Materias grises

La ficción de la deuda griega

Alexis Tsipras (izda) con el presidente griego Carolos Papulias (dcha) - Foto EFE

Con la victoria de Syriza toca hablar de deuda. Grecia tiene un nuevo gobierno, y el nuevo primer ministro ha llegado al cargo prometiendo que exigirá una renegociación de la deuda pública del país. Muchos columnistas se han fijado sobre todo en el porcentaje de la deuda en relación al PIB heleno, y señalado que su 174% es un ratio insostenible. 

Es un número resultón, pero en el caso griego no es la cifra indicada para analizar el problema. El motivo principal es que el volumen total de deuda en este caso es bastante irrelevante, ya que el precio e intereses pagados ahora mismo en esas letras son casi arbitrarios. La práctica totalidad de la deuda griega está en manos de gobiernos e instituciones transnacionales; los tipos que estos cobran por ella no tienen nada que ver con precios de mercado, sino que surgen de acuerdos de la troika con los gobiernos griegos y los intereses son pagados en parte con fondos prestados por los acreedores. Tras la quita de deuda del 2012 a prestamistas privados (Grecia ya ha tenido una quita de deuda importante) financiada en parte con el rescate, la deuda griega restante está casi toda en manos públicas, y depende pura y simplemente de decisiones políticas. 

La primera realidad presupuestaria de un gobierno griego, por tanto, es que ahora mismo están pagando por su deuda mucho menos de lo que hubieran pagado sin el rescate europeo

La primera realidad presupuestaria de un gobierno griego, por tanto, es que ahora mismo están pagando por su deuda mucho menos de lo que hubieran pagado sin el rescate europeo. Nadie en los mercados financieros ahora mismo vería las cuentas griegas y les prestaría dinero al 2,5% de interés que es lo que pagan ahora por el rescate. Los países del resto de la eurozona están financiando al estado griego con unos tipos de interés parecidos a los que pagan Estados Unidos o Alemania en tiempos de bonanza económica. Algo me dice que Grecia como deudor es bastante menos de fiar que estos dos países, pero en eso consiste un rescate. Sin la troika, y sin el dinero salido de las arcas europeas, Grecia habría entrado en bancarrota hace mucho tiempo

Obviamente, los prestamistas gubernamentales operan con una lógica distinta a los operadores privados. Por motivos políticos, la troika no quiere ser vista reduciendo ni un céntimo el volumen total de la deuda de un país. Los contribuyentes alemanes nunca aceptarían darle un “regalo” a otro estado de este modo, así que no van a aceptar una quita. Los representantes de la troika, sin embargo, tienen paciencia; los gobiernos no están dando dinero a Grecia buscando rentabilidad, así que no tienen prisa para recuperar el dinero. El mecanismo para hacerlo es no fijarse en deudas o intereses, sino en el balance primario de los presupuestos griegos.

La idea es muy sencilla: la troika exige a Grecia que no tenga déficit primario, es decir, que el gobierno no gaste más dinero del que ingresa mediante impuestos. Cumplida esta condición, la troika exige a Grecia que mantenga un superávit primario del 4,5% del PIB siempre, y utilice ese dinero para pagar sus deudas con ellos. La cifra es salida pura y simplemente de un pacto entre gobiernos, y es el tema central de todo el debate.  El acuerdo actual viene a ser una especie de subvención encubierta donde Grecia finge pagar todo lo que debe y la troika finge no haber mutualizado la deuda y estar haciendo una transferencia encubierta subvencionándoles los préstamos hasta el infinito. Incluso para los habitualmente barrocos arreglos de la UE, es una solución complicada. 

Dicho esto, ahora cuando sigamos las negociaciones entre Syriza y la troikano debemos pensar en el stock de deuda griega, sino en el flujo de pagos como porcentaje del PIB. La pregunta obvia es entonces si este 4,5% es una cifra sostenible

La verdad, es complicado decirlo, pero probablemente sí lo es. Los países de la eurozona, de media, destinan un 2,6% del PIB a pagar los intereses de su deuda pública. Italia es el país de la OCDE que más gasta (5,3% del PIB), Holanda quien menos (un 1,2%); España anda sobre el 3%. Aunque el porcentaje griego es elevado dentro de la eurozona, dos puntos de PIB extra tras haber estrellado el presupuesto como hizo Grecia no suena del todo descabellado. Como referencia, los griegos destinan un 2,5% del PIB a defensa (el doble que Alemania y dos veces y media el gasto de España); si a eso le añadimos la legendaria ineficiencia de la administración pública helena la carga impuesta por la troika, aunque significativa, debería ser sostenible. El gobierno griego ha sido capaz de cumplir esta condición los dos últimos años, y la economía está creciendo, aunque sea lentamente. 

Irónicamente, la victoria de Syriza ha llegado una vez los problemas fiscales griegos parecen estar en vías de solución

Irónicamente, la victoria de Syriza ha llegado una vez los problemas fiscales griegos parecen estar en vías de solución, o al menos están basados en una estructura de pagos y deuda casi razonable. La deuda pública griega es una losa pesada sobre la economía del país, pero no es una carga inaguantable. El problema, claro está, es que Tsipras ha llegado al poder diciendo lo contrario, y ahora quiere forzar a la troika a reescribir el acuerdo, reduciendo la carga fiscal sobre el país de un modo u otro. 

La verdad: es muy probable que no llegue a ningún sitio, en gran parte porque sabe que tiene todas las de perder. Syriza puede declarar un impago de la deuda y exigir una renegociación todo lo que quieras, pero lo cierto es que al resto de la eurozona esta acción le importaría más bien poco. El sistema bancario europeo no perdería apenas dinero (recordad, la deuda está casi toda en manos oficiales), Grecia de repente tendría un montón de deuda en sus libros que realmente no podría pagar, sus bancos no podrían prestarle nada sin apoyo del Banco Central Europeo, y acabarían saliendo del euro por las malas, vía implosión del sector bancario.

Dado que todo el mundo sabe que Tsipras está echándose un farol con una mano horrible, el resultado más lógico será que veremos grandes aspavientos y gestos simbólicos, la derogación de varias reformas que afectaron a bloques de votantes con capacidad de influencia (funcionarios, estructuras clientelares esperando ser resucitadas…), y poca cosa más. Los políticos europeos probablemente buscarán alguna victoria simbólica que darle a Syriza renegociando flecos de los acuerdos ya tomados, pero en cuestiones substantivas seguirán subvencionándole la deuda como hasta ahora.

Lo trágico de toda esta historia, por supuesto, es que los años de austeridad y recortes antes de llegar a la reestructuración del 2012 fueron tan estúpidos como salvajes. Por mucho que el acuerdo actual sea más o menos sostenible, la troika estuvo torturando durante años a los griegos, incapaces de aceptar una solución razonable. La gran recesión, en Europa, será vista como todos esos años en los que los políticos del continente infligieron cantidades absurdas de penurias a millones de personas con tal de evitar admitir haber cometido un error. Realmente es trágico.


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