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Pablo

Pablo Iglesias tiene una característica propia de los políticos (sean o no casta). Se muestra como el sabedor y tenedor de las soluciones para que usted y yo vivamos mejor. Él sabe cómo. Los políticos son incorregibles. También Pablo. Supongo que es el motivo del artículo que este pasado domingo firmaba Iglesias en el diario El País bajo el título de “Una nueva Transición”. Pablo se compromete a estar a la altura en las semanas (momentos) decisivos que vamos a vivir en España próximamente, y de paso marca una fina barrera entre Grecia y España, no vaya a ser que a alguien se le ocurra equiparar países y victorias de políticos de izquierdas.

La izquierda se ha apropiado del término neoliberal, le ha dado el significado que le ha apetecido

Lo de Pablo tiene mérito. Sobre todo su uso de los medios de comunicación (muy a lo americano) y su capacidad para que los políticos de siempre espabilen un poco, que buena falta hacía. Claro que no sé si el mérito es de él o de los ciudadanos. Primero porque somos nosotros los que decidimos qué ver en televisión o escuchar en radio, y hemos decidido dejar en muchas ocasiones encendido el canal en el que Pablo hablaba. Segundo, porque los políticos no han espabilado por Pablo, sino porque se han acojonado al ver que la gente está dispuesta a dar su voto a los otros, que la gente compra el cambio de discurso. En general cuando a uno le va bien en la vida prefiere dejar las cosas como están. Cuando a uno no le van tan bien, pues la esperanza mueve las decisiones, y creo que en eso se resume mucho el éxito de Pablo. Es como lo de pasarse el día criticando a los neoliberales, un término que parece que si lo citas ya tienes razón en todo lo que vas a decir a continuación, porque este país ha convertido el término neoliberal o liberal a secas en sinónimo de capullo con dinero que se mueve a favor de sus propios intereses (como si los que se hipotecaron con la llegada del nuevo siglo no hubiesen velado por sus propios intereses sin necesidad de ser liberal). Por cierto, yo no me hipotequé y pago el plato roto del resto. El caso es que la izquierda se ha apropiado del término neoliberal, le ha dado el significado que le ha apetecido ¡y hala…! Como lo de apropiarse de la bandera republicana. En España hay liberales y neoliberales que reniegan de los políticos y empresarios que practican lo de las puertas giratorias (al respecto lean “Piratas de lo Público” de Antón Losada, Deusto 2013), en España hay liberales que no son conservadores, en España hay liberales honrados en su trabajo… Pero esos no cuentan para gente como Pablo.

Pablo no se dejaba ver mucho desde hacía algún tiempo, lo que me lleva a pensar que vendrá fuerte cuando toque, en esas semanas que el cita como cruciales

Tengo la sensación de que Pablo no se dejaba ver mucho desde hacía algún tiempo, lo que me lleva a pensar que vendrá fuerte cuando toque, en esas semanas que el cita como cruciales. Yo no creo que España vaya a acabar como Venezuela aunque se vote a Podemos. Entre otras cosas porque parece (dicen las encuestas) que hay menos gente dispuesta a darles la papeleta que hace unos meses. También dudo de que todo el votante de Podemos tenga la cultura de sus líderes, incluso pongo la mano en el fuego en que hay muchos milenials y ciudadanos de la Generación X que no tiene ni idea de qué son los Pactos de la Moncloa que Pablo mencionaba en su artículo. Y entonces vuelvo a lo de la esperanza, a eso de cambiar el voto cuando a uno le va mal. Yo me alegro de que un político como Pablo anime el debate electoral que se nos viene encima. Los políticos estaban apoltronados mientras los ciudadanos pagábamos más impuestos y nos privábamos de cuestiones materiales en el proceso de reconducción de las economías domésticas ante la devaluación salarial. Porque eso es lo que marca nuestra vida: tener un trabajo, poder permitirse una buena botella de vino, pagar el cole y las actividades de los niños, tener algo de dinero ahorrado como para pagar un teléfono nuevo cuando el que teníamos se rompe… El día a día, vaya. ¿Y es eso lo que marca nuestro voto?

A mí no me gustan los políticos que saben mejor que nosotros lo que nos conviene, como Pablo y como todos los políticos que llevan esa característica de serie. Prefiero políticos gestores, a modo de consejeros delegados, y no compro el discurso de que no es lo mismo gestionar un país que una empresa. En cualquier caso confío en que aunque Pablo se lleve unos (o muchos) votos en estas elecciones generales que aún no se han convocado, su posterior presencia en el Congreso, al menos, no reste.


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