Materias grises

¿Quién pierde realmente con la globalización?

Uno de los gráficos más famosos de los últimos meses es la “curva del elefante”, un aparentemente inocente diagrama de cambios de distribución de la renta que recuerda vagamente a un dibujo de El Principito.

El gráfico fue creado por Branko Milanovic, un economista del Banco Mundial en un artículo que se ha hecho justamente famoso. Milanovic refleja el aumento de ingresos en términos reales de cada grupo por nivel de ingresos a escala global entre 1988 y el 2008. El gráfico refleja percentiles de población; el “percentil diez” en ingresos es el nivel de renta por debajo del cual se encuentra un diez por ciento de la población.

Durante las dos décadas anteriores a la gran recesión un porcentaje enorme de la población mundial vio como sus ingresos se disparaban

Lo que vemos en los datos de Milanovic es que durante las dos décadas anteriores a la gran recesión un porcentaje enorme de la población mundial vio como sus ingresos se disparaban. Exceptuando los grupos en la pobreza más extrema, casi todo el mundo por debajo del percentil 65 vio su nivel de ingresos crecer más de un 60%. Estos datos son un fiel reflejo de la enorme caída de la pobreza en gran parte del globo en los últimos años. El crecimiento económico en China e India, en solitario, ha generado probablemente más bienestar material en dos décadas que todo el desarrollo económico de la humanidad en los últimos cincuenta siglos.

Es cuando miramos la parte media-alta de la distribución, sin embargo, cuando la cosa se complica. Es de espera que el crecimiento de la renta per cápita sea más lento en los países ricos, ya que no pueden crecer a base de adoptar tecnologías ya inventadas. Lo que vemos en el gráfico, sin embargo, es un crecimiento anémico para mucha gente entre el percentil 70 y el 95, y un crecimiento decente sólo para los afortunados en la cima de la distribución mundial de la renta.

Muchos observadores (servidor incluido), respondieron a este gráfico pensando en los efectos de la globalización. El comercio internacional ha desplazado gran parte de la producción industrial de países ricos a países de renta media. El gráfico, entonces, seguramente refleja la caída de ingresos de la clase obrera del primer mundo y la explosión de crecimiento en lugares como China, India, Vietnam o Bangladesh. Parece una explicación lógica; con ella se ha hablado de los descontentos del Brexit, los votantes de Trump y los indignados, señalando los terrores de la globalización.

El problema es que, si prestamos atención a los datos, el gráfico realmente no está reflejando esta realidad. Una primera pista es que si miramos en qué nivel está cada percentil a nivel global nos daremos cuenta que la clase media del primer mundo está mucho más cerca de la cima de lo que creemos. Un mileurista en España no es del todo consciente de su suerte; un sueldo bruto de €14.000 al año le coloca en entre el 10% de la población mundial con más ingresos. La clase media americana (salarios de $30.000 para arriba) está en el 3% superior de la escala, lejos de la “zona de desastre” del gráfico.

Las “víctimas de la globalización” en los percentiles medio-altos de la distribución no son la clase obrera del primer mundo

Como señala el propio Milanovic en su artículo (que nadie parecía haber leído), las “víctimas de la globalización” en los percentiles medio-altos de la distribución no son la clase obrera del primer mundo, sino un grupo de países que tuvieron veinte años especialmente malos. Quien ha sufrido una caída de sus ingresos reales en estas dos últimas décadas es por un lado Japón y su interminable crisis económica (con un estancamiento eterno de nivel de renta), por otro los países herederos de la Unión Soviética y Europa del Este. El hundimiento del imperio soviético representó una catástrofe sin paliativos para más de 500 millones de personas: la crisis fue dura en Polonia, República Checa, Hungría o Eslovaquia, atroz en los Balcanes, y absolutamente aterradora en los territorios de la antigua URSS.

Un estudio reciente de la Resolution Foundation desarrolla esta idea en profundidad. Aparte del hecho que los países ex soviéticos son los auténticos perdedores, el artículo señala que el “gráfico del elefante” oculta dos detalles importantes. Primero, los percentiles en el cálculo de Milanovic tienen países distintos en los dos años, fruto precisamente del hundimiento del bloque del este. Corrigido este hecho, el crecimiento de la renta media a nivel global es bastante mayor (32% en vez del 24%), y mostraría estancamiento, pero no caída, de los ingresos en el percentil 80. El crecimiento de la población hace también que los datos sean un tanto engañosos, ya que mientras que el primer mundo no crece demasiado, la población en la parte media-baja de la escala sigue aumentando a buen ritmo. Esto hace que el pico en la derecha de la escala parezca mayor de lo que es realmente, ya que los “ricos” (la clase media americana y europea) son un porcentaje menor de la población.

El dato más importante, sin embargo, es que si miramos los datos a nivel agregado perdemos de vista la enorme variación entre países ricos en su distribución de renta. Estados Unidos vio entre 1988 y el 2008 un colosal aumento de las desigualdades, con un estancamiento casi completo del nivel de ingresos de las clases medias en casi todo el periodo (única excepción: la segunda mitad de los noventa). Estados Unidos resulta ser uno de los países que menos comercia dentro de las economías desarrolladas. En España, mientras tanto, todo el mundo vio un aumento espectacular de renta, especialmente para los percentiles inferiores. Otros países europeos sin burbujas inmobiliarias también vieron cifras más cercanas a las españolas que a las americanas. La desigualdad aumentó en algunos países, pero no en otros.

La desigualdad en los países ricos no es un fenómeno uniforme o inevitable

La globalización es, seguramente, uno de los mayores cambios en la estructura económica mundial de las últimas décadas. Sus efectos han sido gigantescos en muchas partes del mundo, con cientos de millones de familias pudiendo dejar atrás la pobreza. Esto no quiere decir, sin embargo, que todos estos trabajadores súbitamente prósperos lo sean porque han “robado” sus puestos de trabajo a una clase trabajadora asediada en los países del primer mundo. La economía mundial no es un juego de suma cero; dos países pueden comerciar y los dos pueden salir beneficiados. Antes de hacer interpretaciones apresuradas de gráficos que parecen reforzar nuestros prejuicios vale la pena mirar los datos con detalle, y entender que la desigualdad en los países ricos no es un fenómeno uniforme o inevitable.


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