enseñanzas.


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