OPINIÓN

Trump contra Comey: instituciones, controles y costumbres

Trump es el primer presidente en despedir a alguien que le estaba investigando desde Richard Nixon en 1973.

Trump contra Comey: instituciones, controles y costumbres.
Trump contra Comey: instituciones, controles y costumbres. EFE

El martes por la tarde el presidente Trump cesó a James Comey. Fue, según los medios, una decisión precipitada. Una semana antes, la Casa Blanca pidió a Jeff Sessions, el fiscal general, una excusa para despedir a Comey. Rod Rosenstein, el recién confirmado ayudante del Sessions, preparó la carta explicando su cese. La excusa es que Trump había perdido la confianza en Comey tras su actuación durante la campaña presidencial, durante esa interminable investigación sobre los correos electrónicos de Clinton que no llegó a ninguna parte.

A nadie se le ha escapado la ironía de que Trump haya dado como motivo del despido una investigación que perjudicó a su rival y que elogió de manera incesante durante la campaña. Rosenstein, en un maravilloso alarde de cinismo, ha recogido todas las justificables y justificadas críticas vertidas por la campaña de Clinton contra Comey y su torpe, desmesurada injerencia en la campaña para justificar la actuación del presidente.

Comey está investigando al presidente sobre lo que puede ser el mayor escándalo político de la historia de los Estados Unidos. Es por este motivo que Trump lo ha despedido

Lo que está pensando todo el mundo en Washington, por supuesto, es otra cosa. James Comey y el FBI han declarado en el Congreso confirmando que están investigando las relaciones de actores dentro de la campaña de Donald Trump y su posible colusión con Rusia. Un gran jurado ha empezado a autorizar citaciones a gente cercana a Michael Flynn, uno de los asesores clave del presidente. Comey está investigando al presidente sobre lo que puede ser el mayor escándalo político de la historia de los Estados Unidos. Es por este motivo que Trump lo ha despedido.

Veremos hasta donde llega el escándalo, la reacción del congreso y qué hace la administración Trump durante los próximos días. Lo interesante, en este caso, es que lo ha hecho Trump es estrictamente y completamente legal.

Repasemos cómo funciona el departamento de justicia en Estados Unidos. El presidente tiene la autoridad de nombrar al fiscal general, y puede despedirle en cualquier momento. El director del FBI trabaja para el fiscal general, y su mandato dura 10 años. Como el fiscal general, es nombrado por el presidente y confirmado por el senado, pero puede ser despedido por el presidente sin ninguna limitación.

El presidente sólo cesa a un fiscal general o director del FBI si el tipo está haciendo algo obviamente ilegal o si se ha vuelto loco

La costumbre, sin embargo, es que eso no suceda. La tradición constitucional americana asume que el fiscal general debe ser independiente, y una vez nombrado sus decisiones sobre qué investigar y a quien acusar de crímenes son completamente autónomas. Esa misma tradición da por sentado que el director del FBI debe ser alguien con una larga trayectoria profesional, credenciales impecables y que cumple íntegramente su mandato. El presidente sólo cesa a un fiscal general o director del FBI si el tipo está haciendo algo obviamente ilegal o si se ha vuelto loco. Y si el director del FBI o el fiscal general están investigando al presidente, aún menos. La expectativa, en ese caso, es que el fiscal general nombre un fiscal especial completamente independiente y el ejecutivo se inhiba de esa investigación.

Trump ha roto ese precedente, y lo ha hecho sin el más mínimo rubor. Formalmente, nadie puede hacer nada para evitar que despida a Comey. Nadie puede impedir que la Casa Blanca, de forma más o menos abierta, sabotee o elimine una investigación desde el punto de vista legal. Lo único que ha mantenido a presidentes anteriores de tomar esta clase de decisiones es el pudor y el respeto a la tradición republicana de Estados Unidos. Trump no tiene ni uno, ni lo otro, así que ha cortado por lo sano. Es el primer presidente en despedir alguien que le estaba investigando desde Richard Nixon en 1973.

La clave será ver si para el partido republicano es más importante proteger las instituciones o proteger al presidente

Esto no quiere decir que Trump vaya necesariamente a salirse con la suya; el congreso puede moverse para limitar la autoridad del presidente. La clave, en este caso, será ver si para el partido republicano es más importante proteger las instituciones o proteger al presidente. Aunque una comisión especial del congreso no tiene los recursos del FBI para investigar un caso de esta magnitud ni pueden presentar acusaciones formales contra nadie, pero pueden hacer la vida imposible a la Casa Blanca. El problema es que la única manera que estas comisiones sean efectivas es si el partido que controla el congreso (y la comisión) es distinto al que controla la Casa Blanca, o si ambos partidos deciden cooperar para atacar al ejecutivo.

A efectos prácticos, los legisladores republicanos deben ahora hacer una evaluación de riesgos. Primero, deben inferir cuál es la magnitud real de los escándalos de Trump en la trama rusa, y hasta qué punto son graves o no. Segundo, deben calcular el riesgo político que supone atarse a un presidente que es posible que tenga un montón de basura esperando ser descubierta, y sus expectativas electorales si el escándalo resulta ser real. Tercero, deben decidir si la posibilidad de aprobar leyes, rebajar impuestos y legislar en general basta para compensar el riesgo que su carrera política acabe junto con la del presidente.

Si un senador escucha a dos o tres colegas empezar a pedir investigar al presidente, esto le dará más incentivos para abandonar a Trump

El cálculo de los legisladores no se limita a estos tres factores, sino que también depende de las decisiones de sus colegas. Es probable que aquellos políticos que representan a estados y distritos menos conservadores tengan una percepción mucho mayor del riesgo político de atarse a Trump. Los senadores y representantes con acceso a información confidencial seguramente son más conscientes de la magnitud real del escándalo, y del riesgo que corre la administración. Aquellos legisladores más ideológicos estarán dispuestos a tragar lo que sea para aprobar una ley. Si un senador escucha a dos o tres colegas empezar a pedir investigar al presidente, esto le dará más incentivos para abandonar a Trump, ya que la probabilidad de aprobar leyes es mucho menor. Si el jefe del comité de inteligencia dice que el despido de Comey es un escándalo, seguramente se olerá que los problemas de la administración son reales, no ficticios.

Tarde o temprano habrá algo lo suficiente embarazoso como para hacer que Trump sea completamente tóxico, y forzar que los republicanos le dejen de lado

Si tuviera que apostar, dudo mucho que el partido republicano decida rebelarse contra el presidente. Las élites del partido demostraron una falta de coraje pasmosa durante las primarias, y siguieron apoyándole durante toda la campaña, sin importar lo que dijera. Están perfectamente dispuestos a seguir y proteger a un tipo que apesta a corrupción si eso quiere decir que van a poder bajar los impuestos a los ricos y desmantelar la sanidad.

Lo que veremos, en el mejor de los casos, es una cascada de filtraciones desde el FBI y el departamento de justicia sobre la investigación. La burocracia anti-espionaje de Estados Unidos es enorme, y a estas alturas, en el caso que Trump o los suyos realmente cometieran delitos, ya tendrán bastante evidencia como para hacer que la prensa pierda la cabeza por esas exclusivas. Tarde o temprano habrá algo lo suficiente embarazoso como para hacer que Trump sea completamente tóxico, y forzar que los republicanos le dejen de lado.

Si no lo hacen, bueno, en noviembre del 2018 hay elecciones legislativas. Buena suerte manteniendo la mayoría en el Congreso.


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