Mercado abierto

La locura del bono

¿Ha llegado la locura del bono, de los bonos? O quizás es al revés, ¿lo loco era lo que pasaba hasta ahora? Desde hace un par de años buena parte del mercado ha asistido perplejo a la subida en el precio del bono alemán a 10 años: un 17% de rebote entre septiembre de 2013 hasta los máximos de abril de 2015 en 166 pero una subida mayor si nos vamos 2011, cuando la ruptura del euro parecía inminente y el bund cotizaba a 120. Desde aquel verano para recordar (para recordar porque el euro no se rompió) la subida se acerca al 30%. ¿Espectacular? Bueno, he visto pasar por delante de mis narices a cientos de activos con revalorizaciones que dejan la del bund en cosa de niños; así que quizás la perplejidad de algunos no obedecía tanto a los precios alcanzados por el activo si no a la rentabilidad ofrecida por el bono, que se mueve de manera inversa, y que sin dejar de descender pasó del 3,5% en los días turbulentos de 2011 a la zona del 0,05% este pasado mes de abril. Si no está familiarizado con la renta fija la traducción es sencilla: si en abril usted acudía al mercado secundario de deuda a comprar bonos alemanes a 10 años, si usted le prestaba dinero a los alemanes, obtendría una rentabilidad del 0,05%. Hablo en pasado porque el mercado de renta fija, fijo, fijo tampoco es que sea.

Los bonos normalmente se llevan al mercado donde se busca comprador, y que se pague más o menos respecto al precio inicial determina que esa rentabilidad suba o baje en el mercado secundario

Hay quien compra el bono, el activo de turno, para cobrar el cupón, pero cierto es también que los gestores no suelen aguantar muchos de los bonos a vencimiento; los bonos normalmente se llevan al mercado donde se busca comprador, y que se pague más o menos respecto al precio inicial determina que esa rentabilidad (TIR del bono) suba o baje en el mercado secundario. La desconfianza que se generó en la eurozona con el estallido de la crisis financiera convirtió a los bonos alemanes en activos refugio: se les prestaba dinero a ellos porque se sabía que lo iban a devolver, y el precio de esa seguridad iba subiendo de una manera poco habitual: a cambio de tener el dinero tranquilo, apenas me recompensaban porque ya era mucho que en medio de las turbulencias alguien cuidase mis billetes. Unos billetes, que sea dicho de paso, cada vez valen menos (el precio del dinero) porque los tipos de interés oficiales se han bajado para favorecer el crédito y reactivar la economía.

Bueno, a la vista está que bajar los tipos no ha sido suficiente (a lo mejor no es la solución) y que han sido necesarios programas de expansión monetaria (de fabricación dinero) con la consecuencia evidente de que si hay más abundancia de papel en el mercado, pues éste pierde valor… Pero claro, a todo esto se sumó la amenaza de la deflación, que en la práctica no es más que la vida se abarata: yo gano poder adquisitivo con cada billete y por lo tanto incluso no me importa pagar para que mi dinero me lo guarden porque aun pagando, voy a tener más capacidad de compra, por ejemplo dentro de un año. Esta ha sido la situación que hemos vivido en los últimos meses en el mercado de la renta fija. Con un matiz, no es verdad que se le pague al estado alemán porque nos guarde el dinero (¿recuerdan esos grandes titulares de que tal país coloca en negativo?). Si le presto dinero a muchos de esos países de los que se dice tienen tipos en negativo, vamos a recibir un cupón a cambio, aunque esté próximo a cero; lo que sucede es que a lo mejor el día que yo quiera recuperar mi dinero en el mercado secundario, no encuentro a nadie que me dé lo que en su día yo pagué.

De todos los factores que indicen en la evolución de la renta fija alemana hay uno que ha cambiado en las últimas semanas. El escenario de posible deflación, que ahora se descarta

El caso es que de todos los factores que indicen en la evolución de la renta fija alemana hay uno que ha cambiado en las últimas semanas. El escenario de posible deflación, que ahora se descarta. Este mismo martes en sus previsiones de primavera la Comisión Europea pronostica un IPC del 1,5% en 2016. Vamos, que si voy a hacer menos con lo mismo (si sube el IPC mi dinero en futuro me cundirá menos), no paso por el aro de perder porque Alemania guarde mis cuartos.

Y entonces, ¿dónde está la locura de la que les hablaba al principio? Desde los máximos marcados por el bund hace dos semanas el precio del bono alemán a 10 años ha empezado a caer. ¿Esta caída es de verdad una oportunidad de escándalo para ponerse corto en bund como decía Bill Grosshace unos pocos días? ¿Seguirá bajando el precio y subiendo la rentabilidad no hasta multiplicarla por nueve sino hasta multiplicarla por 16? No olviden que de nuevo lo espectacular no es tanto el precio del bono si no la rentabilidad que ofrece el bund, que ha pasado del 0,05% a más de un 0,50%, vamos, que se ha multiplicado por nueve. ¿Es de locos comprar bonos porque volverán a subir en precio? ¿Es de locos la rentabilidad todavía tan baja que obtenemos por prestar el dinero a algunos países? Creo que cualquier argumento valdría para hablar de la locura del bono. 


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