Mercado abierto

“Quen non chora, non mama”

Eso dicen por mi tierra. Que pidamos, y que luego, que luego ya se verá.  Vamos, que muchos dicen que ha sido una pena que Luis de Guindos no haya presentado esta semana en Bruselas una lista con más proyectos en el marco del Plan Juncker, ese que pone a disposición de los países miembros más de 300.000 millones de euros (apalancados, no lo olvidemos). Apenas un folio de peticiones frente a los cinco de Portugal (y por las dos caras), las 9 hojas de Alemania o las 40 de Grecia. Menos de un folio y la mayor parte de la cuantía solicitada para un solo fin: inversiones energéticas para las que se reclaman 25.000 millones. ¿Deberíamos llorar más en Bruselas? Pues con el modo gallego en “on” yo les diría que depende: depende, porque el dinero que se pide hay que devolverlo; depende, porque Guindos tiene razón cuando nos explica que muchos de los proyectos o infraestructuras solicitadas se piden pero luego no se ejecutan y se quedan en meros titulares; depende, porque no se trata de pedir dinero para reformar infraestructuras que no se usan.

España es un importador de energía neto. Es una isla energética en la que el sol y el viento no han suplido de manera eficaz nuestra carencia de petróleo o de energía nuclear

No niego que al ministro de Economía le cogiera con el pie cambiado el apetito de los periodistas por saber a qué va a destinar España el dinero procedente del plan de estímulo de Bruselas, pero si lo que entra por la puerta va destinado a mejorar nuestras conexiones energéticas, bienvenido sea (aunque haya que devolverlo). España es un importador de energía neto. Es una isla energética en la que el sol y el viento no han suplido de manera eficaz nuestra carencia de petróleo o de energía nuclear. Para que se hagan una idea, si excluyésemos la factura energética de las importaciones, nuestra balanza comercial registraría superávit frente al déficit de 2.373 millones de euros presentado en meses como septiembre (322 millones de euros de superávit exenergía para ser exactos durante septiembre según los últimos datos del ministerio de Economía).

La factura energética atañe a particulares pero sobre todo a empresas, que saben que ahí radica uno de sus principales costes de producción. Si una interconexión mejorada nos permite acceder de manera más eficiente y económica a la energía, lloremos, lloremos. Y si son de lágrima fácil, mejor no miren a Alemania. En octubre sus importaciones han bajado más de un 3% (la mayor bajada en dos años) y no porque se consuma menos en el país, sino porque la caída del precio del petróleo ha abaratado su factura energética. ¿Resultado?  El superávit comercial de Alemania sigue engordando y supera en un solo mes los 20.000 millones de euros. Eso sí que es para llorar, pero de envidia.


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