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Los diez mayores fracasos de España en Eurovisión

España lleva participando en el Festival de la Canción de Eurovisión ininterrumpidamente desde 1961. En estos 54 años ha habido tiempo para todo: himnos generacionales, actuaciones inolvidables, victorias históricas, empates que saben a algo más… y también fracasos, amargas derrotas que para algunos artistas supusieron el fin de sus carreras y para otros, un capítulo tan olvidable como imposible de borrar. Y todo a pesar de que, en muchas ocasiones, la culpa de sus fiascos ni siquiera fue suya. En la semana de Eurovisión repasamos, en orden cronológico regresivo, las 10 mayores decepciones de la aportación española al festival.

El sueño de Morfeo-Contigo hasta el final (2013). Comenzamos nuestro viaje hace no demasiado tiempo. El grupo de Raquel del Rosario consiguió hacerse un hueco durante años en el pop comercial español, pero su actuación en el festival de Eurovisión de 2013 solo sirvió para hacer tambalear su fama. Puede que fuera culpa del vestido amarillo, puede que fuera por la temblorosa voz con la que la grancanaria interpretó Contigo hasta el final… el caso es que la canción quedó en el puesto 25 de 26, con solo 8 puntos acumulados a lo largo de las votaciones.


Lucía Pérez-Que me quiten lo bailao (2011). Gaitas y ritmos latinos: alguien debería haberse dado cuenta de que esa combinación no podía traer nada bueno, pero no fue así. Lucía Pérez trató de defender lo mejor que pudo este tema, pero resultó tarea imposible. Al final acabó en el puesto 23 de 25, aunque con 50 puntos en la cartera. Menos mal que la letra de la canción de Lucía era premonitoria: “Me siento tan bien que nunca en negativo pensaré”.


Soraya Arnelas-La noche es para mí (2009). Soraya se las prometía muy felices en Eurovisión: se presentaba con un tema bailable con aires orientales que, sin embargo, no se vio acompañado por su actuación (“La noche es pata mí” se convirtió en una frase popular esos días) y por su traje. La cuarta ex concursante de Operación Triunfo que iba al festival de la canción (tras Ramón del Castillo, Beth y Rosa López) no solo no igualó los resultados de sus predecesores, sino que hundió la presencia española hasta el puesto 23 de 25, con 23 puntos.


Las Ketchup-Un Bloodymary (2006). Tuvieron un éxito viral mundial y alguien pensó que, tras el Aserejé, su aparición en Eurovisión sería un éxito seguro… pero se equivocaron. Un Bloodymary era una canción que carecía del más mínimo ritmo eurovisivo (sea lo que sea lo que signifique esto) y la actuación del grupo, sentadas en unas sillas de oficina, no ayudó demasiado. Al final, 21 de 24 con 18 puntos.


Son de Sol-Brujería (2005). Un año antes de Las Ketchup, TVE había enviado a Eurovisión a un grupo que parecía compuesto por clones de las intérpretes del Aserejé y que cantaba una canción muy de su estilo. Con volantes, raso y escotes, las tres cantaban a la Brujería de un amor que parecía mantenerlas hipnotizadas… pero de poco sirvió. La chusca exhibición de Son de Sol no gustó demasiado, ya que la canción no pasó del puesto 21 de 24 y no recibió más que 28 puntos.


Lydia-No quiero escuchar (1999). Aunque estaba apadrinada por Alejandro Sanz, alguien debía de querer muy mal a Lydia en TVE: no hay otra explicación para esta canción (y para esta actuación) que pasará a la historia como uno de los mayores fracasos de España en su participación en el festival, algo a lo que tampoco ayudó demasiado el vestido de Agatha Ruiz de la Prada que llevaba Lydia. La fatalidad era inevitable: último puesto (23 de 23) y un mísero punto en el contador (¡gracias, Croacia, nunca olvidaremos vuestro gesto!).


Patricia Kraus-No estás solo (1987). Que tu padre sea uno de los mejores teneores de todos los tiempos no te garantiza el éxito. Eso mismo descubrió Patricia Kraus tras su actuación en Eurovisión con No estás solo en la época en la que en el festival todavía había orquesta en directo (dirigida por el maestro Leyva, por supuesto). Ni su radical estilismo ochentero ni sus prodigios vocales sirvieron para salvar el tema, que acabó en el puesto 19 de 22 con solo 10 puntos.


Remedios Amaya-Quién maneja mi barca (1983). De todos los fiascos de España en Eurovisión, el más recordado sigue siendo el de Remedios Amaya. La canción, en un estilo a medio camino entre el flamenco, el rock y el dub, fue tan incomprendida como el estilismo de la cantante, a quien los medios internacionales definían como “muy racial”. Ni un solo punto se llevó y, como es lógico, acabó en el último puesto: 20 de 20. Aun así, treinta años después, Amaya sigue siendo considerada una de las mejores cantaoras vivas.


Conchita Bautista-Qué bueno, qué bueno (1965). Era la segunda vez que Conchita Bautista, una de las niñas bonitas de la canción en el edulcorado universo musical franquista de los 60, actuaba en el festival de Eurovisión. No pasó de los cero puntos, aunque la canción sigue siendo recordada en España, donde ha sido utilizada en infinidad de anuncios.


Víctor Balaguer-Llámame (1962). España llevaba solo un año participando en el festival de Eurovisión y probó rápido el sabor de la derrota. Víctor Balaguer interpretó una tierna canción de amor que gustó a pocos o a ninguno. Llámame no consiguió ni un solo punto, algo que ocurrió con varias canciones ese año… mal de muchos, consuelo de tontos. 


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