Mi pequeño Salottino

Repensar y reconstruir Venezuela

Al escribir este breve artículo era perfectamente consciente de que aportar algo nuevo o interesante sobre la situación que atraviesa el país caribeño es algo más que complicado. El pasado y, sobre todo, el presente de Venezuela, es ya lo suficientemente conocido como para tener algo que añadir o aportar a todo lo ya dicho, escrito o tratado. Pero me gustaría aprovechar los comicios de este fin de semana para señalar unas breves consideraciones, manifestar la necesidad de cambio que urge en el país y, sobre todo, mostrar mi más absoluta solidaridad con aquellos que viven entre la angustia y la desesperación ante la incertidumbre y progresivo deterioro de la convivencia.

Venezuela lleva inmersa mucho tiempo, demasiado, en un proceso político que, en los términos empleados por el lúcido tratadista boliviano, Jorge Lazarte, no ha hecho más que provocar un completo derrumbe de la res publica. Y las víctimas de este proceso no han sido solamente las instituciones representativas, que allí ya no existen, sino los ciudadanos mismos. Centenares de miles de venezolanos huidos por todo el mundo, decenas de miles de personas malogradas por la incesante violencia que atemoriza a diario a las gentes de bien y millones de vecinos abocados al enfrentamiento real o virtual como consecuencia del dogmatismo ideológico y la ceguera política de quienes un día alcanzaron el podery no han sabido administrarlo más que en perjuicio de sus propios ciudadanos.

Esto ha sucedido como consecuencia de una serie de factores que no se pueden desarrollar aquí porque nos excederíamos del espacio atribuido a un artículo de esta naturaleza, pero no podemos dejar de culpar principalmente al programa político e ideológico desplegado en Venezuela en la última década. Un programa que ha sido tan intenso que no solamente se ha convertido en una de las más insensatas y peligrosas quimeras, sino que ha terminado por separar nítida y radicalmente a los ciudadanos. Por un lado, quienes han quedado abducidos por ese programa o de él viven, y por otro, quienes muestran sus dudas o rechazo al mismo. Es decir, entre quienes han sido engullidos por el sofisma socialista tan artificiosamente elaborado y quienes de un modo otro, sin identidad ni afiliación política específica, han quedado aislados en la defensa del libre albedrío más elemental. Esto no puede continuar así.

Los comicios del 7 de Octubre

Todo observador mínimamente honesto y crítico sabe que los gobiernos surgidos y consolidados del modo descrito anteriormente no pueden mantenerse en el poder mucho tiempo por medios honestos, por lo que la propaganda, el cainismo y, sobre todo, las adulteraciones electorales se convierten en algo consustancial al sistema edificado y larvado durante tanto tiempo, constituyendo de este modo una barrera terriblemente fatigosa para quienes aspiran algún día a ser alternativa de gobierno.

Es por esto último por lo que considero especialmente meritoria la candidatura y, sobre todo, la campaña del candidato de la oposición, Henrique Capriles; del cual podría decirse que ya ha ganado estas elecciones. Y lo ha hecho porque ha sido capaz de sobreponerse a un ambiente terriblemente adverso, así como de adaptarse a unas circunstancias electorales que a todas luces se muestran atípicas y desfavorables. Le he seguido estas semanas y admito que nunca he visto a nadie trabajar tanto en un proceso electoral como le he visto hacerlo a él. Es digno de elogio y reconocimiento. Y ello, con independencia, tanto del resultado electoral del domingo, como de que a la postre resulte un buen o mal gobernante para su país.

Su hipotética victoria, a mi juicio, constituiría uno de los acontecimientos electorales de la década. Tendría incluso más trascendencia que el resultado de las próximas elecciones en Estados Unidos y que en cualquier otro país del mundo. En primer lugar, porque la posibilidad de cerrar el experimento socialista impulsado por el actual presidente supondría una gran esperanza para millones de ciudadanos que viven atrapados desde hace demasiado tiempo entre el hartazgo y la falta de libertades muy elementales; y en segundo término, porque supondría el principio del fin de esa mala copia del viejo COMECON que algunos han pretendido desarrollar desde Caracas y que tanto daño ha provocado también a la convivencia pacífica en muchos países del entorno.


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