Mi pequeño Salottino

MIAU

«(…) Lo que sacaba de quicio a Pantoja era que su amigo preconizara el income tax, haciendo tabla rasa de la Territorial, la Industrial y Consumos. El impuesto sobre la renta, basado en la declaración, teniendo por auxiliares el amor propio y la buena fe, resultaba un disparate aquí donde casi es preciso poner al contribuyente delante de una horca para que pague. La simplificación, en general, era contraria al espíritu del probo funcionario, que gustaba mucho personal, mucho lío y muchísimo mete y saca de papeles. Y por último, algo había de recelo personal en Pantoja, pues aquella manía de suprimir las contribuciones era como si quisiesen suprimirle a él. Sobre esto discutían acaloradamente, hasta que a los dos se les agotaba la saliva. Y cuando Pantoja tenía que salir, porque le llamaba el Director y se quedaba Villaamil solo con los subalternos, éstos se distraían y solazaban un rato a cuenta de él, distinguiéndose el cojo Guillén por su intención maligna.

- Dígame, don Ramón ¿por qué no publica usted su plan para que lo conozca el país?

- Déjame a mí de publicar planes. Sí; buen caso me haría ese puerco país. El Ministro los ha leído, y les ha dado un vistazo el Director de Contribuciones. Como si no… Y no es la dificultad de enterarse pronto, porque en las Memorias que he escrito he entendido: primero, a la sencillez; segundo, a la claridad; tercero, a la brevedad.

- Yo creí que eran muy largas, pero muy largas – dijo Espinosa con gravedad -. Como abrazan tantos puntos…

- ¿Quién le ha dicho a usted semejante cosa? (enfadándose) Si casa uno no abraza más que un punto, y son cuatro. Y basta y sobra. Ojalá no me hubiera ocupado de escribirlas. Bienaventurados los brutos…

- Porque de ellos es la nómina de los cielos… Bien dicho, señor don Ramón – observó Argüelles, mirando con ojeriza a Guillén, a quien detestaba -. A mí también se me ocurrió un plan; pero no quise darlo a la luz. Más cuenta me tenía componer el solo de trompa.

- Eso, toque usted la trompa, y déjese de arreglad la Hacienda, que al paso que va, pronto, ni los rabos. Mira usted, amigo Argüelles (parándose ante la mesa del caballero de Felipe IV, la capa terciada, la mano derecha muy expresiva). Yo he consagrado a esto mi experiencia de tantos años. Podré acertar o no; pero que aquí hay algo, que hay una idea, no puede dudarse. (Todos le oían con gran atención) Mi trabajo consta de cuatro Memorias o tratados, que llevan su título para más fácil inteligencia. Primer punto: Moralidad.

- Muy bien. Rompe plaza la moralidad, que es lo primero.

- Es el fundamento del orden administrativo. Moralidad abajo, a izquierda y a derecha. Segundo punto: income tax.

- Que es la madre del cordero.

- Fuera Territorial, Subsidio y Consumos. Lo sustituyo con el impuesto sobre la renta, con su recarguito municipal, todo muy sencillo, muy práctico, muy claro; y expongo mis ideas sobre el método de cobranza, apremios, investigación, multas, etc… Tercer punto: Aduanas. Porque, fíjense ustedes, las Aduanas no son sólo un arbitrio, son un método de protección al trabajo nacional. Establezco un arancel bien remontado, para que prosperen las fábricas y nos vistamos todos con telas españolas.

Superior de Holanda… Don Ramón, Bravo Murillo era un niño de teta… Siga usted.

- Cuarto punto: Unificación de la Deuda. Recojo todo el papel que anda por ahí con diferentes nombres: Tres consolidado, Diferido, Bonos, Banco y Tesoro, Billetes hipotecarios, y los canjeo por un 4 por 100, emitido al tipo que convenga… Se acabaron todos los quebraderos de cabeza.

- Sabe usted más, don Ramón, que el uy marrano que inventó la Hacienda.

(coro de plácemes. El único que callaba era Argüelles, que no gustaba reírle mucho la gracia a Guillén)

- No es que sepa mucho (con modestia); es que miro las cosas de la casa como mías propias, y quisiera ver a este país entrar de lleno por la senda del orden. Esto no es ciencia. Es buen deseo, aplicación, trabajo. Ahora bien: ¿ustedes me hicieron caso? Pues ellos tampoco. Allá se las hayan. Llegará el día en que los españoles tengan que andar descalzos y los más ricos pedir para ayuda de un panecillo…; digo, no pedirán limosna, porque no habrá quien la dé. A eso vamos. Yo les pregunto a ustedes; ¿tendrá algo de particular que me restituyesen a mi plaza de Jefe de Administración? Nada ¿verdad? Pues ustedes verán todo lo que quieran; pero eso no lo han de ver. Vaya, con Dios.

Salía encorvado, como si no pudiera soportar el peso de la cabeza. Todos le tenían lástima; pero el despiadado Guillén siempre inventaba algún sambenito que colgarle a la espalda después que se iba.

- Aquí he copiado los cuatro puntos conforme los decía: señores, oro molido. Venga acá. ¡Qué risa, Dios!, Vean, vean los cuatro títulos, escritos uno bajo el otro:

          Moralidad

          Income tax

Aduanas

Unificación de deuda

Juntadas las cuatro iniciales resulta la palabra MIAU.

Una explosión de carcajadas retumbó en la oficina, poniéndola tan alegra como si fuera un teatro.»

Durante el mes de abril de 1888. Diez años antes del desastre.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba