El peligro de dejarse llevar por las emociones

Por qué no es buena idea que trasplantados y familia de donantes se conozcan

El vídeo de una madre americana escuchando el corazón de su hijo fallecido en el pecho de un trasplantado se ha hecho viral en redes y medios. Las emociones por encima de la razón ¿Por qué en España está prohibido que se conozcan trasplantados y familiares del donante? Hay razones poderosas y tienen mucho sentido.  

Madre escucha corazón de su hijo fallecido
Madre escucha corazón de su hijo fallecido Twitter

Ayer compartí un vídeo buscando un debate muy interesante. La idea era sesgar emocionalmente la controversia con una historia viral que ha dado la vuelta al mundo. Parecía que con la manipulación las respuestas iban a ser evidentes... pero hubo sorpresas.

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Más allá del sesgo propuesto las réplicas han sido muy interesantes y más polarizadas de lo esperado. La mayoría de ellas son emocionalmente inteligentes y se dejan llevar por lo que se ve: una escena de agradecimiento, de empatía, de humanidad, de profunda emoción y respeto...

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Otras intuyen, desde la ironía, que detrás de este debate puede haber peligros muy a tener en cuenta.

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Las opiniones más emocionantes (también diversas) son las de los propios trasplantados. Desde dentro todo se ve de otra manera. La felicidad de una nueva vida frente al duelo de la pérdida. Mucho respeto.

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Al otro lado, en el vacío de la pérdida los familiares de los donantes también opinan. Lo más interesante del debate es saber cómo se pueden gestionar los sentimientos tan encontrados entre ambas partes.

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Pero de entre los menos implicados empiezan a florecer las opiniones, tal vez más frívolas, tal vez más certeras...

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O no... al final hay opiniones para todos:

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En resumen. La mayoría de las respuestas se basan en una opinión formada desde la emoción, no desde el conocimiento y ahí el vídeo hace trampa. En la escena viral se comparte una escena muy emotiva y no se intuye maldad por ningún sitio. Como tampoco el antes y el después de sus protagonistas. ¿Cuánto sabe el uno del otro?¿La señora va a ir todos los días a acariciar el pecho del señor? ¿Y si el trasplantado tiene rechazo y cae en depresión? ¿Va a pedir explicaciones a la señora?...y la más importante: ¿Cuánto costaría evitar todo eso?

¿Por qué no se permiten en España estos encuentros entre trasplantados y familiares del donante como se hace en Estados Unidos?

En realidad lo que trasciende de USA son las excepciones mediáticas. Solo en el 5% de los trasplantes de allí los protagonistas llegan a conocerse tras una fase de 'cortejo'. La ley española es clara. La Organización Nacional de Trasplantes (ONT) recuerda siempre que la revelación de datos que permitan por sí solos identificar a los donantes está expresamente prohibida por ley. Precisamente para minimizar problemas.

El proceso de recuperación de un trasplantado no es solo físico. El periodo de espera de un órgano mientras ves cómo te consumes es muy duro también para la cabeza y deja muy tocado. Los psicólogos españoles lo tienen claro. Cuanto menos sepan los pacientes trasplantados de su donante mejor para su recuperación. Tan importante es que incluso puede haber rechazo psicológico al órgano trasplantado. Todo lo que se haga para minimizar problemas es poco.

El coordinador de la ONT, Rafael Matesanz, siempre cuenta la misma anécdota cuando le preguntan sobre ello. Hace años, cuando los trasplantes en España eran cosa de dos o tres hospitales, la identidad de los donantes trascendía y era fácil identificarlos. Una señora de Salamanca logró encontrar al trasplantado que llevaba el órgano de su marido. Intentó una y otra vez entablar una relación sentimental con él porque así "tendría cerca algo de su marido".

Cuando el corazón de un familiar fallecido late dentro de otra persona es normal que éstos sientan que continúa vivo de alguna manera. Incluso hay gente que cree que los recuerdos del fallecido también van con el órgano porque se han descubierto neuronas en él. Una locura con poco rigor científico que puede llevar a situaciones de acoso al trasplantado. Respetar su autonomía es, por lo tanto, vital. 

Las expectativas de los familiares sobre el trasplantado también pueden ocasionar problemas en un caldo emocional tan grande. La persona que recibe el trasplante es una persona única que puede ser muy diferente a la fallecida y provocar frustración incontrolada en los familiares. 

No es el único problema. ¿Y si el familiar del donante no solo exige una relación sino dinero? Que se haya producido un acuerdo puntual entre ambas partes no significa que estas no cambien de opinión con el tiempo, enfermen psicológicamente o busquen rédito por 'regalar una vida'. Lo mismo para el trasplantado. No debe sentirse en deuda con alguien en particular sino solo con el sistema. Tener control sobre todos esos problemas parece imposible. La clave del sistema español es el altruismo para evitarlos. Coste cero para paciente y donante.

Todos estos inconvenientes se multiplican por mil cuando los protagonistas son niños. Parece claro que el dinero necesario para construir un sistema eficaz que regule y controle para siempre y sin fallos estos posibles encuentros es más rentable invertirlo en operaciones más urgentes del propio sistema que permitan salvar otras vidas. 


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