Mi pequeño Salottino

Especular a golpe de tweet

Hace unos días, un tal Tyler Durden, escribió en un sitio web frecuentado por especuladores bursátiles y seguidores de noticias económicas, un interesante artículo titulado «Trading Twitter: where noise becomes signal». El autor se refiere allí al poder creciente de la red social para mover los mercados como consecuencia de su capacidad para «hacer ruido», también para crear tendencias e incluso llamar la atención sobre determinados activos o títulos.

El planteamiento podría parecer un tanto reduccionista e incluso poco serio. No en vano, estamos hablando de miles de millones de dólares, euros o cualquier otra divisa, que cotizan y se mueven a diario en los mercados organizados y cabría esperar algo más sofisticado e incluso más serio o «científico», pero lo cierto es que la realidad de los mercados financieros tampoco es tan diferente a la de cualquier otro sector como, ahora, ya casi todo el mundo sabe. De hecho, no son precisamente pocas las anécdotas o episodios que vendrían a confirmar o avalar el planteamiento apuntado por Tyler Durden. De hecho, personalmente no tengo empacho en admitir que sintonizo con la opinión de que Twitter tiene ya una gran utilidad para captar esas tendencias, señales e incluso, en muchas ocasiones, para advertir oportunidades inmediatas de especulación.

De Maruja Torres a Jim Cramer, pasando por la quimera del Oro

Para dar prueba de ello, basta mencionar que una de las mejores señales especulativas del año en nuestro país la ha protagonizado en la citada red social alguien tan ajeno al mundo de la especulación y las finanzas como Maruja Torres. Desde que a principios de agosto de 2013 hizo pública en Twitter la ruinosa venta de las acciones de Prisa que poseía, los títulos se han revalorizado casi un 300%, pasando de 0,16 euros hasta los actuales 0,47 euros. Es decir, la desesperación de la conocida escritora por la caída del precio de sus acciones, algunos podrían entender que era suficiente para comprender que venía un alza inminente. Poco científico y racional planteamiento, dirán algunos. Claro, pero como en otras muchas ocasiones, señales de desesperación como la mencionada, han precedido importantes reacciones al alza de las cotizaciones.

Otro ejemplo de señal de especulación lo ha protagonizado el conocido economista observador José Carlos Díez, puesto que desde que el 5 de junio pasado opinara contundentemente en el diario CincoDias que si él tuviera acciones de Bankia, las vendería, y así se «tuiteó» por el prestigioso periódico económico, los títulos del engendro financiero ya casi duplican su cotización, superando el euro por acción, con unos volúmenes de negociación más que considerables. Alguien pensará, entonces, que aunque la conclusión parezca nuevamente poco racional y científica, aquella afirmación era suficiente para saber que había llegado el momento de arriesgar unos ahorros y ganar unos euros, o muchos, con las acciones de Bankia. El proceso o razonamiento es similar a la posición que uno debía adoptar cuando hace ya algún tiempo, todos se ponían de acuerdo para empujar la cotización de Bankia en su infame colocación bursátil. Era claro que había que huir de aquello como de la peste y ya tuvimos ocasión de explicarlo en este blog. Téngase en cuenta que, por entonces, incluso la hoy Presidenta de la CNMV medio recomendaba la compra de acciones de esa compañía cuando cotizaba en los 1,17 euros. Un precio que no se corresponde con los niveles actuales puesto que era previo a las operaciones «split» y su hundimiento total hasta casi 0 euros.

Hay muchos más ejemplos. Me viene en mente otro clásico difícil de olvidar como es el protagonizado por el showman  Jim Cramer, que aunque acierta de vez en cuando, su «No Spain no Gain» de finales de 2007 debería pasar a los anales del fabuloso mundo de la especulación bursátil para que la gente tome conciencia del grado de fiabilidad de quienes en este mundo interaccionan a pesar de estar constantemente en los medios de comunicación e incluso en algunos casos, condicionando las medidas de política económica de un país. Creo que no hace falta recordar lo que sucedió en los mercados españoles, y muy especialmente con el sector financiero, unos meses después de aquella anécdota escenificada por el chamán de la CNBC.

Pero si en los últimos tiempos ha habido una señal extraordinaria sobre un activo y que ha sido magnificada por Internet y las redes sociales, creo que esa ha sido sin duda la del oro. Los aduladores del metal son, a mi modo de ver, de lo más simpático de la fauna silvestre que nutre el mundo económico-financiero y entretiene a la gente; y gracias a ellos, hace un tiempo pudimos conocer previsiones y recomendaciones que situaban el oro en los 3.000 USD, 4.000 USD o los 5.000 USD. A mí me fue suficiente escuchar en el Aeropuerto de Lima a cuatro fanfarrones alardeando de sus negocios con el oro  - cuando éste cotizaba en los 1.900 USD - para entender que había llegado el momento de la caída de la cotización.  Como de hecho así ha sido. Eso sí, los chamanes del oro nunca comprenderán que unas cotizaciones como las que pronosticaban, para empezar, pondrían en serio riesgo la paz social y la convivencia pacífica. Es decir, si los niveles de 1.500 USD han colapsado nuestras ciudades de «hombres-anuncio», imagínense qué no podría suceder en nuestras calles y propiedades si el metal alcanzara las previsiones mencionadas.

En conclusión

Las anécdotas citadas son obviamente anécdotas. Cada uno podrá darle la trascendencia que considere conveniente, pero lo cierto es que gracias a Internet y las redes sociales hoy queda todo perfectamente registrado y fácilmente accesible para cualquiera. De ahí que, a mi modo de ver, no podamos ni debamos desmerecer la utilidad del invento. El rastro de sucesos o anécdotas como las descritas es interminable, casi tanto como el de los errores de las afamadas agencias de rating - de las que curiosamente ya cada vez se habla menos -, por lo que no es descabellado pensar que no hay mejor método de especulación que esperar pronunciamientos vehementes en los medios por parte de los chamanes o señales de desesperación con ocasión de alguna inversión tipo «Maruja Torres». Twitter ayuda extraordinariamente en esta labor, tanto para el especulador experto, como también para el aficionado. Los perfiles que en la red social aparecen suponen en muchos casos un auténtico filón, y nos demuestran que basar técnicas de especulación en la estupidez humana seguramente sea el instrumento de análisis más fiable y también el más rentable de todos los conocidos hasta la fecha.

Por último, no quisiera cerrar este inconcluso artículo de hoy - inconcluso porque el tema es siempre inconcluso - sin advertir que en los últimos días proliferan mensajes de optimismo en relación a las bolsas y muchos chamanes insisten en el recorrido al alza de las cotizaciones, así como en la vinculación entre esas cotizaciones y la teórica recuperación económica. El lector debe tener en cuenta que, contrariamente a lo que se dice, no hay una relación directa entre ambas variables, al menos con la inmediatez o claridad y contundencia con la que se afirma. Pero también, que los mercados financieros, el mundo de la especulación y las cotizaciones, es un mundo peligroso donde nada es lo que parece y donde confluyen innumerables factores extremadamente complicados de casar entre sí. Nada es racional y nada es científico. Mientras se lanzan mensajes de optimismo, la mayoría de las veces a beneficio de inventario, pocos son los que advierten que en esa pretendida recuperación de los mercados financieros ya hay operadores que acumulan revalorizaciones de un 300%, un 500% y hasta un 900% en muchos títulos. Es verdad, no obstante, que a pesar de esas cifras, otros títulos se muestran mucho más rezagados, pero cuando alguien decida vender, sin ni siquiera saber muy bien el porqué, se activarán las ventas y se venderá todo y de todo, por lo que aquellos ingenuos que, ahora, como consecuencias de la incipiente agitación bursátil, empiecen a sentir la curiosidad de la especulación y se atrevan con ella, deberían tener en cuenta que para ellos tal vez ya es tarde. O no. Como siempre ha sucedido y seguirá sucediendo.


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