Mercado abierto

Espejito, espejito…

Mantengo una particular cruzada contra Disney. Viene de lejos. El papel que tradicionalmente ha asignado a las mujeres me desagrada: o princesas cuya felicidad depende de un hombre que tras un beso las protegerá para siempre o madrastras malvadas incapaces de sentir amor por una hija. La verdad es que la empresa americana se esfuerza por cambiar sus modos y de paso cambiar su imagen. Con el éxito de películas como Frozen (la más taquillera de la historia de la animación) ha evidenciado que el cambio sienta bien. “El cambio estresa”, me dice Alberto. Con Alberto no hablo de Disney. Él lleva 25 años en los mercados financieros y su opinión al respecto me importa porque, más allá de comerciales que hacen de analistas y en su vida han cruzado un precio, me gusta escuchar a personas que están dentro, en el meollo.Mi charla con Alberto se ha producido en momentos de cambio. De cambio político en España que me hace preguntarme si en un mercado como el español, en el que dos terceras partes de los partícipes son no residentes, se refleja de alguna manera la incertidumbre política a través de las caídas de las acciones o del precio de los bonos. “La incertidumbre provoca estrés y ante el estrés te defiendes, y vendes, o al menos no compras”, me explica.

El cambio estresa, como dice Alberto, pero es inevitable cambiar. Evolucionar. Adaptarse

El cambio estresa, como dice Alberto, pero es inevitable cambiar. Evolucionar. Adaptarse. Lo ha hecho el gigante del entretenimiento Walt Disney y ahora lo hace también la industria del cable en Estados Unidos donde este martes Charter Comunications ha oficializado su interés por Time Warner Cable en una operación valorada en 78.700 millones de dólares. La segunda y la tercera empresa del cable en el país quieren unirse para ahorrar costes y reposicionarse frente a la primera, Comcast, en un momento además de cambio en el consumo de televisión en Estados Unidos donde la audiencia baja a un ritmo del 4% trimestral desde 2012 (según Nielsen) porque el público joven se va a plataformas como Netflix. Vamos, que si el público, si el cliente cambia, las empresas no pueden ignorarlo y también tienen que cambiar. Eso es evidente en el ámbito empresarial, donde hay accionistas, donde hay que rendir cuentas. Pero debe ser que en política las reglas son otras, y aunque el voto cambie, los políticos no lo hacen. Por hacer no hacen ni un gesto tan sencillo como mirarse en el espejo y preguntarse algo más que “espejito, espejito, ¿quién es la más bella del reino?”. 


Fotografía: Walt Disney y su esposa saliendo desde el aeropuerto de Kastrup CPH, Copenhague (SAS Scandinavian Airlines, 1959)


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