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Cuando recuerdo a Alfred

Alfred vuelve a mi vida una y otra vez. A finales del siglo XIX la prensa francesa confundió la muerte de su hermano Ludwing con la suya; en los obituarios dedicados erróneamente a Alfred se podían leer expresiones como “mercader de la muerte” o comentarios que criticaban que hubiese amasado su fortuna encontrando nuevas formas de mutilar. 

Yergin relata en su libro como el presidente estadounidense consiguió que se dividiese la Standard Oil de Rockefeller

Alfred era el inventor de la dinamita. La lectura de esquelas prematuras en las que se cuestionaba su legado le afectó hasta tal punto que decidió que la fortuna que iba a dejar en herencia cuando realmente se muriera se dedicara a premiar el esfuerzo humano, y así nacieron los premios Nobel. Leí esta anécdota (aunque creo que es mucho más que eso) en el libro de Daniel Yergin “La historia del Petróleo” (premio Pulitzer en 1992); recuerdo la historia de Alfred, cada año, cada vez se anuncian los ganadores premios que otorga la academia sueca. Este lunes, cuando conocimos que Jean Tirole se convertía en el Nobel de Economía 2014 volví a recordar a Alfred, pero no por el premio, si no por el libro de Yergin. Escribí un whatsapp a un economista amigo al que le pregunté si conocía a Tirole: “tanto como a Theodore Roosevelt, por su antipatía a los monopolios”, me respondió. Cierto, Yergin relata en su libro como el presidente estadounidense consiguió que se dividiese la Standard Oil de Rockefeller.

Tirando del hilo, hoy he vuelto a recordar a Alfred. No por sus premios, tampoco por Roosevelt. De nuevo por el libro de Yergin. Y es que “La historia del petróleo” es uno de los mejores documentos que conozco para entender como la oferta de crudo influye en el precio del petróleo en mercado desde que empezó la fiebre por el oro negro en la ciudad de Titusville. Lo que me pregunto ahora es hasta qué punto la caída actual del precio del petróleo (baja un 20% en el año, y está en mínimos de los últimos cuatro) obedece a un exceso de oferta o a una menor demanda (sin olvidar la subida el dólar, moneda en la que se denomina el activo). El exceso de oferta energética llegaría de la mano de la mayor producción de Estados Unidos vía shale gas. La menor demanda estaría claramente vinculada a la ralentización del crecimiento en economías como la china y al estancamiento europeo.

La Agencia Internacional de la Energía acaba de rebajar la previsión de demanda mundial de petróleo. Mientras, uno de los países productores de petróleo, Rusia asegura que el precio del barril no bajará a la zona de 60 dólares (e imagino que si lo hace, los países productores le pondrán remedio cortando el grifo).

Y entonces me pregunto cuál de las dos fuerzas puede más. ¿La oferta o la demanda? Y de nuevo vuelvo a recordar a Alfred. 


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