Tecnología

¿A qué está esperando Microsoft?

Tiene varios frentes abiertos, todos ellos destinados al gran consumo, y no termina por concretar ninguno de manera consistente. Es la empresa privada más parecida a un ministerio: tarda tanto en tomar decisiones, que desespera.

Lo mismo que dijimos en el artículo sobre Google, vale para Microsoft: evidentemente, nadie nos obliga a que utilicemos Windows, usemos un tablet de su marca, hablemos a través de sus móviles Nokia o juguemos con la Xbox. Sin embargo, cuando Microsoft es capaz de poner sobre la mesa tan apetitosas y útiles propuestas, pero no termina de lograr el salto cualitativo y social, queda un cierto mal sabor de boca no exento de decepción. Analicemos sus cuatro puntos cardinales.

Windows

Es digno reconocer que, gracias a Windows, el uso de los ordenadores se ha democratizado y la informática ha conseguido llegar a todos los confines del mundo. Algunas versiones han sido magníficas, otras no tanto, y luego está la inclasificable Vista. Windows 8 y su acelerada actualización 8.1 es un claro ejemplo de que, por mucho que digan las empresas, oyen pero no escuchan a los consumidores. El 8 es un Windows atractivo, útil, fiable, consistente y… raro sistema operativo. El hecho de tener que pasar frecuentemente por el “viejuno” escritorio de Windows 7, echa al traste todas las expectativas que la nueva apariencia promete. ¿Adelantado a su tiempo?, ¿demasiado cambio? Que casi todos los fabricantes de PCs sigan ofreciendo Windows 7 como alternativa en sus equipos es un dato.

Tablet Surface

Por si no lo sabes, el tablet de Microsoft (ah, ¿que ignorabas que Microsoft comercializa tablets?) son dos: uno en el que sólo puedes instalar aplicaciones de su tienda y otro que puede perfectamente hacer las veces de un ordenador portátil, porque es muy potente y resiste cualquier software. La idea no es mala, ni mucho menos, porque ofrece un producto para distintos tipos de usuarios. Y funcionan, en ambos casos, de maravilla, con una construcción envidiable en todos los sentidos y unos teclados sublimes. El problema es lo dicho: Microsoft no ha sabido venderlos. Primero, en el plano de comunicación para llegar al gran público; segundo, que nada más lanzarlos, se sabía que sus precios (muy altos de partida) pronto bajarían por ello; tercero, que prometen interesantes accesorios (una báscula, una mesa de mezclas musicales, etcétera) que no terminan de llegar. Una pena, porque quien prueba un Surface se enamora.

Smartphones Nokia

Cuando Microsoft compró Nokia se abrieron muy agradables expectativas porque por fin se ocupaba de capitanear su sistema operativo móvil. Y es que daba la impresión de que cuando los HTC, Samsung y compañía lanzaban terminales con Windows Phone, lo hacían con desgana, más por contentar al amigo Microsoft que por otra cosa. Es un sistema operativo muy funcional, versátil, atractivo y eficaz. Y los smartphones Nokia son consistentes y realmente recomendables. ¿Qué falla entonces para que no terminen de calar entre el gran público? Se pueden citar como razones, por un lado, una tienda de aplicaciones mejorable, y, por encima de todo, una aptitud demasiado conservadora, sin ánimo alguno de llamar la atención corriendo riesgos para remover el mercado. Lo de lanzar un móvil con cámara de 41 Mp se quedó en una anécdota.

Xbox

Es un maquinón increíble para disfrutar de videojuegos de última generación. Pero nació viciado de unos detalles que desconcertaron varios meses antes de su nacimiento real: que necesitaría validarse cada día en los servidores de Microsoft, que habría bloqueo regional de videojuegos, que impediría el intercambio de videojuegos entre particulares… Microsoft “reculó” en estas premisas, cosa que le dignifica, pero que a la vez despista y genera escepticismo al más pintado, es decir, a sus potenciales compradores. Además, intentaron presentarla como una plataforma para videojuegos y para otras cosas zarandajas más. Por el contrario, Sony vendió su PS4, desde el principio, como la herramienta idónea para jugar y para… jugar. Microsoft volvió a rectificar y montó una campaña donde resaltaba su faceta gamer por encima de otras virtudes, que las tiene. Despiste popular de nuevo.

Sí, Microsoft sorprende con sus buenas ideas y decepciona en el modo de ponerlas en marcha. Como decimos en la entradilla, tiene la rapidez de un ministerio a la hora de tomar decisiones y no le sobra, precisamente, firmeza a la hora de ejecutarlas. A ver si los nuevos aires de su cúpula suponen un giro efectivo en su política.


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