Mercado abierto

Exuberancia

En tres años Norteamérica pasará de tener 7,9 terminales móviles por hogar a 14,4. En Europa tendremos 7,6 dispositivos móviles de media por vivienda frente a los 4,2 que hay en la actualidad. Y así hasta llegar al año 2020 en el que para una población estimada en el mundo de 7.600 millones de personas, habrá 50.000 millones de terminales conectados entre PCs, portátiles, smartphones y tabletas. Los datos que aporta la consultora Strategy& (del grupo PwC) nos ayudan a entender por qué se escriben tantos ceros cuando se habla de empresas de reciente creación: Uber, 40.000 millones; Snapchat, 19.000 milllones; Pinterest, 11.000 millones; Supercell, 4.000 millones. Son las valoraciones estimadas (en dólares) de cuatro empresas que no cotizan pero que gracias a los dispositivos móviles se han convertido en auténticas máquinas de hacer dinero. ¿La clave? Sencilla. Tienen usuarios, tienen clientes que pagan por conectarse, por jugar, por compartir fotos, por conocer las tendencias y si no pagan pues dejan sus datos y facilitan la labor de segmentación de la publicidad de los anunciantes y eso, al final, se traduce en ceros.

La pregunta es si la exuberancia tecnológica a la que asistimos, es racional o irracional. En su último número la revista estadounidense Barron's se inclina más bien por lo primero

Hace justo un año muchos se echaron las manos a la cabeza cuando Facebook anunció la compra de Whastapp por 19.000 millones de dólares. Hoy nos echamos las manos a la cabeza por otra cifra: en 2014 se enviaron 30.000 millones de mensajes al día por Whatsapp. Cifras, todas ellas, exuberantes. A pocos días de cumplirse 15 años del máximo histórico marcado por el índice bursátil Nasdaq Composite en pleno boom de las puntocom (el 10 de marzo de 2000 en 5.132 puntos), la pregunta es si la exuberancia tecnológica a la que asistimos, es racional o irracional. En su último número la revista estadounidense Barron's se inclina más bien por lo primero, tras explicar que el PER del Nasdaq Composite, el número de veces que el precio de una acción contiene el beneficio de la misma (medida para intentar explicar si una acción está cara o barata), es de 21 veces frente a las 100 veces de hace 15 años.

Durante el pasado año el capital riesgo invirtió 86.700 millones de dólares en nuevos proyectos vinculados a empresas tecnológicas, según datos recogido por Ernst & Young. Estas cantidades no se recordaban desde la explosión tecnológica que acompañó el cambio de siglo. En muchos casos se invierte en proyectos (Snapchat no genera beneficios), en otros se invierte en realidades (como Supercell, creadora del exitoso juego para móviles Clash of Clans), y a veces la inversión se destina a empresas que son realidades pero con dudas, (como sucede con Uber, una aplicación que tiene que lidiar con la legislación de los países para poder operar).

Solo con el paso del tiempo sabremos si las inversiones millonarias en estos proyectos resultaron ser o no irracionales. Fíjense, corría el verano de 1998 cuando un directivo indio llamado Ram Shriram recogió a Jeffrey y a su mujer a las puertas del hotel Inn en la localidad californiana de Saratoga. Era sábado y Shriram había organizado un desayuno para que Jeffrey conociese a dos jóvenes (Larry y Serguéi) que habían diseñado un motor de búsquedas. Tras aquel almuerzo, Jeff (Bezos) que había creado Amazon cuatro años antes, decidió convertirse en uno de los primeros inversores en Google. Supongo que si en aquel verano de 1998 a usted o a mi alguien nos dijese que “googlereáramos” una palabra o que comprásemos los libros con un ratón, nuestra reacción no hubiese sido racional.


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