Mercado abierto

El resplandor

El miedo y el deseo determinan buena parte de nuestras decisiones. Ambos incitan y ambos reprimen. Gestos, actos y decisiones pueden (y suelen) estar provocados por el miedo o por el deseo. En la economía hay mucho de esto: miedo a perder o miedo a no tener; deseo por ganar o deseo por tener… Si el Banco de España interviene el Banco en el que tengo mis ahorros, iré corriendo a recuperar mi dinero. Tengo miedo a perderlo. Si Apple lanza un nuevo smartphone y aspiro a comprarlo, lo que quiero es saciar mi deseo.

Entre el miedo y el deseo se mueve el Banco Central más importante del mundo: la Reserva Federal de los Estados Unidos. En el invierno de 2008 estableció el precio oficial del dinero entre el 0,0% y el 0,25%. Deseaba reactivar la economía. Seis años y medio después, tiene miedo a quebrar la recuperación. Eso es lo que explica las vueltas de casi dos años que lleva dando la Fed para cortar el grifo de los estímulos y para preparar al mercado para subir el precio del dinero. La propia Fed habla de normalizar la política monetaria; porque de eso se trata, ¿no? ¿O a estas alturas ya consideramos normal que el dinero valga cero?

El consenso de economistas apuesta por situar la primera decisión de subida de tipos en años por parte de la Fed en la reunión de junio

Como si fuéramos niños en un juego, esta tarde de miércoles esperamos que el Comité de Mercado Abierto de la Reserva Federal elimine la palabra “paciente” de su comunicado. Pero claro, si la Fed deja de ser paciente en el proceso de normalización de la política monetaria, ¿pasará a ser ansiosa? Lo dudo. Tiene miedo a dar un paso erróneo. El consenso de economistas apuesta por situar la primera decisión de subida de tipos en años por parte de la Fed en la reunión de junio, pero incluso ya hay quien pronostica que hoy el Banco dedicará la mayor parte de su energía a dejar todas las opciones abiertas respecto a la fecha. Por si los datos económicos no son lo suficientemente buenos, por si el resplandor de los mercados se apaga. Seamos sinceros, el dinero valdrá poco, pero gracias a ello se ha estimulado la inversión en bolsa, se ha estimulado el mercado inmobiliario.

Ben Bernanke inició todo esto. Él es, dicen, un gran experto en la política monetaria de los años 20 y 30 en Estados Unidos. Supongo que como el niño de la película de Stanley Kubrick, Ben empezó a pedalear por los pasillos de un hotel con el deseo de un final feliz. Hoy su sucesora, Janet, está en el laberinto, supongo que con miedo a no encontrar la salida. 


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