OPINIÓN

Cuando un partido se devora a si mismo

El Washington Post, en un ejercicio de periodismo de investigación impecable, publicaba las historias de cuatro mujeres acusando a Roy Moore de abusos sexuales.

Cuando un partido se devora a si mismo.
Cuando un partido se devora a si mismo. EFE

Roy Moore es un tipo peculiar. Como juez, Moore tiene la distinción de haber ganado en dos ocasiones elecciones para ser magistrado en el tribunal supremo de Alabama. Como juez también, Moore tiene la distinción de haber sido expulsado del tribunal supremo de Alabama en dos ocasiones por vulnerar sentencias judiciales federales.

Moore se negó a ordenar la aplicación de la sentencia del supremo de Estados Unidos legalizando el matrimonio homosexual

Los motivos que llevaron a Moore a perder el cargo dos veces son significativos. La primera vez fue por rechazar una orden de retirar una estatua gigante de los diez mandamientos del jardín del tribunal, algo que según los tribunales federales vulneraba la separación iglesia-estado. La segunda vez, Moore se negó a ordenar la aplicación de la sentencia del supremo de Estados Unidos legalizando el matrimonio homosexual. Que los votantes de Alabama escogieran por segunda vez un tipo que perdió el cargo de este modo dice mucho del estado de la política de ese estado, pero eso lo dejaremos para otro día.

La cuestión es que, gracias a sus alegres actos de trolleo judicial, Moore se convirtió en un héroe de un sector importante del movimiento conservador americano. El juez era, en cierto sentido, un trumpista antes que Trump existiera, con apelaciones a las bases, diatribas contra las élites de Washington y lo políticamente correcto que esconden la vieja combinación de misoginia, racismo, homofobia y cristianismo radical de siempre. Un número considerable de votantes en su estado apoyaban a Moore porque francamente en Alabama son así de cafres; un número aún mayor estaban fascinados por su populismo y como cabreaba a los progres.

El movimiento conservador americano ciertamente paga por ver y leer a sus héroes

La actividad de Moore se limitó, en los últimos años, al viejo circuito conservador de conferencias, libros, ONGs para la causa cavernícola de turno (en el caso de Moore, incluyendo una sobre el legado histórico de la confederación), salir en Fox News y ser aplaudido por los trolls radiofónicos habituales. Es un modo de vida lucrativo; el movimiento conservador americano ciertamente paga por ver y leer a sus héroes. El tipo parecía jubilado de la política activa, hasta que Jeff Sessions, senador por Alabama, fue escogido fiscal general por Trump y su escaño quedó vacante.

Cuando un sillón en el senado queda vacío el estado al que representa escoge como sustituirle. En el caso de Alabama, el gobernador escoge un senador interino, y establece fechas para primarias y generales para sustituirlo. En este caso, el gobernador nominó al fiscal general del estado, Luther Strange, en lo que algunos vieron como una maniobra para evitar que Strange iniciara una investigación de un escándalo propio. De nuevo, hablar de la política de Alabama da para otro artículo entero, pero es para otro día.

En un mundo normal, las primarias no serían un gran problema, y las generales en Alabama están tiradas para un candidato republicano. En el enrarecido, tóxico ambiente del partido post-Trump, sin embargo, la cosa se complicó rápido. Primero, Roy Moore, viendo una oportunidad para volver a salir en la tele como héroe reaccionario, se presentó como candidato. Segundo, el sector troll del partido decidió movilizarse; Steve Bannon, ex consejero de Trump, adalid de la derecha ultra del partido y criptofascista ocasional decidió apoyarle.

El partido puso mucho dinero para asegurar que Moore no llegara a las generales… y perdieron. El juez ganó las primarias con cierta facilidad

Los líderes del partido republicano eran perfectamente conscientes de que Moore era tóxico. Es un tipo extremista incluso dentro del enrarecido ambiente de la derecha americana; es alguien tan racista y tan homófobo como para hacer que el presidente Trump hiciera campaña por Luther Strange. El partido puso mucho dinero para asegurar que Moore no llegara a las generales… y perdieron. El juez ganó las primarias con cierta facilidad.

Por mucho que fuera un chiflado, los republicanos no temían perder las generales. Es Alabama, al fin y al cabo; es la clase de lugar donde Trump ganó por 28 puntos. El partido simplemente no quería que un extremista como él estuviera en el senado diciendo memeces, y obligando a senadores más moderados a estar respondiendo todo el rato que su colega les parece un demente.

El Washington Post, en un ejercicio de periodismo de investigación impecable, publicaba las historias de cuatro mujeres acusando a Roy Moore de abusos sexuales

La semana pasada, la cosa empeoró. El Washington Post, en un ejercicio de periodismo de investigación impecable, publicaba las historias de cuatro mujeres acusando a Roy Moore de abusos sexuales. Un de las mujeres tenía 14 años cuando Moore intentó violarla. Las otras, 16 o 17. La reacción del exjuez, lejos de ser clara, sólo aumento las sospechas con sus confusiones, ataques al Post y conspiraciones. El lunes otra mujer le acusaba de atacarla también cuando era menor; un periódico local escribía sobre cómo Moore fue vetado de un centro comercial tras ser advertido repetidamente que dejara de acosar adolescentes. Todas las historias eran antiguas, pero creíbles.

Los líderes republicanos esta vez sí habían tenido bastante: uno tras otro los senadores del partido le retiraron su apoyo. Los líderes de la cámara poco menos que declararon que si ganaba las elecciones no le dejarían ocupar su escaño. Todos le pidieron que se retirara de las elecciones.

Hay un pequeño problema: las elecciones generales son el 12 de diciembre, y los republicanos no tienen tiempo ni autoridad legal para designar otro candidato. Alabama permite votar por write-in candidates, literalmente que los electores escriban a quién les gustaría que ganara que no está en la papeleta. El GOP está ahora mismo buscando desesperadamente a alguien, cualquiera, que puedan reclutar y publicitar como candidato, y sacarse a Moore de encima.

Alguien como Roy Moore nunca debería haber llegado hasta aquí

Esto, obviamente, es complicado; hay candidatos que han ganado elecciones como write-in (la última, Lisa Murkowski, senadora por Alaska que perdió unas primarias en 2010 pero se presentó y ganó elecciones igual), pero no sucede a menudo. El resultado es que el partido se enfrenta a tres escenarios igualmente horribles: si Moore se retira, el candidato demócrata se enfrentará a un write in improvisado, y los republicanos probablemente perderán. Si Moore no se retira y presentan uno alternativo, tendrán dos candidatos conservadores contra uno demócrata, y seguramente perderán. Si Moore no se retira y no ofrecen una alternativa, pero prometen no dejarle ocupar un escaño, lo que están haciendo es pedir a los votantes conservadores del estado es que voten a un pedófilo para que el senado pueda vetarlo y el gobernador de Alabama nominé a otra persona.

Obviamente, el problema es que alguien como Roy Moore nunca debería haber llegado hasta aquí. El partido nunca debería haber tolerado su reelección como juez. Nunca nadie debería haberle reído las gracias, y nunca debería haber ganado unas primarias sin que nadie hubiera comprobado si los rumores de acoso sexual que siempre le habían perseguido eran ciertos. El resultado de esta dejadez, de este permitir que el partido se llene de chiflados y extremistas vendelibros, es que es muy posible que Alabama acabe escogiendo un senador demócrata el mes que viene.

Alabama, nada menos. La política, en la era de Trump.


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