Gourmet

Carlos Villar Bada: "Nuestra marca es nuestra fuerza"

Compaginar la dirección de Protos con su amor por las actividades outdoor no es fácil. El Duero puede ser un nuevo laboratorio de ideas para Castilla y León. El vino y el ocio son dos pilares sobre los que se puede consolidar un nuevo tejido empresarial.

Pregunta: ¿El ser de la tierra hace más fácil o más difícil el trabajo de cada día?

Carlos Villar Bada: Tengo la suerte de formar parte de la cuarta generación de una familia de bodegueros. Nací y crecí entre viñedos, por lo que mi vinculación con la tierra es máxima. Partiendo de esta base, no cabe duda de que trabajar en un sector con el que te sientes plenamente identificado ayuda positivamente para afrontar el día a día.

¿Qué necesita un bodeguero para ser un buen empresario?

C. V. B.: Básicamente, lo mismo que en cualquier otra profesión. Formación y profesionalidad. En esto tampoco hay secretos.

Después de estar vinculado a la exportación, ¿cómo se ve Protos en el mercado exterior?

C. V. B.: Tenemos una marca fuerte, global y sobre todo, pionera. Esto significa que en muchos países fuimos el primer embajador de la denominación de origen Ribera del Duero y seguimos teniendo esa percepción más allá de nuestras fronteras.

Y a nivel turístico… ¿Qué se podría hacer para convertir el Duero en el ‘otro’ Camino de Santiago?

C. V. B.: Es necesario que todos los implicados sean de varios sectores sociales. No es sólo una cuestión de hostelería. Se necesita la implicación de hostelería, bodegas, administraciones públicas, ciudadanos… Lo conseguiremos cuando tengamos conciencia colectiva de que aunando esfuerzos podemos conseguir algo grande con el Duero.

Para viajar por la zona, ¿moto o bicicleta? 

C. V. B.: Las motos me encantan, pero ahora mismo la bici me toca más la fibra sensible. Recomiendo mi última escapada: acabo de recorrer todo el GR-14 que sigue el curso del rio Duero hasta la frontera con Portugal. Me parece una experiencia única que demuestra cómo lo cercano puede ser muy atractivo.

¿Qué tiene Peñafiel, que le hace un lugar diferente?

C. V. B.: Peñafiel es un lugar privilegiado. En primavera y otoño me encanta caminar o correr por los valles cercanos como Curiel o Corrales… A nivel gastronómico es un enclave perfecto, posiblemente donde se puede degustar el mejor lechazo de España, el mejor pan, el mejor queso y… conocer Protos. Nuestras bodegas y nuestro castillo es una buena manera de integrar la vanguardia y la historia.

¿A nivel arquitectónico, que ha supuesto la obra de Richard Rogers para la marca, ahora que se cumplen 10 años del inicio?

C. V. B.: Nuestra nueva bodega constituye un antes y un después en la casi centenaria trayectoria de Protos. Posiblemente se trata del proyecto más ambicioso de la bodega hasta la fecha, posicionándonos como una marca que no deja de invertir en calidad y que tiene unas expectativas de futuro, como mínimo, tan grandes como su historia.

De todos los vinos de Protos, sospecho que hay un favorito...

C. V. B.: Lo cotidiano es la base del éxito. En estos tiempos en los que la coyuntura económica no acompaña, elegiría Protos Crianza. Un vino con una gran calidad que nos permite disfrutar de un gran representante de la Ribera del Duero.

¿Tres caprichos para tres vinos?

C. V. B.: Los caprichos son un producto de las circunstancias. Lo mejor es poder compartir una botella de vino con la gente que quieres en buena compañía. Ese maridaje no falla nunca. Me gusta el Protos Verdejo, con un buen pescado de temporada, y el Crianza con un lechazo asado de la tierra en la casa de algún amigo. Y aunque no soy muy goloso, me encanta el Protos Selección Finca el Grajo Viejo, que es perfecto para acompañar el postre.


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