Mi pequeño Salottino

Chinos que hacen las Áfricas

Hace unos días, un buen amigo de Tanzania que conocí en Yugoslavia allá por 2004, me remitía una breve crónica sobre algunas peripecias empresariales chinas en el continente africano. Me llamó especialmente la atención uno de los devaneos en Dar es Salaam, donde la empresa China International Fund consiguió trasladar a más de 1.300 familias para construir un edificio como parte de un proyecto de ampliación del principal aeropuerto del país.

Se desplazaron miles de personas que habían vivido en aquella ubicación toda su vida para desarrollar la ampliación del aeropuerto, pero actualmente allí ya no hay nada. Carteles, solares y algunas instalaciones vacías. Todo aquél gigantesco área se ha convertido en un campo desierto y los inversionistas asiáticos han desaparecido.

Las autoridades manifiestan que las negociaciones con los inversores chinos se habían roto y el proyecto ha quedado en suspenso hasta que se alcance algún acuerdo con otras compañías. Algo que puede ser extremadamente complicado porque, al parecer, este proyecto se encuadraba dentro de unos acuerdos de mayor alcance y que pasaban por la autorización a la compañía China Sonangol para explorar campos petroleros en la cuenca del Lago Rukwa, en el suroeste de Tanzania. Así, los acuerdos sobre  infraestructuras en realidad quedaban supeditados a la exploración petrolífera, que era el verdadero objeto del acuerdo y es lo que en realidad suelen hacer estas empresas asiáticas.

El supuesto descrito no es en absoluto una excepción en África y tampoco en otras áreas geográficas como Hispanoamérica. Desde hace tiempo, numerosos empresarios asiáticos emergentes vuelan hacia África en sus jets privados y son recibidos con todos los honores por los más altos dignatarios locales. Muchos de estos administradores no son más que una prolongación del poder político chino que tan cómodo se siente con los domicilios sociales y fiscales en Hong Kong o Singapur, donde hoy se sitúa gran parte de la ansiada liquidez que necesitan otras economías y desde donde se canaliza gran parte de sus entramados industriales y societarios.

El mundo ve hoy en China y en sus empresas una oportunidad para redireccionar los maltrechos balances propios en unos casos, o para iniciar grandes desarrollos en otros supuestos. Como es el caso de África. Pero la realidad dista mucho de lo que algunos plasman en determinado material periodístico o bibliográfico. Quienes tienen experiencia sobre el terreno, saben perfectamente lo diabólico que puede llegar a ser el trato y culminación de acuerdos con estos nuevos operadores globales, cuya voracidad y ambición me atrevería a decir que no tiene parangón en toda nuestra trayectoria histórica.

La construcción de la nueva terminal en el aeropuerto de Dar es Salaam se presupuestó en, al menos, 300 millones de dólares, pero la interferencia del propio Parlamento de Tanzania y también otras organizaciones al poner impedimentos en las explotaciones petrolíferas vinculadas, no parece haber gustado a los empresarios chinos, quedando el proyecto abocado al fracaso al imponerse los cálculos matemáticos y cuadros de amortizaciones.

En el aeropuerto de Dar es Salaam han quedado incluso unas salas vips valoradas en seis millones de dólares, pero el experimento ha dejado un reguero de centenares de personas que en su día fueron desalojadas y ahora intentan reconstruir sus vidas desplazados a unos 35 kilómetros al oeste de la ciudad, malviviendo sin acceso a electricidad, agua potable, carreteras, escuelas para sus hijos ni servicios de ningún tipo.

No conozco el detalle preciso de los acuerdos mencionados, pero en otros lugares, las instituciones y organismos internacionales suelen participar de un modo u otro para evitar precisamente que acontecimientos como estos sucedan en países sin la fortaleza económica ni tampoco institucional como para afrontar las consecuencias de una hipotética, pero previsible huída ante al advenimiento de circunstancias que hagan menos atractivas la inversión. Los acuerdos internacionales de infraestructura a cambio de recursos naturales, requieren de un especial sigilo y prudencia respecto de las garantías en su sentido más amplio.

Twitter: @JJGAlonso


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