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Siete tipos que nos harán odiar los realities

¿Cuántas veces hemos dejado de ver un programa porque alguno de los protagonistas nos cae mal? Este peligro se acentúa en el reality, que siempre busca personalidades y situaciones extremas que puedan dar espectáculo… y a veces se pasan

Los Gold de Empeños a lo bestia (Hardcore pawn) entrarían en la lista de protagonistas odiosos de realities. El patriarca, Les Gold, sería capaz de regatear a su propia madre por conseguir un precio mejor y ya desde lejos no inspira demasiada confianza, pero el miembro realmente ‘hostiable’ de esa familia es su hijo Seth. Parece que lo único que ha tenido que hacer en la vida es nacer y encontrarse con el chiringuito ya montado en Detroit. Viendo las situaciones de tensión que se montan en la tienda, si su destino estuviera en manos de un guionista de Juego de Tronos, Seth moriría en un tiroteo desatado en cualquiera de las discusiones que se producen continuamente en el local y el poder quedaría en manos de su hermana Ashley, que parece que tiene algo más de sentido común.

Otra familia que no sabemos muy bien cómo ha llegado a tener su propio programa son los Robertson de Duck dynasty. ¿A qué se dedican estos señores? Nada más y nada menos que a vender reclamos para patos (y a salir por la tele), un negocio infinitamente más lucrativo de lo que a simple vista pudiera parecer. Vamos, que son unos pueblerinos que se han forrado gracias a la caza y han seguido incrementando su fortuna saliendo por la tele. Además de ser todo lo contrario a lo que se busca en la tele (las situaciones no pueden ser menos naturales ni más forzadas, incluso sabiendo que en estos programas todo es trampa), se han cubierto de gloria con la expulsión del cabeza de familia, Phil Robertson (y eso que en los docu-realities no se expulsa), por comparar la homosexualidad con el bestialismo. En fin, de perdidos al río: este año han diversificado el negocio y también venden armas de todo tipo, incluidos rifles de asalto.

Ron y Amy Shirley, los reyes de los embargos de Embargos a lo bestia, no son precisamente bien recibidos allí por donde pasan. Normal, teniendo en cuenta el trabajo que hacen. Claro, que si añadimos a la ecuación que él es un iluminado cualquiera que busca a Jesús y el afán que tienen los productores por colar al menos una pelea en todos y cada uno de los capítulos, el resultado no podía ser más desesperante.

Menos rural y más elegante, pero sin ninguna limitación a la hora de conseguir una venta. Es Lori Allen, la dueña de la tienda de vestidos de novia donde se graba El vestido de tu boda. ¿Que la madre y las 27 damas de honor no están de acuerdo porque la novia es una hortera y ha elegido lo más horroroso del catálogo? ¿Que el vestido sobrepasa en varias cientos de dólares el presupuesto? Da igual, hay que conseguir esa venta. Y si para conseguirlo hay que añadir más productos a la cesta, se hace: un velo, un cinturón… todo lo que tenga a mano. Cuando inflar el lote no funciona, Lori tira de un arma secreta no menos desesperante que ella misma: Monte, ese señor que nadie sabe muy bien qué hace en la tienda, porque no atiende directamente a nadie, pero sería capaz de vender un congelador en el Polo Norte sólo con ponerle un lazo.


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