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¿La verdadera historia de True Detective? (I)

Este es el primero de dos artículos sin spoilers en los que se desgranarán, a modo de homenaje, una de las mejores series, por no decir la mejor, que ha pasado por los ojos de la crítica, el público y los más reticentes espectadores. 

Tranquilos, no hay spoilers. Este debería ser una artículo de opinión en el que desgranar las razones por la que usted, lector, debería sentarse frente al televisor durante ocho horas para ver una de las mejores ficciones seriadas que se han creado en los últimos ¿10, 20, 30 años? No miento si digo que True Detective es al cine lo que una aspirina al dolor de cabeza, que calma pero no cura. Y es que las series, esas que están ahora mismo muy por encima de las películas que se producen hoy día, están viendo cómo las grandes estrellas de Hollywood se dejan camelar por unos guiones que difícilmente tendrían cabida en películas de Scorsese, Tarantino o Jonze.

Sin embargo, y pese a que el primer párrafo ya les debería haber incitado a, por lo menos, buscar el nombre de la serie en Google, este artículo va a intentar ser un homenaje a la creación de Nic Pizzolatto y a la dirección de Cary Joji Fukunaga, dos de las personas que han dado a luz un ejemplar seriéfilo sin precedentes y que está suscitando mil preguntas, con sus rumores correspondientes, a la hora.

El origen de todo

"Buscad en Google 'Satanism', 'preschool' y 'Louisiana'", dijo Pizzolatto en una entrevista al Entertainment Weekly hablando sobre la posibilidad de que True Detective se hubiera basado en un caso real. Y, a juzgar por los resultados que ofrece el buscador, parece que la mente de Pizzolatto no ha sido tan macabra.

Siguiendo esta pista de Nic (hablemos con cariño), los resultados arrojan una inquietante similitud con el argumento de True Detective, que se conoce una vez acabados los ocho episodios. Un artículo de The New York Times echa por tierra todos los argumentos y teorías que han girado acerca de la inverosímil creencia de que lo que pasa en la tele no sucede en la vida real. "Sex charges follow a church’s collaps" se titula el artículo que explica con detalles los rituales a los que una Iglesia sometía a cientos de niños en el estado de Louisiana, el mismo en el que transcurre la trama de True Detective.

Pizzolatto, original de Louisiana, parece que se basó en esta tragedia que aún mantiene algún claroscuro en el sureño estado. En el artículo, y por hacer un resumen rápido, se hace referencia a  Ponchatoula, en el sur del estado y fija la historia en el año 2005. Los vecinos de esta pequeña ciudad de apenas 6.000 habitantes descubren horrorizados que en la Iglesia de Hosanna se han llevado a cabo prácticas muy oscuras, que implican niños, gatos, abusos sexuales y culto a Satán. Todos estos elementos, denuncia el NYT, giran en torno al pastor de la comunidad, un señor que se llamaba Louis David Lamonica que habría desvelado una supuesta historia muy turbia, con estrellas de cinco puntas, rituales satánicos y sangre de animales.

Por tanto, si usted, lector, ha visto la serie, estará de acuerdo en que esta atrocidad denunciada por The New York Times guarda una estrecha relación con la historia que protagonizan soberana y extraordinariamente Matthew McConaughey y Woody Harrelson. ¿Que qué historia? True Detective narra la búsqueda de culpables en un caso de asesinato de lo que podría ser una práctica satánica. Se mezclan corrupción política, religión y oscurantismo para relatar la historia de cómo dos detectives buscan elementos entre los que encontrar a los sospechosos.

Matthew y Woody, dos grandes, dos amigos, dos humanos

No habíamos hablado de ellos pero, tras las mentes pensantes de Pizzolatto y Fukunaga, Rust y Marty son las mentes ejecutantes de unos papeles que han sentenciado la historia de la televisión, siempre respetando al magnífico Bryan Cranston y su creación del personaje nada metafísico que situó Albuquerque en el mapa seriéfilo con Breaking Bad.

No miento si digo que Matthew me parecía un pésimo actor. Sus papeles junto a Jennifer López o Kate Hudson en películas de poca monta me hicieron prejuiciar esta serie antes de verla. Y no digamos de Harrelson en Vaya par de idiotas o Esto no es un atraco. Pero, además de otras cosas, con True Detective he aprendido que nunca, nunca jamás voy a volver a vetarme el visionado de una serie solamente porque los actores hayan hecho películas pésimas.

Matthew lo da todo

Empezando por Matthew (le llamo por el nombre porque su apellido es más difícil que el papel con el que ha deleitado a crítica y público). Interpreta Rusty Cohle, un detective con la mente oscura, filosófica, retorcida y opaca. Su sentido del humor, difícil de entender, pero máximo éxtasis cuando se comprende, es una delicia para el telespectador. Las conversaciones con su compañero de faena son dignas de estudio, al igual que su cuaderno, ese en el que apunta cada paso, cada huella y cada escenario de los crímenes que le competen. Sus charlas filosóficas tienen reminiscencias literarias al poeta Thomas Ligotti y al filósofo rumano Emil Cioran adornadas con el acento sureño de Matthew, original de Texas.

Pero lo más importante es su mirada, te penetra, hace que te agarres al sofá y estés en tensión los casi 60 minutos que dura cada capítulo. Esa mirada añeja, de quien lo ha perdido todo y no le importa sacrificar su alma por su cometido. Esa mirada, que da miedo y hace que te plantees quién es el malo de la serie. Esa mirada es la que le ha valido para cerrar las bocas que, como la mía, le criticaban sin haberse parado a ver este orgasmo seriéfilo. Esa mirada… que desquicia a Marty...


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