Materias grises

Una recuperación ya vista

Tras años de arranques en falso, brotes verdes ilusorios y promesas de futuros mejores a la vuelta de la esquina, parece que la recuperación económica en España empieza a consolidarse. El paro está disminuyendo, las empresas expandirse de nuevo, las cuentas públicas poco a poco recuperan el pulso, y los políticos andan de nuevo poniéndose medallas. En un eco de tiempos pretéritos, el PIB español está creciendo por encima de la media de la eurozona. Queda mucho, muchísimo camino por recorrer, pero parece que tras ocho años horribles lo peor ya ha quedado atrás.

Aún así, es mejor no caer en el optimismo. Del mismo modo que es importante entender las causas de una crisis económica para evitar repetirla, no está de más echar un vistazo a los motores de la recuperación para saber si hemos hecho los deberes y cambiado nuestro dichoso modelo productivo que todos dicen querer superar.

Para empezar, crecer por encima de la media de la eurozona puede parecer meritorio, pero es casi lo mínimo exigible. España ha destruido mucha más riqueza que la media y viene de un agujero mucho más profundo, así que nuestra tasa de crecimiento va a ser más rápida simplemente porque estamos convergiendo con la media. Mirando las previsiones de la comisión, nuestra proeza resulta ser poco remarcable – seríamos decimoterceros en crecimiento en una lista de veintiocho.  Las cifras de empleo son algo más halagadoras (quintos) pero contando que nadie en la UE excepto Grecia y Lituania han sufrido una catástrofe laboral parecida, es casi lo mínimo que podríamos exigir.

De todas las previsiones económicas, sin embargo, hay una que debería alarmarnos especialmente: el crecimiento  de la productividad. En esta lista España está vigésimo tercera, con una aumento del 0,4% este año

De todas las previsiones económicas, sin embargo, hay una que debería alarmarnos especialmente: el crecimiento  de la productividad. En esta lista España está vigésimo tercera, con una aumento del 0,4% este año. Polonia, el líder de la clasificación (un país con una población similar a España y que está convergiendo rapidísimo), va a rozar el 3%, algo que debería darnos un punto de referencia sobre a qué deberíamos estar aspirando. El crecimiento de la productividad español recuerda, otra vez, al que veíamos en los años anteriores a la crisis, cuando el crédito fácil impulsaba el consumo y podíamos gastar lo que no teníamos a base de deuda.

Esta cifra, la productividad que no llega, es una señal meridianamente clara de que aunque la economía vuelve a dar cifras positivas, es muy probable que el modelo productivo que tenemos detrás sea casi el mismo de antes.

Ahora mismo España (y el resto de la eurozona) disfruta de varios factores que están sirviendo como vientos favorables para la recuperación: la caída del precio del petróleo, que ha actuado como un “estímulo fiscal” externo, la caída del euro, que está favoreciendo las exportaciones, y una política monetaria al fin claramente expansiva por parte del Banco Central Europeo. Si a esto le sumamos que tras ocho años de recesión probablemente habíamos llegado a un punto que no quedaba demasiada riqueza que destruir, nos hemos empobrecido lo suficiente como para que la gente quiera comprar nuestros saldos, y que gracias a la tímida recuperación el sector público ha empezado a abandonar las políticas de austeridad más dolorosas (eso, y que es año de elecciones y no tocan recortes) creo que basta para explicar casi toda nuestra recuperación.  No es difícil ver que en esta lista no hay nada que realmente tenga mucho que ver con el gobierno; el crecimiento, casi en su totalidad, está viniendo por una combinación entre pura inercia y factores externos, no un cambio en nuestra estructura productiva.

El PIB aumentará más porque tenemos a más gente haciendo trabajos de tercera que por haber inventado nada nuevo

¿Qué quiere decir esto? Si no hay reformas, el ciclo expansivo de la economía española de los próximos años va a ser tristemente familiar. La mayor parte del crecimiento no vendrá de ser más eficientes, ofrecer mejores servicios o desarrollar nuevas tecnologías; lo que veremos será una lento retorno de nuestras hordas de parados a empleos de segunda en trabajos poco productivos con contratos temporales de escaso futuro. La economía concentrará la creación de empleo en sectores con poco valor añadido, el mercado laboral seguirá horriblemente segmentado, y el PIB aumentará más porque tenemos a más gente haciendo trabajos de tercera que por haber inventado nada nuevo.

Gracias a la purga sufrida por nuestro sistema financiero, esta vez al menos no tendremos cajas de ahorros construyendo elefantes blancos y viviendas lejos de ninguna parte en otra burbuja inmobiliaria. Esto quiere decir que nuestra expansión no será tan rápida, extravagante ni artificial como la de la primera década del siglo, pero también que la tasa de paro se quedará encallada a medio plazo en un nivel deprimentemente alto (15-16%) antes de empezar a sufrir presiones inflacionarias.

La España del 2020, en otras palabras, será muy parecida a la España del 2006 o la del 1992: un país que incluso cuando las cosas van bien tiene una tasa de desempleo grotesca, genera empleo de baja calidad con demasiadas PYMEs incapaces de crecer debido a un mercado laboral absurdo y trabas burocráticas y un estado de bienestar que sigue sin redistribuir riqueza de forma eficaz. 

A pesar de todos los aspavientos, proclamas y grandes declaraciones de este gobierno España apenas ha aprobado reformas de calado para salir de la crisis

La realidad es que a pesar de todos los aspavientos, proclamas y grandes declaraciones de este gobierno (y en parte también del anterior) España apenas ha aprobado reformas de calado para salir de la crisis. Con la excepción del sector financiero, saneado y purificado gracias al rescate europeo (sí, fue un rescate), el resto de la política económica de Rajoy ha sido una cuestión de matices, sin cambios substanciales en casi ninguna parte. El mercado laboral, con la posible excepción de la negociación colectiva, es igual de disfuncional que siempre; la educación apenas se ha tocado nada relevante; el mercado de servicios sigue lleno de trabas; la financiación autonómica ni siquiera se ha estudiado; no se ha liberalizado nada relevante; la administración pública no ha visto ninguna reforma; el sistema político no ha pasado de retoques; no hay medidas creíbles contra la corrupción. Fuera de imponer recortes a las autonomías y proclamar que los austeros eran ellos, el gobierno de Rajoy no ha hecho nada remotamente relevante para sacarnos de esta crisis o prevenir crisis futuras.

El resultado es que tenemos una recuperación como las de antes, con el país volviendo a los mismos problemas de siempre. Veremos qué gobierno sale de las elecciones de noviembre, pero de momento no aprendemos


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