Mercado abierto

Entre Pedro y Pablo

Entre que uno (Pablo) no nos deja claro si va a pagar o no la deuda, y que otro (Pedro) quiere saltarse a la torera la obligación constitucional de velar por la estabilidad presupuestaria… Historias para no dormir que sin embargo no me impiden conciliar el sueño. No me creo sus propuestas. Y los tenedores de deuda española, tampoco. El 24 de julio de 2012 la rentabilidad del bono español a 10 años cerró en el 7,622%. Hoy cotiza por debajo del 2%. Si el mercado se creyese que España impaga, se nos pediría un tipo de interés muy superior a cambio de dejarnos el dinero. Y es que si malo es que la deuda sobre PIB de un país aumente, peor es que haya sospechas sobre su devolución (para que se hagan una idea, la deuda española alcanza el 100% del PIB, pero la de Estados Unidos es del 105% y Japón llega hasta el 240%). Vamos, que o eres de fiar o no ves un duro, y si lo ves es a cambio de una recompensa suculenta. “Los tenedores de deuda no son personas siniestras”, recordaba esta semana un colaborador en Capital Radio. Yo pensaba que en España ya habíamos pasado esta fase,la de considerar siniestro a quien quiere que le devuelvan lo prestado. Pensaba que habíamos madurado. Pero no. Y lo que me preocupa es que la línea que separa la demagogia y la rabia es muy fina. Entiendo la rabia de quien no tiene un empleo desde hace meses o de quien debe mantener a una familia con una nómina que no llega a las cuatro cifras. Pero no entiendo la demagogia de quien con tal de llegar a la Moncloa cuestiona el esfuerzo de un país en el que se han bajado o congelado salarios y que ha tenido que comerse subidas de impuestos con el objetivo de reducir el déficit (en lenguaje sencillo, cuadrar los gastos y los ingresos) para recuperar la credibilidad internacional. Y por cierto, si no cuadramos los ingresos con los gastos, tenemos que emitir deuda para poder afrontar los pagos, y si la deuda que emitimos la usamos para pagar salarios y pensiones, ¿estamos o no estamos ante deuda legítima?

El Tesoro español acaba de colocar este martes papel a tres meses al 0,07%. Lo dicho: ni las letras ni los bonos españoles descuentan un escenario en el que no se cumplan los compromisos de pago. Lo que la deuda pública española descuenta es un escenario en el que el BCE comprará deuda y en el que la inflación (medida por el IPC) será moderada o inexistente. Ese suave incremento del coste de la vida preocupa al BCE, al FMI y ahora también a la OCDE, que pide que se estimule la demanda. Se nos ha enseñado que si tenemos la expectativa de que los precios van a subir, consumiremos hoy y no dejaremos el gasto para mañana. Pero también sabemos que los procesos de desinflación son propios de economías que se están desendeudando porque el dinero que se recibe se dedica a quitar deuda del medio y no a nuevo gasto.

Consumir está bien, es necesario e incluso imprescindible para las economías; pero si me lo permiten yo prefiero pagar la deuda hoy y dejar el gasto para mañana, digan lo que digan entre Pedro y Pablo.


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