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Por qué Ana Pastor se olvidó de su bravura frente a Zapatero

La entrevista al expresidente del Gobierno en 'El Objetivo' logra espléndidas cifras de audiencia. Sin embargo, a muchos espectadores les habrá extrañado que la presentadora se mostrase menos combativa de lo habitual. ¿Amiguismo, intereses, miedo o tal vez compasión?

Hay mitos que se imponen a la realidad sin justificación plausible. Por ejemplo, el estadismo de Felipe González o la maldad de José Mourinho. Inexplicable e irracionalmente la etiqueta se mantiene pase lo que pase. Bueno, casi. De súbito, un día ocurre algo inesperado que defrauda las expectativas de los mitómanos. Muchos habrán sentido esa decepción al asistir en sus sofás a la entrevista de Ana Pastor al expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero en El Objetivo. La bravura y el ímpetu habituales en la presentadora se esfumaron en esta ocasión.

Para quienes no hayan visto tamaña entrevista, solo pondremos un ejemplo. Al inicio de la conversación, Pastor y Zapatero abordaron el asunto del terrorismo. Ella preguntó por el caso Faisán. Y lo cierto es que insistió en preguntar al exjefe del Ejecutivo si “hubo orden política” en el chivatazo a ETA. Él lo negó, claro está. Pero, sin entrar en el fondo de la cuestión, se echó de menos esa insistencia asfixiante tan de Pastor, que arrincona e interrumpe al entrevistado con un estilo agresivo, directo, sin concesiones, como hizo con Rubalcaba, sin ir más lejos. Con la crisis económica y el asunto catalán, otro tanto. Zapatero, que presentaba un aspecto más saludable, tiró de eufemismos, lugares comunes y regates torpes y Pastor le presionó pero sin tantas ganas como esperaban sus fans.  

No obstante, tengo para mí que el mitificado nunca tiene la culpa de alcanzar la gloria, sino que la tienen quienes lo endiosan o demonizan, verbos tan conjugados en España por la vía de los hechos, sin motivos racionales. Quiero decir que Pastor no es estrictamente responsable de que algunos la hayan considerado el ejemplo del periodismo objetivo, independiente y atrevido y ahora crean que no era para tanto. Ella es una profesional del periodismo que preguntó a Zapatero como mejor quiso, pudo o supo. Ni más ni menos.

¿Por qué la periodista utilizó un tono más suave que en ocasiones precedentes y hasta llegó a ser condescendiente cuando tenía tan sencillo acorralar al expresidente? Obviamente, solo ella lo sabe. Durante el programa, que por cierto logró su mejor dato de audiencia de la temporada (un 10,7% de cuota de pantalla y 2.126.000 espectadores), en las redes sociales, principalmente en Twitter, había teorías para todos los gustos. Algunos apelaban al simple argumento de que ambos comparten ideología. Otros más malvados defendían que fue con Zapatero en el Gobierno cuando Pastor llegó a TVE y alcanzó el estrellato y tiraban de refranero con aquello de que "es de bien nacidos ser agradecidos". Unos pocos rebuscados apuntaban a que el exlíder del PSOE empieza a promocionar su libro, que publicará Planeta, matriz del grupo Atresmedia al que también pertenece La Sexta. Y los más traviesos mentaban a Antonio García Ferreras, Carme Chacón, Miguel Barroso o José Miguel Contreras y recordaban las estrechas y buenas relaciones entre todos ellos y Zapatero. Algún rubalcabista enfurecido iba más allá y decía que todo era culpa del clan PSOE S.A

Acaso el asunto sea más sencillo. A falta de poder preguntarle a la propia Pastor y que ella se explique con amplitud, tengo mi propia tesis. Lo hizo por compasión. Cuando se tiene en frente a un personaje que con sus palabras sublima su propia caricatura, uno a veces se compadece y afloja su fiereza porque sucumbe a sus buenos sentimientos. Esto en este caso sorprende porque yo, incauto, pensaba que la izquierda mediática, donde se encuadra Pastor, siempre apuesta por la justicia social, la verdad y otros conceptos similares antes que por la piedad, la conmiseración o la lástima. Al ver la entrevista llegué a pensar que Pastor profesaba el catolicismo y hasta creí que mientras pronunciaba sus preguntas se acordaba de la parábola del buen samaritano. O quizás es que, olvidando religiones y volviendo a los mitos, al igual que González no era tan estadista ni Mou es tan malvado, Pastor no es tan implacable. 


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