Mi pequeño Salottino

Roland Berger, Oliver Wyman y el cabrero de Sierra Morena

Llevaba escasamente dos semanas en Garrigues&Andersen cuando un ingenioso compañero de despacho me contó un chiste de esos que le permiten a uno conocer la esencia de muchos trabajos que desarrollan las grandes empresas de servicios y consultoría.

Resulta que un cabrero andaba pastando su ganado por Sierra Morena cuando ve acercarse a lo lejos a un tipo bien trajeado, portando un maletín, agobiado y agitado al paso, mientras consultaba insistentemente un dispositivo móvil. El pastor, extrañado por semejante irrupción en el paisaje, volvió la mirada hacia su perro pretendiendo encontrar en él alguna explicación, pero el canino ni se inmutó. Se giró nuevamente y comprobó que el tipo seguía acercándose, por lo que estaba claro que se dirigía hacia él y que en breve le alcanzaría:

-          Buenos días. Vengo a hacerle una propuesta.-          Dígame usted. – Respondió sorprendido el cabrero.-          Le apuesto 50.000 euros a que puedo calcularle en 2 minutos el número de cabras total que tiene usted. Eso sí, diferenciando las monocolor, las bicolor, las de leche, las embarazadas, si hay alguna enferma, cuales tienen más de 3 años, etc…

Nuestro cabrero pensó que el tipo estaba delirando, ni siquiera pensó que la propuesta era seria, por lo que aceptó el reto seguro de que fracasaría en el intento. El misterioso sujeto sacó entonces su laptop, otro par de utensilios y como se había propuesto, en 2 minutos le pasó la hoja de excel al cabrero un desglose exacto de su ganadería.

El cabrero, al tiempo que le mostraba su asombro frunciendo el ceño, le replicó: ¿Y qué tal si apostamos 100.000 euros a que sé dónde trabaja usted? El joven pensó que era imposible que semejante persona conociera la firma para la que él trabajaba, por lo que aceptó la contraoferta.

-          Usted trabaja en Garrigues&Andersen – Afirmó tajante el señor ganadero.

El joven quedó tan absolutamente perplejo y noqueado, que incluso la Palm (en aquellos tiempos existía este dispositivo) se le cayó al suelo.

-          ¿Cómo es posible que usted sepa tal cosa? Preguntó.-          Es muy sencillo. En primer lugar, usted vino sin que yo le llamase. Seguramente vino por indicación de alguien. Además, en realidad no me ha dicho nada que yo no supiera. Y encima pretendía cobrarme – Respondió el pastor.

Con matices, aunque en realidad muy pocos, esto es exactamente lo que han hecho Oliver Wyman y Roland Berger con su nuevo test de estrés a nuestro sistema financiero-inmobiliario. Venir por indicación de alguien, decirnos lo que todos sabemos y encima cobrar la friolera de 2 millones de euros sin que se aclare con precisión el sistema de contratación efectuado. Téngase en cuenta, además, que el recurso a las metodologías en este tipo de trabajos en realidad encierra una técnica tan extendida como ignominiosa para, al final, decir todo y en realidad no decir nada. Todo, absolutamente todo, es hipotético.

Por último, me veo en la obligación de pedir disculpas si usted ya conocía el chascarrillo. Este en concreto o alguna variante del mismo, que las hay. También si esperaban un artículo más serio, profesional y refinado; pero les mentiría si les dijera que no pienso en este momento que todo esfuerzo serio, profesional y riguroso, encaminado a explicar lo que está sucediendo, en realidad es menos efectivo que los recursos humorísticos. No veo más capacidad explicativa en los informes de Oliver y Benji, el FMI u otros organismos nacionales o internacionales, que en cualquier improvisado sainete o, por ejemplo, este dibujo de Chumy Chúmez que me recordaba el otro día un buen amigo mientras paseábamos por Bolonia.

Pasen todos ustedes un feliz fin de semana. Yo, por mi parte, me retiro unos días a oxigenarme a la vieja ciudad romana de Volubilis para intentar encontrar por allí nuevos elementos de inspiración e incluso de racionalidad.


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