Mercado abierto

Nos gusta que suene

“Hasta el momento, China sigue siendo un mercado muy importante para nosotros. En realidad este año o el año próximo será nuestro principal mercado. Y si la economía, si el PIB crece un cinco, seis o siete por ciento, no hay ninguna diferencia, este es nuestro principal mercado para enfocarnos”. Las palabras las pronuncia Dieter Zetsche, presidente de Daimler-Mercedes Benz. Esta semana Zetsche acude en Shanghai a una nueva edición del salón del automóvil. Todos sabemos que el clásico es el de Detroit, con el romanticismo de los murales que Ford encargó a Diego Rivera durante la Gran Depresión incluidos, pero el salón de Shanghai tiene un aliciente extra: el potencial de consumo de vehículos en China.  “Ciertamente, la economía china está creciendo un poco más lento de lo que estamos acostumbrados, pero de la misma forma sigue creciendo más rápido que la mayoría de todos los otros mercados. Y, por supuesto, está creciendo con una base mucho más sólida de como lo ha hecho históricamente”, añade Zetsche. 

China acumuló más de la mitad de todo el gasto mundial realizado por la industria de la automoción y vinculado a la expansión de la capacidad de producción

Aunque la segunda economía del mundo crece a su menor ritmo en más de 20 años (al 7% en el primer trimestre) y su Banco Central se esfuerza con  bajadas de tipos de interés en manejar las consecuencias de un ritmo de expansión más moderado, los gigantes del motor no frenan sus inversiones para aumentar su expansión en China. Es cierto que el crecimiento más pausado del país también tiene reflejo en las ventas del sector que han aumentado un 3,9% en el primer trimestre de 2015 frente al incremento del 9,2% de hace apenas un año, pero como dice Carlos Ghosn, CEO de Nissan Motor y Renault, “estas cifras no nos preocupan, sigue siendo uno de los mercados con mayor ritmo de crecimiento en el mundo”. De hecho en 2014 China acumuló más de la mitad de todo el gasto mundial realizado por la industria de la automoción y vinculado a la expansión de la capacidad de producción, 12.700 millones de dólares. Las empresas citadas sirven de ejemplo, pero también Volkswagen, General Motors, Toyota o Ford saben que en Occidente circulan en un mercado maduro, con una penetración elevada de vehículos, algo parecido a lo que sucede con el mercado de la telefonía móvil, y por eso han decidido sembrar en Asia. Como ejemplo, Ford, que acaba de adquirir a Harbin Hafei una fábrica que le permitirá aumentar su producción en 200.000 vehículos al año a partir de 2016 y que sumará a los coches que ya salen de la planta recién inaugurada en Hangzhou; o Toyota, que pese a la evolución plana de sus ventas en China ha decidido renovar sus inversiones y destinar 440 millones de dólares a su factoría de Guangzhou para que de ella salgan más unidades; y eso sin olvidar a Volkswagen, inmersa en un plan por el que quiere producir cinco millones de vehículos al año en China a partir de 2019 en el marco de un plan de crecimiento dotado con 22.000 millones de euros. Otro ejemplo, General Motors, que hace pocas horas anunciaba que entre enero y marzo ha vendido cerca de un millón de coches en China, un 9,4% más que en el primer trimestre de 2014.

Todo el sector motor está entusiasmado con China, porque aunque su economía vaya a crecer menos, seguirán siendo muchos los millones de habitantes que sueñan con las cuatro ruedas. Entonces me surge una duda. El fabricante de coches eléctricos Tesla es una de las pocas empresas que ha dado marcha atrás en sus ambiciosos planes de crecimiento en el país porque sus expectativas de ventas hasta la fecha no han acompañado. ¿Tesla apuntó demasiado alto y simplemente ajusta su estrategia o es que si alguien va a gastar 200.000 dólares también paga porque le gusta que el coche suene? 


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