Nieve

Balnearios y spas en Huesca: tocar el cielo desde el agua

Cuentan que todo empezó en los Países Bajos, en el siglo XVIII, cuando una pequeña ciudad de la provincia de Lieja llamada Spa empezó a ser conocida en todo el mundo. Se rumoreaba que hacía pequeños milagros gracias a los efectos terapéuticos de sus aguas mineromedicinales, y al llegar el secreto a la nobleza europea, el balneario de Spa acabó convirtiéndose en un lugar de moda para la elite. Tres siglos después, los balnearios siguen siendo un lugar privilegiado para descansar, reponer fuerzas y olvidarse del estrés con ayuda de aguas termales que regalan salud. En el Pirineo aragonés, enclavados en un impresionante paisaje de alta montaña, se encuentran algunos de los que cuentan con más tradición en España. Dicen que allí se respira uno de los aires más puros de la península. Y también, que quien quiera desconectar y relajarse de verdad encontrará aquí su paraíso.

Balneario de Panticosa.
Balneario de Panticosa.

Baños de Benasque

Como colgado de la ladera de una montaña, en mitad de un entorno que merece más de una visita, el Balneario de Baños de Benasque ostenta el récord de ser el que está ubicado a más altura -unos 1.720 metros- de todos los existentes en España. Por eso son muchos los que se acercan hasta él aunque sea sólo para disfrutar de las vistas, en pleno corazón del valle de Benasque, dentro del Parque Natural Posets-Maladeta. Sus aguas termales emanan a una temperatura de entre 30 y 37 grados, y tienen propiedades antiinflamatorias, diuréticas, depurativas y, por supuesto, relajantes. Con cierta atmósfera que recuerda a los retiros de salud que los aristócratas pusieron de moda en el siglo XIX, dicen que es uno de los balnearios con más encanto de España. A él llegan cada año turistas de todos los puntos del mapa con la idea de renovarse, descansar y disfrutar de una ubicación privilegiada casi aislada del resto de la civilización.

Balneario de Panticosa

Junto a algunas de las cumbres más altas del Pirineo aragonés, el agua que brota del manantial de Tiberio a unos 53 grados de temperatura llega a este balneario con todas sus propiedades intactas. Con siglos de historia a sus espaldas, este manantial ya era conocido en la época romana pero quedó en el olvido con las invasiones bárbaras. Volvió a recuperarse en el siglo XVIII, y cuentan que unas décadas después se convertía en centro de visitas reales y nobles, acogiendo a ilustres huéspedes como Alfonso XIII, Ortega y Gasset o Ramón y Cajal. Ellos iban buscando lo mismo que los clientes actuales: disfrutar del entorno del Valle de Tena, de origen glaciar, junto a los valles de Ordesa y Monte Perdido, mientras los beneficios de las aguas termales hacían su efecto. Ahora acoge a esquiadores que llegan de las vecinas estaciones de Formigal y Panticosa, turistas que vienen buscando los circuitos de las aguas termales más puras de España y parte de Europa, visitantes de la Ruta del Serrablo y el Parque de Ordesa... Dicen que la experiencia es algo parecido a tocar el cielo desde el agua.

Vilas del Turbón

Se encuentra en el Valle del Isábena, al pie del macizo pirenaico del Turbón. Un lugar que esconde decenas de leyendas, unas relacionadas con el arca de Noé y otras con reuniones secretas acerca de aquelarres y brujas. Por eso, y por las propiedades de las aguas termales del manantial Virgen de la Peña, en las que se basan las múltiples técnicas termales que ofrecen, la llaman la montaña mágica. Uno de los mayores atractivos de este balneario situado a 1.400 metros de altitud es que se encuentra integrado en el entorno natural que lo rodea, desconectado del resto del mundo, en plena comarca de la Ribagorza. 


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