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El país más poblado del planeta

Que se rebelen. Ese es el gran temor que nos producen los robots. Bueno, que se rebelen, que nos dominen y que después nos suplanten. Lo consiguió el HAL 9000 de Arthur Clarke en su novela “El Centinela” de 1948 y que Stanley Kubrick llevó al cine en 1968 con “2001: una Odisea del Espacio”. Lo intentó Roy Batty, el replicante de BladeRunner (1982, Ridley Scott) inspirado en una novela de Philip Dick, claro que Roy se tuvo que resignar a que sus experiencias se perdieran como lágrimas en la lluvia. Y se lo planteó Viki, el ordenador con inteligencia artificial de “Yo Robot” (2004, Alex Proyas), donde se nos recuerdan las tres leyes de la robótica que Isaac Asimov explicó en sus cuentos. Ambientada en un Chicago de 2035, “Yo Robot” relata un momento de la historia en el que se alcanza una proporción de un robot por cada cinco humanos. ¿Quedan 20 años para que veamos eso?

En la ópera de Berlin un robot llamado Myon, del tamaño de un niño de 8 años tiene un papel en la obra “My Square lady”, durante la cual aprende lo que significa sentir emociones humanas

A la vista del éxito de comercialización del robot Pepper en Japón este fin de semana (se vendieron 1.000 unidades en un minuto a un precio de 1.400 euros), quizás no tengamos que esperar dos décadas. Pepper, promocionado por Softbank, es algo así como un robot con corazón, una manera de explicar que está programado para entender emociones y por lo tanto para ayudar a las personas que lo compren. De eso a que los robots nos suplanten… Creo que antes de que esas cifras sean una realidad, seremos nosotros mismos quienes suplantemos a las personas con softwares, como en la película Her (2013, Spike Jonze), en la que Joaquin Phoenix equipara las emociones que sentimos por las personas con los sentimientos que puede llegar a provocar una voz que nos da conversación o que nos hace compañía. Si la tecnología gana más protagonismo en nuestra vida, es porque nosotros le damos ese espacio. Por ejemplo, en la ópera de Berlin un robot llamado Myon, del tamaño de un niño de 8 años tiene un papel en la obra “My Square lady”, durante la cual aprende lo que significa sentir emociones humanas.

Las novelas y películas de ciencia ficción llevan décadas pronosticando que conviviremos con máquinas que piensan creadas por nosotros mismos. Es como si lo deseáramos pero los temiésemos a la vez. No soy capaz de imaginar lo que viene a tan largo plazo, y menos cuando lo que ya sucede hoy con la tecnología todavía tiene capacidad para sorprenderme. Me sucede con Facebook. Este martes la capitalización de la red social ha superado a la del gigante de la distribución WalMart. Facebook tiene un valor de mercado de 240.000 millones de dólares, cotiza en máximos históricos por encima de los 87 dólares por acción y firmas como Deutsche Bank pronostican que la acción de la empresa de Mark Zuckerberg llegará a 100 dólares. Según el banco alemán, en 2020 Facebook podría tener 2.000 millones de usuarios activos al mes, con lo que se convertiría a efectos virtuales en el “país” más poblado del planeta. Eso no lo anticipó ninguna historia de ciencia ficción y me refiero a la vida paralela, a la de las redes sociales, esa que a veces suplanta la vida real sin necesidad de robots y porque nosotros lo hemos permitido. To be continued…


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