Mercado abierto

El último de la fila

Se llama Alejandro Aznar y es presidente de la naviera Ibaizábal y de las Bodegas Marqués de Riscal. Alejandro Aznar sería lo que llamaríamos una cola de león porque con 350 millones de euros es el último de la fila, de la fila de Forbes, de la lista, vaya. 350 millones son muchos, pero fíjese en la cabeza del león, en la de Amancio Ortega: el otrora vendedor de batas en una tienda de la Coruña ostenta un patrimonio (46.000 millones) que le permitiría llevar un ritmo de gasto de 126 millones de euros al día durante un año, y aún le sobrarían unos durillos (bueno, Amancio no es un  político, nunca llevaría tremendo ritmo de gasto).

La lista Forbes es una fotografía de España. Lo era cuando los empresarios del ladrillo entraron a formar parte de los más millonarios y lo es ahora cuando dos de los tres empresarios a la cabeza se dedican a vender productos que se vinculan con una vida low cost

La lista Forbes es una fotografía de España. Lo era cuando los empresarios del ladrillo entraron a formar parte de los más millonarios y lo es ahora cuando dos de los tres empresarios a la cabeza (Amancio Ortega, Rafael del Pino y Juan Roig) se dedican a vender productos que se vinculan con una vida low cost. Y es que claro, esa desinflación que tanto preocupa a los economistas sale de algún lado: de que se consume menos y se bajan los precios para ver si así se estimula la demanda y de que algunas empresas optan por posicionarse en el mercado con productos más competitivos vía precios.

Es por cierto este segundo camino (el de ganarle terreno a la competencia con precios competitivos) el que en parte ha llevado a Leopoldo Fernández Pujals a entrar por la puerta grande en la lista Forbes: directamente al puesto 63 con un patrimonio de 650 millones de euros con motivo de la venta de su participación en la operadora de telecomunicaciones Jazztel a Orange. Y quizás no deja de ser paradójico que algunos se hagan millonarios y acaben entrando en la lista Forbes gracias a vender su género o su servicio a un precio más barato que la competencia.

Hace años cuando se hablaba de los efectos colaterales que producía que China se hubiese convertido en la fábrica del mundo, se nos explicaba que China exportaba deflación a Occidente con sus productos tan baratos. Hoy para hablar de deflación o desinflación ya no necesitamos a China. Basta con mirarnos el ombligo. Con una tasa de paro que ronda el 25% y endeudados hasta las cejas es normal que el consumo se modere o se siga desviando al producto barato, al producto low cost.

Esta es una de las fotografías que nos deja la España de 2014 a través de una lista. Una lista en la que por cierto la tecnología brilla por su ausencia. ¿Será cuestión de que cambiemos el modelo productivo? Por un momento he pensado en preguntárselo a Pedro Sánchez. Pero mejor paso. Prefiero vestirme de Zara y beberme un Marqués de Riscal. Vamos, que prefiero estar acompañada por el primero y por el último de la fila. 


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