Mercado abierto

Piezas útiles

“Entre los trabajadores de la empresa hemos acordado que un servicio de solución de averías en horario de guardia nocturno tiene un margen de ejecución de cuatro horas”. Me lo dice un empleado de una empresa de telecomunicaciones. En la mayoría de los casos la avería que ha dejado sin conexión, a por ejemplo varios edificios, podría arreglarse en menos tiempo pero mi interlocutor me da a entender que no es necesario trabajar con prisa (por no hablar de esa característica tan española de presumir de que se consigue torear a la empresa).

En España la productividad ganada en los últimos años procede sobre todo del ajuste salarial tanto global como unitario, es decir, menos trabajadores o trabajadores que cobran menos

Supongo que ponerle más ritmo al trabajo contribuiría a erradicar parte de la productividad oculta, esa que según el catedrático Ramón Tamames tenemos todos los trabajadores pero que solo sacamos cuando sentimos la empresa como nuestra. La manera más habitual de mejorar la productividad consiste en reducir los recursos utilizados para producir el bien o el servicio de turno, por ejemplo con una bajada del coste o del tiempo dedicado. A ello contribuyen habitualmente las nuevas tecnologías y por eso economías como la estadounidense han conseguido salir de esta última crisis con una recuperación en el ritmo de subida del PIB que no ha seguido el mercado laboral de la misma manera.

En España la productividad ganada en los últimos años procede sobre todo del ajuste salarial tanto global como unitario, es decir, menos trabajadores o trabajadores que cobran menos. Pero vuelvo a Tamames y a su productividad oculta porque, la verdad, ya me gustaría vivir en un país en el que el empresario pagase lo justo pero también en el que la gente no se escaquease. ¿Y cómo se consigue eso? Le tomo prestada al periodista Guillermo Fesser una frase que pronunciaba el pasado sábado en Capital Radio. Conmemorábamos los 33 años que habría cumplido Antena 3 Radio si no hubiese desaparecido y sobre aquella radio nacida en los años 80 en España Fesser comentó: “la gente que mandaba en esa emisora nos hacía sentir que éramos una pieza útil del puzle”.  A veces, solo consiste en eso. Las palabras y la actitud de los gestores también se pueden traducir en dinero, en productividad, más allá de que un empleado sea criticado por otro compañero por trabajar más o más rápido de la cuenta, más allá de que no lleguemos a sentir nunca que la empresa es nuestra o más allá de que no lo podamos demostrar en una ecuación de las que usa el FMI para pronosticar el PIB del próximo año.


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