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Chicho Ibáñez Serrador, maestro del “engaño” televisivo

Decir que Narciso, Chicho, Ibáñez Serrador es uno de los más importantes maestros de la televisión en España es algo más que obvio. Solo hay que recordar cómo transgredieron todo lo establecido hasta el momento creaciones suyas como la serie Historias para no dormir, el concurso Un, dos, tres (donde se mezclaban por primera vez juegos de azar, de conocimientos y de pruebas físicas) o aquella gamberrada llamada El semáforo que era una versión freak de un tradicional programa de talentos.

Chicho, que tenía un amplio conocimiento del lenguaje audiovisual, sabía manejar todos los recursos que los platós televisivos y el montaje ofrecía, lo que provocó que muchos nos criásemos viendo por la televisión espectáculos que pensábamos reales, pero que no eran más que ‘engaños’ fruto de la magia televisiva. Y en la mayoría de los casos, donde Chicho más ‘mentía’, era en el terreno musical.

A medida que el Un, dos, tres iba desarrollando nuevas temporadas, Ibáñez Serrador consideró interesante incluir grandes números musicales donde las azafatas del programa cantasen y bailasen. O mejor dicho, cantasen y moviesen la boca, pues, salvo breves excepciones, estas chicas no cantaban con su propia voz sino con la de profesionales de la canción como Sol Pilas o la eurovisiva Amaya Sáizar. Una clara prueba es ver algún viejo vídeo de una jovencísima Paula Vázquez cuya voz no corresponde con la que le conocimos de sobra por programas como El Euromillón.

Vázquez no era la única ‘farsante’ en tema vocal de la factoría Ibáñez Serrador. Así, por ejemplo, en El Semáforo había un trío de coristas entre las que estaba una aún desconocida Elsa Pataky y que sencillamente eran imagen para el programa; la voz ya la ponían otras.

Andrea Bronston ponía la voz para el playback de Marlene Morreau.

Y es que ni siquiera Marlene Morreau cantaba en El Semáforo. En todos los programas, la despampanante francesa, hoy actriz de teatro, interpretaba un número (ocasionalmente reciclado del Un, dos, tres) y que en realidad estaba cantado por Andrea Bronston (De domingo a domingo) pero impostando un falso acento francés para que creyésemos que era realmente la exnovia de Jesús Vázquez quien lo daba todo vocalmente.

Siguiendo con los espectáculos musicales, muy conocidas eran las actuaciones que se realizaban en el Un, dos, tres, ya que por allí pasaron los artistas más punteros de cada momento, con nombres que van desde Mecano a Chenoa pasando por Amistades Peligrosas o Samantha Fox. Sin embargo, el público que acudía a plató no veía a ninguno de estos cantantes actuar en riguroso playback; para dar mayor agilidad a la grabación, normalmente las actuaciones se filmaban uno o dos días antes, y lo que el público en directo veía y aplaudía no era más que una proyección de la misma interpretación.

Esto a veces se podía observar por pequeños fallos de raccord, por ejemplo, porque una azafata entraba en escena a tomar un micrófono y cuando llegaba a donde estaba el presentador y los concursantes el objeto aparecía con un tarjetón pegado que momentos antes no existía.

El público no veía los majestuosos decorados que luego aparecían en pantalla.

Igualmente, el público tampoco veía esos majestuosos decorados del programa, acorde a la temática del mismo: que si un bazar de las mil y una noches, que si una pista de circo… Nada. Todo había que verlo en una pantalla.

Otro hito televisivo que Chicho legó para los anales de la televisión era la ronda de preguntas de Un, dos, tres. Durante 45 segundos, los concursantes daban respuestas a una pregunta elegida al azar y luego se multiplicaba las respuestas acertadas por una cantidad de pesetas: suertes y pases del toreo, constelaciones, obras literarias de la antigua Grecia y Roma, cualquier cosa podía salir de aquellos sobres de preguntas.

Los trucos de las preguntas-respuestas

Si los concursantes acertaban, el presentador o presentadora les dejaba seguir respondiendo hasta que el tiempo se agotase; si erraban, los Tacañones (o las Tacañonas) interrumpían para corregir  mediante una rima. En este sentido, especialmente son recordadas Las Hermanas Hurtado en sus papeles de Mari Puri, la Seño y la Viuda de Poco, y las tres tacañonas (gentilicio del pueblo ficticio de Tacañón del Todo, cuyo patrón era Santo Chicho).

 Sin embargo, ahí también había mucha edición: los concursantes respondían hasta que el tiempo se acabase y luego las respuestas se comprobaban una a una para no dar por válida ninguna mala, ni viceversa. A continuación, se grababa a la ‘parte negativa’ tocando campanas y diciendo la rima si así procedía. En los primeros programas, en la época de Kiko Ledgard, los tacañones interrumpían ‘en directo’ a los concursantes, pero tras un error que cometió Paloma Hurtado se comenzaron a realizar las preguntas de este modo más exhaustivo.

Las Hermanas Hurtado acudían a la grabación para provocar risas que se grababan y reutilizaban.

 Por último, merece la pena destacar que también en el  Un, dos, tres había muchas actuaciones de cómicos que debían repetirse por los más diversos motivos, principalmente, por errores cometidos por los actores o presentadores. Para dar la sensación de que el público sólo había visto aquello una vez, Chicho recurría a risas enlatadas y a veces, incluso, insertaba fragmentos del público riéndose que no correspondían al momento en sí. De hecho, en ocasiones las Hurtado acudían a plató fuera de la grabación para improvisar gracietas e incitar al público a soltar carcajadas que luego pudiesen usarse en la sala de edición.

Si es que, cuando se dice que Chicho Ibáñez Serrador era un maestro de la televisión, al final, la definición se queda más que corta…


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