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Enrique Ybarra, nuevo presidente del Grupo Vocento en sustitución de Diego del Alcázar

Ybarra toma las riendas del Grupo Vocento, después de que Diego del Alcázar presentara ayer su renuncia tras cinco años en el cargo

Enrique de Ybarra
Enrique de Ybarra EFE

Enrique Ybarra Ybarra es desde anoche el nuevo presidente del Grupo Vocento, después de que Diego del Alcázar, que ha ocupado el cargo durante casi cinco años, presentara su renuncia en el curso de la reunión del Consejo de Administración del grupo editorial celebrada en la tarde/noche de ayer. 

Culmina así un periodo especialmente turbulento en la historia del Grupo, amenazado ahora por la partición de su Consejo de Administración en dos grupos después de que los Bergareche, antiguos gestores, y los Urrutia, empresarios vascos de raigambre, liderados por el también accionista Jaime Castellanos, presentaran hace 20 días un requerimiento solicitando la convocatoria de una Junta Extraordinaria de accionistas con el fin de destituir al Consejo en pleno y nombrar otro nuevo más pequeño y con más “independientes”.

El movimiento se enmarca en las luchas que han marcado la trayectoria de Vocento en los últimos años, después de que José Bergareche, que en su día sustituyó a su primo Alejandro Alechu Echevarría como consejero delegado, viera truncada su aspiración de convertirse en presidente –él mismo había buscado un nuevo consejero delegado ajeno al sector- al no haber consenso para otorgarle el cargo. Las “familias” acordaron entonces que el cargo recayera en Diego del Alcázar Silvela, marqués de La Romana, presidente y fundador del Instituto de Empresa, persona vinculada desde siempre al sector de los medios, aunque con trayectoria muy exitosa en otros campos.

Sin embargo, los desplazados de la familia Bergareche, aliados ocasionalmente con Jaime Castellanos, que en su día vendió con gran éxito el Grupo Recoletos a los italianos de Rizzoli, además del diario “Qué” al propio Vocento, en uno de los errores más notorios del Grupo, tipo con fama de intrigante y de sacar ventaja de cualquier situación, no cejaron de hostigar a la compañía con la intención de recuperar bien las posiciones perdidas, bien la oportunidad de conseguir un despiece del Grupo que les aportase los consiguientes beneficios.

Se da la circunstancias que los peticionarios de esa Junta  (Santiago Santi Bergareche en nombre de su sociedad familiar y Juan Urrutia en nombre también de una patrimonial de la familia), son, además, miembros de las Comisiones del Consejo que han aprobado el funcionamiento de la empresa en sus muy frecuentes reuniones, sin que hasta la fecha hayan manifestado la menor discrepancia.  

Los cenáculos madrileños han sido testigos en los últimos meses de los sabrosos comentarios de Castellanos sobre la operación que preparaba con Santi Bergareche para hacerse cargo de Vocento, en los que hablaba de “consolidación”, de “separación del ABC”, etc., etc. Sus contactos al respecto abarcan desde  Borja Prado, consejero de todo lo que huela a italiano en España (entre otras cosas Unedisa y Mediaset), hasta Javier Godó, propietario del grupo del mismo nombre (La Vanguardia), pasando por Antonio Fernández Galiano, presidente “frustrado” de Vocento por la intervención del propio Castellano, por José Manuel Lara, presidente del Grupo Antena 3 que tanto sentido parece tener con la empresa Vocento, y otros muchos.

Gentes de lo más dispar, más o menos cercanas a la intensa vida social de Castellanos, presidente del banco Lazard Freres y de la empresa intermediaria de seguros Willys, vienen comentando en los últimos meses que Jaime “está cachondo con el tema Vocento”, porque a todo el mundo le habla al respecto. Su amigo Claudio Aguirre, consejero aparentemente independiente de Vocento, se ha mostrado también muy activo en los cenáculos, habiendo llegado en su entusiasmo a pedir a algún banquero que le abriese el acceso a determinados accionistas de Vocento.

La posición de las hermanas Luca de Tena

La disputa deberá, salvo sorpresa en contrario, sustanciarse en la Junta General convocada para el próximo 26 de abril, en la que el llamado grupo “rebelde” podría apoderarse de la gestión de la compañía sin lanzar una OPA, ello sumando el apoyo de distintos paquetes accionariales que les permitirían nombrar a todos los “independientes”. El Consejo celebrado anoche aprobó, sin embargo, una propuesta que quiere ser conciliadora y atender los intereses tanto de la compañía como de los grupos accionariales presentes en ella, y cuyo futuro dependerá el apoyo que le presten las hermanas Luca de Tena y el nuevo presidente del Grupo.

Aprovechando la oportunidad de esta propuesta conciliadora, Diego del Alcázar, un hombre llamado a aportar la sensatez y la modernidad que necesitaba el Grupo, hizo efectiva la renuncia que ya había presentado hace un año, y que no había sido atendida hasta la fecha porque los Consejeros no se ponían de acuerdo sobre su sustitución. Siempre se entendió que la suya sería una presidencia provisional, básicamente por la presión que la escuela de negocios por él fundada, el Instituto de Empresa, situada en el ranking de Financial Times entre las ocho primeras “business school” del mundo, ejerce sobre él.

Del Alcázar, que tanto tiempo ha dedicado y tanta influencia en medios políticos y empresariales ha desplegado en favor del Grupo, no ha sido, sin embargo, capaz de traer paz al Consejo de Vocento. Ha ocurrido lo que ya ocurriera con la fusión de los bancos Bilbao y Vizcaya, donde las “familias” de Neguri, con los mismos apellidos y con cercanísimos parentescos, se lanzaron a una guerra de destrucción que solo la autoridad monetaria pudo detener con la designación de un presidente. En este caso, la autoridad no existía, lo que explica la trágica situación de un Vocento que navega sin rumbo.

Enrique de Ybarra e Ybarra  era hasta ahora vicepresidente de Vocento y presidente de su Comisión Editorial. Hijo del que fue presidente de El Correo, Javier Ybarra, vilmente asesinado por ETA, goza de una sólida formación académica y cultural, además de ser Máster en Periodismo por la Universidad de Columbia. Bibliófilo confeso, quienes le conocen afirman que siente pasión por el periodismo moderno, aunque también hay quien critica sus a veces “particulares o extravagantes” ideas.   


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