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Rubén Arranz

Desafío independentista

La TV3 de la nueva república: “ambiente festivo” y fuera la rojigualda

TV3 ha vuelto a demostrar este viernes que cumple escrupulosamente las órdenes del Ministerio de la Verdad de Puigdemont y Junqueras. El que financió investigaciones para probar que Cristóbal Colón era gerundense y Santa Teresa de Ávila escribía en catalán.

TV-3: la peor consecuencia del mangoneo de las televisiones públicas
TV-3: la peor consecuencia del mangoneo de las televisiones públicas Javier Martínez

Pocos minutos después de que el PP y el PSOE decidieran librar a TV3 de los efectos del artículo 155, un reportero de esta televisión entraba en directo desde la Plaza de Sant Jaume y dejaba entrever que los catalanes se habían quitado un peso de encima con la Declaración Unilateral de Independencia. Frente a la tensión y preocupación de los días previos, el ambiente de este viernes era de fiesta. Música, cava, fuegos artificiales, gente bailando con bengalas de la mano, esteladas y libertad a raudales. Un poco antes, aparecían en pantalla las imágenes de la retirada de la bandera española del edificio de la Diputación de Gerona. Poco después, uno de sus periodistas difundía el bulo de que el primer ministro de Finlandia estaba dispuesto a presentar una moción en su Parlamento para reconocer a Cataluña como un Estado Independiente.

TV3 ha vuelto a demostrar este viernes que cumple escrupulosamente las órdenes del Ministerio de la Verdad de Puigdemont y Junqueras. El que financió investigaciones para probar que Cristóbal Colón era gerundense y Santa Teresa de Ávila escribía en catalán. El que habla de un pueblo subyugado por un Estado opresor, fascista y antidemocrático. Y el que este viernes ha pedido a España que no aplique el principio de acción-reacción y eluda tomar medidas para restablecer el orden constitucional en Cataluña.

Horas después de la declaración de independencia, cuando era un hecho que Moncloa estaba a punto de desahuciar al Govern e iniciar la demolición del procés -con el plácet del Senado-, la televisión pública catalana ponía el foco sobre la celebración en la calle. Ofrecía ginebra y cigarrillos de la Victoria a los telespectadores y alejaba un poco más de la realidad a la sociedad catalana. “Lo mejor que podría pasar es que la República no fuera reconocida por la UE, por el neoliberalismo”, decía una tertuliana.

Los partidos han debatido durante los últimos días sobre la posibilidad de ‘meter mano’ a TV3. La idea era volver a situar esta televisión en un terreno neutral, según dijo Soraya Sáenz de Santamaría. El pasado jueves, el PSOE anunció su intención de presentar una enmienda en el Senado para evitar que el Gobierno tomara el control de TV3, Catalunya Ràdio y la Agencia Catalana de Noticias (ACN) como consecuencia de la aplicación del artículo 155.

Los socialistas no consideraban lícito que Moncloa influyera en las decisiones de estos medios de comunicación públicos (vivir para ver) y solicitaron al PP que renunciara a tomar esta medida. Finalmente, así ha sido y este viernes socialistas y populares han renunciado a intervenir “las telecomunicaciones, comunicaciones electrónicas y audiovisuales” de Cataluña.

Una decisión complicada

Este viernes, durante unas horas, se ha barajado la posibilidad de que fuera la Junta Electoral Central o la Comisión Mixta de Control de RTVE los que tomara las riendas de TV3 y Catalunya Ràdio. La tarea hubiera hecho saltar chispas en este último órgano, del que forman parte diputados como Joan Capdevila, quien hace unas horas acusaba al presidente de la televisión pública española de “depurar” a los independentistas. También era contrario a esta medida José Zaragoza, del PSC, así como los miembros de Podemos. “Estamos rotundamente en contra de intervenir TV3 y estamos estudiando con sindicatos y trabajadores cómo proceder” en el caso de recibir el mandato del Senado, reconocía a este periódico un portavoz del partido mientras se debatía en el Senado la aplicación del artículo 155.

Dentro del Partido Popular, tampoco existía un consenso en este sentido. Entre otras cosas, por la dificultad que implicaría devolver TV3 a la senda de la normalidad en unas pocas semanas. Durante estos días, aquellos que viven tan alejados del suelo como los ‘popes’ del movimiento independentista –que acostumbran a opinar sobre lo divino y lo humano con una sorprendente ligereza y que actúan con mucha menos determinación de la que predican- han asegurado que esta tarea sería ‘coser y cantar’. Obviaban que el soberanismo se respira en cada uno de los pasillos de estos medios de comunicación y que su plantilla, bien pagada, -62.000 euros/año de media- había expresado su intención de movilizarse ante cualquier intento de influir en su trabajo por parte de los ‘hombres de negro’ de Moncloa.

Cabe señalar que desde el pasado 1 de octubre, la audiencia de TV3 ha aumentado un 40%, hasta situarse en el 17,3% de media. En septiembre, Telecinco fue la cadena más vista de la TDT con una cuota de pantalla de 12,7 puntos. Ese mes, tan sólo 11 programas obtuvieron un share mayor a la media que ha obtenido la televisión pública catalana durante las últimas semanas. Queda claro que cualquier huelga que pudieran protagonizar los empleados de la cadena tendría un enorme impacto en Cataluña. Y, desde luego, menos éxito que coste político.

Después de los acontecimientos de este viernes, se puede decir que la decisión de dejar volar libres a TV3 y a Catalunya Ràdio tendrá un efecto positivo y otro negativo. Por un lado, evitará que la imagen de Moncloa se vea afectada por los posibles actos subversivos de los trabajadores de estos medios, que a buen seguro tendrían una amplia proyección en el exterior, como ocurrió en el caso de la televisión pública griega cuando fue clausurada. Pero, por otro, supondrá dejar en manos de los independentistas su principal herramienta de propaganda durante el período electoral, en el que es más que previsible que se lanzarán decenas y decenas de mensajes contra el orden constitucional.

Este viernes, mientras el Parlament catalán escribía un nuevo capítulo del drama que sus dirigentes iniciaron hace unas semanas, TV3 era una fiesta. Su director, Vicent Sanchís, seguirá insistiendo en que ejerce su cargo con responsabilidad y profesionalidad; y dirá que en los programas de esta televisión pública están representadas las voces de todo el arco parlamentario. No se lo cree ni él. Esta televisión es y será en el futuro próximo la gran plataforma de difusión de los postulados más alucinógenos del procès. El que falseó la historia y pervirtió la realidad; y el que acalló a los opositores. Dentro y fuera del Parlament. Dentro y fuera de TV3.


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