OPINIÓN

Geografía del crecimiento económico

El crecimiento está cada vez más concentrado no en ciudades, sino en un número cada vez más reducido de grandes áreas metropolitanas. 20 de los 3.000 condados de Estados Unidos concentran la mitad de todas las nuevas empresas que abrieron en Estados Unidos entre el 2010 y el 2014.

El problema del desarrollo en zonas rurales.
El problema del desarrollo en zonas rurales. Jamie Mink

Una de las verdades más incómodas sobre política económica es que tenemos una idea más o menos decente sobre qué medidas son efectivas para redistribuir renta o combatir la pobreza, pero sabemos relativamente poco sobre cómo hacer que una economía crezca. Los economistas tienen una lista considerable de políticas públicas, estrategias de desarrollo y planificación variada que saben que no funcionan (a menudo fruto de la experiencia) y pueden catalogar un buen número de ideas peligrosas, arriesgadas o potencialmente desastrosas, pero no pueden decir demasiado sobre medidas que aumenten la productividad y generen crecimiento. Hay unos cuantos principios más o menos aceptados y lógicos (seguridad jurídica, regulación decente, impuestos razonables y acceso a mercados y crédito) pero el último paso, el que hace que aparezcan empresas que innoven y crezcan es un poco un misterio.

Lo realmente complicado es diseñar un programa económico que saque a Andalucía o Extremadura de su letargo económico

A efectos prácticos, esto quiere decir que los gobiernos con voluntad política pueden tener las herramientas necesarias para recaudar dinero y financiar programas para combatir la pobreza y fomentar la movilidad social, pero a menudo tienen problemas graves cuando se enfrentan a solucionar la desigualdad entre regiones o reactivar la economía de zonas en decadencia. Es relativamente sencillo, por tanto, diseñar políticas públicas para que un parado en Madrid o Barcelona vuelva a encontrar trabajo y que sus hijos lleguen a la universidad; simplemente cuesta dinero. Lo que es mucho más complicado es diseñar un programa económico que saque a Andalucía o Extremadura de su letargo económico.

Este problema teórico puede que se haya convertido en un problema cada vez más real en los últimos años. Miremos, por ejemplo, la economía de los Estados Unidos durante esta pasada década, en la lenta recuperación tras la crisis económica del 2007/2008. Vista a ojo de pájaro, las cifras de crecimiento han sido mediocres pero estables; el país ha vivido una larguísima expansión con el PIB creciendo a un 2% anual. La tasa de paro ha caído hasta el 4,6%. Los ingresos familiares, tras años de estancamiento, se dispararon un 5,2% el 2015. Son cifras de una economía que funciona relativamente bien, sin grandes aspavientos.

El crecimiento está cada vez más concentrado no en ciudades, sino en un número aparentemente cada vez más reducido de grandes áreas metropolitanas

Si miramos por regiones, sin embargo, las cosas son muy distintas. Mientras que el número de puestos de trabajo en las grandes áreas metropolitanas del país ha crecido un 4,8% desde el 2007 (una cifra más que saludable), en zonas rurales ha disminuido un 2,9%. Las ciudades están creciendo a buen ritmo; el resto del país no.

De forma más significativa, el crecimiento está cada vez más concentrado no en ciudades, sino en un número aparentemente cada vez más reducido de grandes áreas metropolitanas. 20 de los 3.000 condados de Estados Unidos (incluyendo sitios como Los Ángeles, Miami y Nueva York) concentran la mitad de todas las nuevas empresas que abrieron en Estados Unidos entre el 2010 y el 2014. Las cifras de creación de empleo y aumento de ingresos siguen un patrón similar. La economía americana, y sospecho, la economía del resto de países desarrollados, está viviendo una serie de cambios estructurales que benefician las grandes aglomeraciones urbanas y perjudican las áreas rurales y ciudades pequeñas. No es de extrañar que los votantes de Ohio, Wisconsin o el interior de Pennsylvania estuvieran cabreados – su región realmente se está quedando atrás.

El nuevo mundo digital está reforzando los efectos de red y sus beneficios en zonas densamente pobladas

¿Qué está sucediendo? Parece que el nuevo mundo digital está reforzando los efectos de red y sus beneficios en zonas densamente pobladas. En general una empresa es más productiva si está situada en una zona donde hay otras empresas similares haciendo cosas parecidas: puede encontrar mano de obra cualificada más fácilmente, debe innovar más para seguir siendo competitiva y tiene acceso redes de proveedores, servicios profesionales y demás que no existen (o serían muy caros) en una ciudad aislada. Una economía moderna hace estas redes cada vez más valiosas – y las nuevas tecnologías contribuyen a que sus efectos sean aún más potentes. En una economía cada vez más basada en servicios y conocimientos, estar cerca de otros contribuye aún más a la innovación.

La cuestión entonces pasa a ser qué hacemos con los Ohio, Albacete, Palencia o Newcastle que se quedan atrás. Si el crecimiento económico favorece las ciudades grandes, densas, abiertas, cosmopolitas y bien conectadas como Madrid o Barcelona, es muy difícil diseñar políticas públicas que consigan sacar del agujero a regiones donde simplemente no vive demasiada gente. Conectarlas con la capital con líneas de AVE seguramente acabarán por hacer que el nodo central sea aún más dominante, no lo contrario. Simplemente, es difícil replicar los efectos multiplicadores que tiene estar cerca de otros innovadores, fuera de lugares que tengan la suerte de tener universidades potentes o una empresa especialmente creativa que haya sabido expandirse.

Algo parece cada vez más claro: si las economías de red y la aglomeración urbana generan tantas ventajas, la creciente fractura política y económica entra ciudades y zonas rurales está aquí para quedarse. Cerrarlo no va a ser sencillo.


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