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Del anuncio más patriótico, la otra vuelta de Paquirrín y la Navidad televisiva

El hijo de la Pantoja retorna a la televisión por enésima vez. El spot de Campofrío arrasa en las redes sociales. Los exitosos 'Top Chef' y 'La Voz' terminan con grandes audiencias. Las principales novedades que se emitirán en Nochebuena. Y mucho más...

Quizás ellos no lo sepan, pero los señores de Campofrío acaban de homenajear a Mariano José de Larra. Supongo que ustedes ya habrán visto el spot que remarca las tópicas cualidades de la piel ibérica frente a los tozudos argumentos que hoy, en estos días de tremebunda crisis, nos invitan a renegar de nuestro origen, a irnos al extranjero y a adoptar la nacionalidad de los países de destino. Se acusa al anuncio de ser demasiado patriótico, pero quien así acusa demuestra estar poseído de esa cualidad precisamente tan española que consiste en censurar, repudiar y hasta odiar todo lo que huela a propio, cuando en realidad tales críticas furibundas responden a una visión distorsionada del país en que simplemente nos ha tocado nacer y vivir.

Hace 180 años, también en una etapa de crisis que parecía irremediable, el añorado Larra esculpió un artículo sobre la costumbre española de mentar constantemente expresiones como "en este país" o "cosas de este país". Básicamene, la pieza trata de combatir ese pesimismo sin sentido, ese fatalismo sin parangón y ese amor sin control por la autocrítica tan presentes en el lenguaje cotidiano. Y el articulista concluyó: "Olvidemos, lo repetimos, esa funesta expresión que contribuye a aumentar la injusta desconfianza que de nuestras propias fuerzas tenemos. Hagamos más favor o justicia a nuestro país, y creámosle capaz de esfuerzos y felicidades. (...) Entonces este país dejará de ser tan maltratado de los extranjeros, a cuyo desprecio nada podemos oponer, si de él les damos nosotros mismos el vergonzoso ejemplo".

¿Les suena? Por eso creo que el spot que pueden ver bajo este párrafo honra la memoria del articulista. Solo haber pensado en Chus Lampreave como protagonista y haber rescatado de las catacumbas a Chiquito de la Calzada convierten a los creadores del spot en merecedores de cualquier premio. Además, el anuncio tiene ritmo, no es empalagoso, consigue atrapar a quien lo ve y, sobre todo, goza de un toque humorístico muy necesario en estos tiempos de lágrimas. Yo, si fuera ustedes, volvería a verlo:  

Uno se imagina los artículos que podría escribir Larra sobre la televisión actual y se emociona. Supongan, por ejemplo, que el articulista se pusiera a describir con toda su acidez y su prosa afrancesada y salpicada de casticismos a un personaje como Kiko Rivera, Paquirrín, que este viernes ha regresado a Sálvame Déluxe otra vez. Este ser humano vive en un eterno retorno a los platós. Ahora el hijo de Isabel Pantoja vuelve a pasar por caja para aclarar por qué montó una refriega morrocotuda con su hermana Chabelita en Twitter. Esperpéntico, lo sé, pero más lo es observar cómo este Gobierno legisla para que todos perdamos libertad cada día. Sí, demagógico el argumento, pero imbatible. 

Audiencias y finales

En esta semana se han terminado, con buenos números de audiencia, dos programas exitosos y adictivos. Chicote y sus cocineros de Top Chef acabaron a lo grande, con una final vibrante y divertida, presidida por un jurado de inigualable calidad. Arzak, Berasategui, Arguiñano y compañía degustaron los platos de los finalistas. Begoña venció y convenció porque entremezcla sabores y aromas mejor que sus competidores. En este Chicote tenemos un monstruo televisivo de innegables dotes comunicativas. Merece la pena ver casi cualquier programa que presente.

También es un profesional de enorme valor, aunque horteramente vestido, Jesús Vázquez, que pilotó la emocionante gala final de La Voz. En este caso ganó un tal David que cuando canta enamora y cuando habla decepciona. Y asimismo esta semana se acabó, con menos glamour, ¿Quién quiere casarse con mi madre?, espacio tan divertido como insultante. Por uno de esos compromisos navideños no pude ver el final apoteósico de las madres que buscan maromo. Sostiene un compañero de Vozpópuli dedicado a informar sobre asuntos energéticos que fue una irresponsabilidad por mi parte. Yo sostengo que me hice un favor y seguramente se lo hice a ustedes, queridos lectores.

Nochebuena

Sabrán ustedes que el bueno de Larra anticipó su suicidio en un desgarrador artículo que versaba sobre la Nochebuena de 1836. Y hoy, a pocos días de esta cita propicia para los banquetes desmesurados, las falsas armonías, las reuniones bellas (algunas lo son) y las peleas familiares, nos despedimos contando qué carajo van a emitir las televisiones ese día. No es que se hayan destrozado las neuronas pensando en ideas para ser originales, pero hay alguna novedad que quizás resulte atrayente y hasta potable.

En Televisión Española combinan algo novedoso y lo más clásico: primero estrenan el programa de humor Se hace saber, que promete mucho y que, por cierto, empieza también con un recuerdo a Chiquito de la Calzada; y después nos ofrecen sendos especiales musicales de Pablo Alborán y, cómo no, Raphael. En Antena 3 emitirán cuatro capítulos de Los Simpson y una edición especial de Tu cara me suena. En La Sexta van a lo seguro y apuestan por emitir lo mejor de El Intermedio. En Telecinco se emitirá 'La noche en paz', gala presentada por Paz Padilla. Y en Cuatro han pensado en los niños y ofrecerán la película 'Buscando a Nemo'. Todo, claro está, tras el tradicional mensaje navideño de Su Majestad el Rey Juan Carlos. A ver si este año nos deleita con aquello de "la justicia es igual para todos". Como chiste está muy bien, oigan. 

Corrijo lo dicho. Nos vamos a despedir con un asunto que ya analizamos aquí hace tiempo, pero que aún da que hablar. Me refiero al anuncio de la lotería. Su diseñador se equivocó en las formas, pero es un genio del marketing. Además, qué narices, nos ha provocado sonrisas que tardarán en cicatrizar. Pues eso, con el inolvidable anuncio de Raphael, la Caballé, Bustamante, Pastori y Marta Sánchez les deseo lo mejor en el sorteo del Gordo. Porque esos dichosos numeritos, al contrario que las celebraciones y la programación, sí que pueden hacernos felices.


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