Mi pequeño Salottino

Panamá: Tax Friendly Country

Panamá viene siendo desde hace años, sinónimo de construcción, transporte marítimo, opacidad societaria, baja fiscalidad y desarrollo financiero. Y lo cierto es que a partir de las 6:00 a.m., el ruido en muchos puntos de la ciudad resulta ensordecedor como consecuencia de la edificación de los rascacielos que se siguen levantando a lo largo y ancho de ella. A las modernas torres que se han construido en las últimas décadas en la capital, ahora se une la construcción de centros comerciales, ampliación de carreteras y calzadas, las obras del metro, la comentadísima construcción del tercer juego de esclusas del canal y un sinfín de proyectos que se encuentran en este momento en fase de ejecución tanto en Ciudad de Panamá como en otras localidades de interior.

Mario, un joven de zaragozano que lleva cinco años en el país, nos lo encontramos en el lujoso edificio yoopanama (diseñado por Philipe Stark)acompañando a varios inversoresy nos dice que se trasladó a Panamá por las condiciones laborales que ofrece el país y por la falta de expectativas en España. Fue de los primeros en abandonar la península y durante este tiempo ha visto a muchos compatriotas transitar por aquí. Algunos se quedan, otros regresan. A todos los que llegan no les va bien porque a veces no saben ni a qué dedicarse, dice. Él, por su parte, está intermediando en el creciente negocio de construcción de las denominadas viviendas preferenciales que patrocina el gobierno. Ya conoce a las principales personalidades y empresas que operan en la ciudad y es habitual encontrarlo en los lugares que frecuentan los intermediarios nacionales e internacionales del rubro. Todos acuden al distrito financiero y pasean también por los centros de construcción de rascacielos, donde interaccionan abogados, financieros, prestamistas y otros empresarios.

A Panamá llegó también hace poco Carmen, una joven de Navarra que parece esforzarse en demostrar que está muy poco interesada en relacionarse con nadie. Se dedica a la arquitectura y está vinculada a una familia influyente en la ciudad. Por las razones que sólo ella sabrá, necesita obtener su residencia en el país cuanto antes y de ahí que presione a su abogado de modo insistente y, a mi modo de ver, inadecuado. Sobre todo tratándose de una recién llegada, lo cual demuestra que tiene mucho que aprender todavía. Todo lo contrario que el gaditano SergioPérez,que ha residido en Panamá desde hace algo más de un año y en estos días vuelve a Algeciras. Aquí ha trabajado como project manager en Maersk, una de las principales compañías del mundo. Su regreso a España le produce una sensación agridulce y se muestra algo apesadumbrado porque me imagino que es consciente de que el cambio no es una buena noticia ni para su bolsillo ni seguramente para su carrera profesional. Tampoco para sus inquietudes, porque una breve conversación es suficiente para detectar el enorme grado de comprensión y conocimiento que sobre el país e Iberoamérica en general ha alcanzado. Sus amistades y contactos nacionales e internacionales se cuentan por decenas y no esconde su indignación por el hecho de que, ante la pujanza económica, social, cultural y de todo tipo, experimentada por Iberoamérica, España no haya convertido la región en una auténtica prioridad estratégica. Se trata de un tema tan interesante, que su desarrollo lo dejaremos para otra ocasión.

Por otro lado, a Frank Antinori nos los encontramos en un evento social organizado por la marca Audi y en el que abundaban personalidades del mundo empresarial panameño e incluso diplomáticos alemanes. Estupendos canapés, Moët & Chandon en cantidad, música en directo, gente fina y elegante. Él es local, pero descendiente de españoles e italianos.Creó su propia firma hace décadasy se dedica al asesoramiento financiero, patrimonial y fiscal. Comenta que en todo este tiempo, en Panamá no solamente no se ha sentido la crisis global, sino que todo apunta a que ha sacado claramente provecho. Algo que se explica por diferentes factores, pero sobre todo, según dice, por la capacidad que ha tenido el país para generar confianza y atraer capitales e inversión de otros lugares en los que éstos se veían en riesgo. Como sucede con otros muchos ciudadanos, en su percepción se denota un importante optimismo en relación al país y casi incredulidad ante la transformación experimentada estos últimos años.

Partícipes de este optimismo son también Pura Campoverde y Aleph Noboa; ella es panameña y se dedica al asesoramiento corporativo, mientras que él es originario de Israel y hace unos meses decidió mudarse de Nueva York e instalarse definitivamente en Panamá. Desde su recién estrenado apartamento en la lujosa Venetian Tower, se muestra convencido de que el país, a pesar de todo lo ya desarrollado, tiene recorrido, seguirá creciendo y facilitando abundantes oportunidades de negocio. Y en esa misma línea se expresa también Franco,un señor italiano curtido en su infancia en la Nueva York de los años setenta, que se trasladó a Venezuela en los ochenta, desde donde huyó en cuanto Hugo Chávez venció en las elecciones. Tras un breve periodo en Costa Rica, dice que decidió instalarse también en Panamá porque veía en el país el escenario perfecto para desarrollar el comercio de componentes navales, que es a lo que se dedica. Al estar establecido en zona portuaria, comenta que no paga ningún tipo de impuestos gracias al régimen especial de que disfruta, pero factura más de 3 millones de dólares anuales y emplea a una decena de ciudadanos panameños, a quienes también cubre sus cotizaciones sociales.

Perspectivas y otras consideraciones

Sobre Panamá se ha hablado mucho y se seguirá hablando bastante en lo sucesivo. No son pocos los analistas que llevan tiempo vaticinando el colapso de su economía como consecuencia del desmesurado crecimiento del parque inmobiliario. Un sector que muchos no dudan en calificar como salvaje burbuja en un entorno importante de corrupción. Pero lo cierto es que a pesar del vértigo que puede generar esa situación inmobiliaria, también que firmas como HSBC y BBVA incluso hayan abandonado el país tras la venta de sus respectivas filiales, así como las afirmaciones contenidas en algunos informes de organismos y foros internacionales como el World Economic Forum, que apunta fuertes turbulencias en su economía, lo cierto es que a la fecha, las perspectivas de Panamá no parecen ir precisamente en esa dirección.

Con un sistema económico anudado claramente a los extraordinarios ingresos y la economía que genera el Canal de Panamá, un sistema tributario atractivo para las empresas y el comercio, una regulación societaria que sigue permitiendo el diseño de estructuras empresariales para desarrollar negocios dentro y fuera del país y un marco migratorio igualmente atractivo para profesionales de alta dirección, es evidente que en Panamá, más allá de las críticas sobre corrupción, en los últimos años se ha desarrollado un hábitat que, en la pretendida senda marcada por Singapur, resulta innegablemente atractivo y prometedor incluso a pesar de las dudas. Sin ir más lejos, este marco jurídico y empresarial, es el que ha facilitado que más de un centenar de multinacionales hayan decidido instalarse en el país en los últimos años, trasladando así a su economía no solamente infraestructura y recursos, sino también ejércitos de directivos y trabajadores cualificados que acceden a un régimen fiscal muy favorable como el que procura el expats o el visado sem. De hecho, se estima que desde la aprobación de la Ley 41 de 2007 (modificada por la Ley 45 de 2012), al país han llegado más de tres mil ejecutivos de decenas de empresas que han optado por instalarse aquí. Si a todo esto le añadimos que las previsiones de crecimiento se sitúan por encima del 7% y que el desempleo parece estabilizarse en poco más del 4% para el próximo trienio, no nos queda más remedio que ser optimistas respecto de la marcha del país, aunque ya saben ustedes también lo que puede y suele suceder, cuando todo apunta a un optimismo desmesurado.

En cualquier caso, creo que para el correcto análisis de la situación, debe tenerse en cuenta también que en la actualidad las autoridades panameñas están intentando impulsar igualmente el Centro de Conciliación y Arbitraje, mediante el Proyecto de Ley nº 578, sobre Arbitraje Comercial Nacional e Internacional, con la idea de que el país se convierta en breve en el mayor centro de conciliación y arbitraje empresarial de la región. Se trata obviamente de un complemento perfecto al modelo de economía que se ha venido impulsando estos años y que debería discurrir en paralelo con un reforzamiento y mejora de otros ámbitos institucionales para que progresivamente mejore también la calidad institucional y democrática en el país, tal y como apunta Bloomberg en una reciente nota.

No es un tema menor éste último, porque, en definitiva, Panamá, que está en curso electoral, al margen de los avances económicos experimentados en este tiempo, sigue presentando unas tasas considerables de desigualdad, por lo que tiene por delante el reto de seguir demostrando que la libertad económica acelera la creación de clases medias y mejora también los niveles de desigualdad social. Debe demostrar a los países de su entorno y también al mundo, que el éxito de una sociedad sobre la base de la libertad económica es posible y que a esa libertad económica le debe acompañar la mejora de la calidad democrática e institucional. La precaria situación que atraviesan países cercanos como consecuencia, entre otras cosas, de erráticas y disparatadas políticas económicas e institucionales, beneficia también, y mucho, a Panamá, pero este país, además de seguir siendo un cobijo de empresarios y ciudadanos, como pueda ser el caso de venezolanos o argentinos, debe consolidar en los años sucesivos su atractivo como plataforma mundial de negocios y comercio, a la vez que mejorar sus estándares en lo que a corrupción se refiere y calidad democrática se refiere. Esto último seguramente sea el gran desafío.


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